Abu Dabi, entre rezos y rascacielos (con FOTOS)

Las locuras del fanatismo por el fútbol me trajeron a uno de esos lugares a los que jamás hubiese venido. Los Emiratos Árabes Unidos (EAU) no entraban ni siquiera en mi top 10 de destinos posibles, pero aquí estoy, fascinado y con la sensación de estar caminando en un planeta paralelo.

Les comparto algunos datos útiles para viajeros de bajo presupuesto y mis primeras impresiones e informaciones imprecisas que fui absorbiendo en estos días en los que estuve en Abu Dabi, el Emirato más grande de los siete que se han unido en 1971 para formar este país rico en petroleo y gas:

-Aquí no hay democracia ni nada por el estilo. En Medio Oriente reina el Islam y los jeques. Cada emirato (Abu Dabi y Dubai son los más conocidos y populares) tiene su “Emir”, una especie de sultán que gobierna verticalmente. Es un puesto hereditario, “como si fuese una dinastía” me explicaba un muchacho que trabaja en un banco local. El primer presidente fue “Zayed”, que es considerado el padre del país, porque fue quien unió a los emiratos antes dispersos y débiles, que rondaban por el desierto. Este año cumpliría 100 años, por lo que en todos lados está su rostro y el eslogan “Year of Zayed” (El año de Zayed), en el que se conmemoran 47 años de independencia. Antes esta región estaba controlada por el imperio inglés que llegó a estos suelos en 1853 para poner freno a los actos de piratería que se producían en el Golfo Pérsico -antes de los ingleses, las tribus locales vivían de la pesca, la producción de dátiles y la recolección de perlas-. Los ingleses se retiraron sin derramar sangre en 1971, a pesar de los descubrimientos de yacimientos petrolíferos en la década del 60. Cuando murió Zayed en 2004, lo reemplazó su hijo, Jalifa bin Zayed al Nahayan, actual monarca de Abu Dabi y del país, ya que ostenta la jefatura de las Fuerzas Armadas y del “Consejo Supremo” (donde se reúnen los 7 “emires” de los siete Emiratos).

-Como muchos saben, la economía de los EAU es sostenida por el petroleo y el gas. Casi la totalidad de la superficie del país, de menos de 85.000 km cuadrados (la superficie de Uruguay es más del doble, como para que tomen dimensión), es un desierto chato, bien árido y seco, con temperaturas agobiantes que ni las aguas del Golfo pueden enfriar en el verano. Pero las bondades de las riquezas de sus suelos hicieron de este país uno de los más ricos del mundo (el 5to en cuanto a ingreso per cápita). Por eso, filipinos, malayos, hindúes, pakistaníes, sirios, y demás, arriban a estas ciudades con veranos insufribles siguiendo al dios dinero, y poniendo a prueba hasta las últimas consecuencias el arte de la subsistencia.

Lo más interesante y quizá distinto de los demás países productores de petroleo (sobre todo comparándolo con nuestro ejemplo cercano en Sudamérica: Venezuela), es que los EAU no se quedaron con esto. La política económica de los jeques ha sido inteligente, y lograron diversificar tanto la economía del país, que de pasar de depender casi un 90% del petroleo y el gas en los años 80s, hoy esas industrias y sus derivados no superan el 25% del PBI, ya que la infraestructura, las finanzas, el comercio, el turismo y demás, han crecido al calor de los millones que llegaron por la extracción y venta del oro negro.

-En cuanto a la población, de los casi 10 millones de habitantes, menos de un 10% es oriundo de estos suelos. Como me explicaban jóvenes locales, hay 200 nacionalidades conviviendo en este pequeño país. Y lo llamativo es que pese a ser nacidos aquí, cuando le preguntás de donde son, te responden “oriundo de… Egipto, Siria, Palestina, Pakistán… etc.”; hay un escaso sentido de pertenencia, en su consideración es más importante la nacionalidad de sus padres que ser emiratí.

¿Cómo hacen para convivir tantas etnias y razas? “Las leyes son muy duras”, me decía el mánager de un proyecto que concluirá el 2020 y pondrá en funcionamiento la primera central nuclear en el país (supuestamente para uso pacífico y generar el 25% de la energía que consume el país). Si te encuentran con marihuana por ejemplo, te meten preso 4 años y te deportan al cumplir tu condena. El alcohol también está prohibido pero es más flexible el tema ya que algunos comercios y hoteles internacionales lo ofrecen. Los robos son casi inexistentes y el índice de criminalidad dicen que es de los más bajos del mundo.

Mientras no hables de política, todo va bien aquí. Sabemos que hay gente que se enriquece, pero nosotros vivimos bien”, me decía otro bancario que manejaba un Mustang azul deportivo, que nació aquí pero es oriundo de Siria, de una de las ciudades que no sufrió la guerra porque allí se asentó la base rusa.

De todos modos, estos jóvenes con buen pasar reconocen que en los últimos años ha habido un parate en la generación de riqueza. Han aumentado los impuestos, que antes eran inexistentes, y hay más restricciones al ingreso de extranjeros. La realidad es distinta entre los migrantes no calificados, entre los que se destacan los filipinos. Los sueldos en esos estratos son terrenales. No se llega a ser pobre y todos tienen vivienda, pero no hay lujos, se vive con lo justo, llevando adelante pequeños comercios como lavanderías (muy utilizadas por los musulmanes que siempre lucen sus túnicas blancas impecables), restaurantes o cafeterías de barrio, negocios de telefonía celular, entre otros rubros.

-Con sólo aterrizar en el país ya podés visualizar el increíble desarrollo de infraestructura que hay. Edificios gigantescos, autopistas de 4 carriles en toda la ciudad, paradas de colectivo con cabinas con aire acondicionado, veredas impecables, jardines y parques prolijos… todo luce impecable.

Es impresionante el contraste entre la ciudad capitalista desarrollada y posmoderna, con la otra faceta de la ciudad, la musulmana, con mezquitas cada dos o tres cuadras, que llaman a los cinco rezos diarios a los fieles, que visten como en el medioevo, ellos con sus túnicas blancas hasta los tobillos, sandalias, y los pañuelos que cubren sus cabezas, sujetados por esa especie de soga negra que impide que se vuelen, y ellas vestidas como manda el Islam, tapadas totalmente con sus “burkas”, sólo mostrando sus ojos, reservando su belleza para la esfera privada. Aunque con toda la mezcolanza de culturas que hay se ve gente de todo tipo por las calles, conviviendo en paz.

Es desconcertante el sincretismo entre este mundo guiado por la religión, con el desarrollo más impresionante del capitalismo. Esto hace que la distribución y la planificación de la ciudad (hablo sólo de Abu Dabi pero debe ser similar en los demás Emiratos), no siga ninguna de las lógicas a las que estamos habituados en occidente. Hay puñados de edificios que llegan a las nubes, y en el medio puede haber un mezquita que ya quedó pequeña al lado de los rascacielos vidriados. Hay barrios de casas bajas y coquetas en el medio de la ciudad, parques y zonas verdes (con sistemas de riego impresionantes), distribuidos sin mucha proporción, en zonas alejadas y también céntricas. Puede aparecer un edificio militar amurallado en el medio de la metropoli también, y es difícil encontrar cuadrículas bien establecidas, es más fácil guiarse por las anchas avenidas, pero lo más curioso está en los estrechos callejones que se forman entre los edificios, frente a los cuales siempre hay un sector dispuesto para estacionamiento que hace de las veredas algo muy angosto (no se camina mucho por la calle, y menos en verano). Allí en los pasadizos encontrás los negocios pequeños de los inmigrantes y el color más popular de la ciudad.

 

DATOS PARA EL VIAJERO

Llegué a los Emiratos con el prejuicio de que sería un país muy caro, idea que muchos de ustedes tendrán. Y sí, es un país caro, pero se puede viajar y subsistir con pocos dólares diarios, como lo hacen los inmigrantes que vienen a buscar empleo aquí.

Como primer medida, no conviene cambiar mucho dinero en el aeropuerto, sólo lo justo (no te dejan menos de 200 dólares o 70 euros), aunque te devuelven los impuestos y la comisión el día que te vas, si llevas el ticket y el sobrante de “dírhams” (la moneda local, que cotiza algo así como a 3,8 con respecto al dólar).

Luego hay una tarjeta de colectivo que cuesta 10 dírhams que te sirve para todos los buses en Abu Dabi. Los pasajes luego cuestan entre 2 y 4 dírhams según el recorrido (hay que apoyar la tarjeta en el lector cuando subís y cuando bajás del bus). El monto de la tarjeta también te lo devuelven al retirarte del país en el aeropuerto. En todas las paradas hay algún mapa con los recorridos de los buses o las paradas, en árabe y en inglés, y dentro de los colectivos las pantallas también indican los nombres de las calles donde va parando.

En cuanto al alojamiento, lo más conveniente si no encontrás couchsurfing (hay una comunidad muy activa en todas las ciudades), es buscar un cuarto compartido en airbnb, que son lo más parecido a los “hostels” que se pueden encontrar, y rondan los 12/15 dólares la noche.

Con respecto a la comida, la fruta y las verduras en el supermercado son carísimas en comparación a Sudamérica (un kilo de banana 2 dólares, manzanas 3, duraznos 5, por ejemplo). Lo único que cuesta más barato cocinar en tu alojamiento son los fideos con alguna salsa lista, que se consiguen por 10 dírhams (y pueden comer dos). Luego hay muchas cafeterías o cadenas de comida chatarra (muchas de pollo frito), en la que se encuentran menúes o “combos” que van de los 6 u 8 dírhams, a los 20, por lo que si estás solo, a veces conviene eso que cocinar. El vaso de té cuesta 1 dírham, y la gaseosa no supera los 3. En los “malls” (hay decenas y son gigantescos), siempre hay hipermercados donde se puede comprar comida lista y por peso, que también puede ser una opción económica.

Luego en el resto del supermercado todos los productos son caros porque son importados. Conviene traer todos lo necesario para el aseo y limpieza personal ya listos en la mochila.

En cuanto a las playas, hay algunas que son públicas y de libre acceso, y otras que les llaman “públicas” pero te cobran para ingresar -entre 20 y 30 dírhams-.

En estos meses de invierno (entre diciembre y febrero), es la mejor época para venir porque las temperaturas no superan los 25 grados y se puede caminar por la calle. En verano la gente que vive aquí huye a otros destinos ya que el calor torna la vida imposible, con temperaturas que rayan los 50 grados.

Sin dudas no es un lugar habitual para un “mochilero”, pero si estás cerca de aquí vale la pena pasar a ver lo que está sucediendo en este país diminuto y multimillonario, donde se conservan las férreas tradiciones musulmanas y donde conviven decenas de nacionalidades de lo más diversas.

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