Cahors y Mendoza, unidas por el Malbec

¡Ey!, en “Esperanza” hubo un momento en que todo eran viñedos, todo eran parras,
Cuando tu abuelo vino aquí,
todo eran parras,
Y ahora no hay nada,
en “Lagarde”, allá arriba
Lo que vendiste, fue
ron viñedos,
Allí en la carretera de “Caillac”, donde hay nogales,
En todos lados, todo lo cubrían los viñedos
El vertedero, también fue un viñedo,
En nuestro sitio, había viñas allá abajo,
Después
tuvimos al pequeño Calamane,
Fue en la viña, que tenía la vid bastante abajo.

Triste desgracia, las laderas y la llanura
Son devastados por el insecto maldito
El enólogo trabaja y se apena
No se puede hacer nada, la desgracia crec
e
Todo está de luto, todo está triste y todo
el pobre país llora
¿
Qué será de tí?

La planta está durmiendo, por lo que seguramente morirá,
Nuestro trabajo no puede ayudarla
¡Oh, gran dios omnipotente,
termina esta desgracia!
Insecto desagradable, exterminador
¡Oh! Deja nuestro vino, nuestra felicidad.

Felip Rigal, canción inspirada en un texto de 1881

La epidemia de filoxera, un insecto tipo pulga que ataca las hojas y las raíces de la vid, destruyó la totalidad de los viñedos de Cahors a finales del siglo XIX, más precisamente en el año 1880. Fue una tragedia para la región como bien lo demuestra esa canción inspirada en un texto de aquella época.

En dicha ciudad del sur de Francia, en la región de Lot, se producía vino desde el siglo XII, y se exportaba a través del río Lot a Burdeos, desde cuyo puerto navegaba hasta el norte de Europa, sobre todo a Inglaterra.

El insecto cruzó el Atlántico 40 años antes de que estallara la gran epidemia. Los viticultores norteamericanos y franceses venían trabajando juntos desde hacía algunas décadas tratando de desarrollar los viñedos en el Este de los Estados Unidos, pero fracasaban una y otra vez por culpa de la filoxera. En alguno de esos intercambios de esquejes y cepas, el insecto viajó desde Norteamérica a Francia, más precisamente a la región de Languedoc entre 1832 y 1840, y paulatinamente empezó a arrasar las viñas.

La cepa característica de Cahors era el Malbec. Estaba condenada a desaparecer por ese maldito insecto. Pero sobrevivió y conectó para siempre a Francia con Argentina.

Gracias a inmigrantes franceses (entre ellos el ingeniero agrónomo Miguel Pouget, que tenía vínculos con el expresidente Domingo Faustino Sarmiento) que llevaron esquejes de las vides de Malbec a la provincia de Mendoza en Argentina, floreció la producción de esta variedad de vino que hoy es la más popular del país.

Después de la segunda guerra mundial un grupo de viticultores de Cahors se reunieron en una cooperativa para reactivar la producción de Malbec en la zona arrasada por la filoxera, y hoy en día sigue el proceso de recuperación de esta tradición. Fuera de Cahors, el Malbec, que supo encontrarse en más de 30 departamentos de Francia, ya no es una cepa popular, pero está volviendo a ser un emblema de esta pintoresca ciudad sureña, que conserva la fisionomía de aquel próspero siglo XIX, con sus casas de piedra caliza (toda una particularidad de la región), su imponente iglesia medieval y sus callejuelas estrechas de adoquines. Una ciudad con vinos únicos, donde los argentinos nos sentimos cerca de casa.

“Vin de Cahors”, cartel en el pueblo Catus, región Lot

 

Lugar para degustar Malbec en Cahors

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