El alzamiento de Varsovia

La capital de Polonia es un ejemplo vivo de lo destructivo y a su vez, creativo, que puede ser el ser humano.

Allá por el año 1944, en Varsovia quedaban en pie apenas el 15% de los edificios y casas. Los nazis habían arrasado la ciudad.

“Conviertan esa ciudad en un lago”, ordenó Hitler, y sus fieles obedecieron al pie de la letra. Los que no murieron fueron enviados a campos de trabajo o escaparon a otras ciudades polacas. Varsovia quedó vacía, sólo escombros y los cuerpos de los cerca de 200 mil civiles muertos durante la casería nazi.

¿Por qué tanta saña con los polacos? Por que decidieron rebelarse…

La historia del levantamiento del “Gueto de Varsovia” es más conocida a la del alzamiento de toda la ciudad. Los judíos, que ya estaban encerrados en barrios amurallados, muriendo lentamente de hambre y epidemias, en 1943, fueron los primeros en intentar atacar a los nazis, que los estaban enviando en trenes hacia su exterminio en los campos de concentración. El final estaba cantando. Todo el levantamiento fue sofocado en cuestión de horas. Los judíos apenas tenían armas cortas y ninguna instrucción militar ni plan estratégico de como defenderse de sus enemigos, mejor armados y entrenados para asesinar sin escrúpulos a quienes no fueran de la raza “aria”. Fue un grito de desesperación, algo así como inmolarse antes que seguir sufriendo para morir en las cámaras de gas.

Algo similar pasó en 1944, pero a otra escala. El 1ro de agosto, a las 17 hs, se inició “El alzamiento de Varsovia”. La población civil, comandada por el “Ejército Patriótico”, se levantó contra los nazis. Los rebeldes tenían un buen número de combatientes (entre los que también había judíos que sobrevivieron al levantamiento de 1943), pero no tenían armamento de consideración, y su nivel de instrucción para este tipo de enfrentamientos era improvisado, con lo que había a mano para armar barricadas, armas y bombas caseras con las que atacar a los alemanes.

El alzamiento terminó en un gran fracaso, pero fue estoico lo que los polacos intentaron contra los invasores y genocidas nazis. Se creía que el levantamiento sería socavado en pocos días, pero fueron 63 días de combates en los que los nazis sufrieron muchas bajas. Algunos creen que allí empezaron a perder la guerra, y los polacos le ocasionaron más pérdidas que muchos ejércitos mejor preparados, como el de Francia.

Este alzamiento popular fue un evento ninguneado durante la etapa soviética de Polonia que se abrió poco después del final de la segunda guerra mundial y se extendió hasta 1989, ya cerca del colapso definitivo de la URSS.

Hoy este acontecimiento está colocado como el acontecimiento histórico más significativo de la historia reciente de Polonia, un evento vital para la construcción actual del nacionalismo y el patriotismo (a veces a niveles preocupantes) de un pueblo con una historia trágica, de ocupaciones cruzadas, siempre en medio de los grandes imperios mundiales que se repartieron este territorio estratégico.

En el impecable museo que relata con lujo de detalles el alzamiento contra los nazis, se hace especial hincapié a la escasa ayuda externa que recibieron los polacos para combatir contra los alemanes. Los soviéticos estaban a las puertas de la ciudad, del otro lado del río Vístula (donde hoy está el barrio de Praga, que se aprecia mucho más antiguo ya que no fue destruido por la guerra justamente porque los rusos estaban allí), pero se negaron a apoyar a los polacos. Para los planes maquiavélicos de Stalin, era mejor una Varsovia destruida, así sería más fácil dominarla y tenerla cautiva luego de la ayuda “humanitaria” de los soviéticos para su reconstrucción.

Con Polonia en ruinas, las tropas rusas simplemente entraron al país tras la caída de los alemanes, y crearon la República Popular de Polonia, un país “satélite”, bajo la órbita controladora y represiva del estalinismo.

Por eso los polacos dicen que Hitler y Stalin tenían planes coincidentes allí en Polonia, querían verla destruida. El primero llevó a cabo la tarea, y el segundo se aprovechó de ello.

Las fuerzas “Aliadas” tampoco fueron muy benévolas con los polacos. Apenas enviaron algo de provisiones lanzándolas desde aviones, pero lo poco que llevaba a manos insurgentes era insuficiente para combatir a las bien equipadas tropas alemanas.

Fue así que el alzamiento fracasó, pero aquel primero de agosto de 1944 es recordado por todos los polacos como el evento en que ellos solos se rebelaron contra el nazismo. En Varsovia, todos los primeros de agosto a las 17 horas la ciudad se paraliza durante un minuto en conmemoración de esta fecha patria.

Tan sorprendente como esta muestra de valor y rebeldía, es como en poco más de 70 años, la ciudad fue reconstruida en su totalidad. Su centro histórico fue recreado prácticamente idéntico al original, una obra sin precedentes que valió el reconocimiento de la UNESCO.

El paso de los soviéticos también se aprecia en muchas zonas de la capital: en la Plaza Constitución, o con el monumental Palacio de Cultura y Ciencia, un regalo de Stalin erigido en el centro de la ciudad y que hoy sigue siendo el edificio más alto de Varsovia. Hay quienes quieren desmontarlo porque les recuerda los duros años de la etapa estalinista, en los que los polacos también sufrieron persecuciones y asesinatos en masa (sobre todo hasta la muerte de Stalin, la primera década del “comunismo” en Polonia fue altamente represiva con miles de muertos y exiliados en Siberia).

Hoy es una ciudad con mucha energía en sus calles, con intervenciones artísticas callejeras que hablan con sus simbolismos. Del otro lado del río, donde se construyó el imponente estadio para la Eurocopa 2012, se encuentra el barrio de Praga, antes una localidad obrera e industrial, hoy lugar de proliferación de artistas y hipsters, con obras de arte en sus muros y una atmósfera especial, con las fachadas más añejas y originales de la ciudad.

Los precios son más bajos que en Europa occidental. Polonia forma parte de la Unión europea desde el 2004, pero aún no adoptó el euro como moneada. Se mantienes los “eslotis”, que cotizan a 4 por un euro aproximadamente.

En la ciudad funciona un metro moderno (apenas dos líneas pero muy nuevas e impecables) y los buses y tranvías son precisos y rápidos. Todo está preparado para pagar con tarjeta de crédito, y los tickets se compran por tiempo. Es decir que sacas un pasaje por “75 minutos”, y cuando entrás al metro o al bus lo “marcás” en las máquinas, y podes usar ese mismo boleto en cualquier transporte público durante esos 75 minutos (ese boleto cuesta un euro).

Desde 1989 la República Popular de Polonia pasó a ser simplemente la República de Polonia, con un sistema democrático. La transición fue pacífica, no hubo “revoluciones” contra los soviéticos, sino que los nuevos partidos políticos, entre los que se destacaba “Solidaridad”, un sindicato devenido en la fuerza política que destronó al Partido Obrero Polaco (PPR por sus siglas en polaco) en el Parlamento en los comicios de 1990.

Hoy gobierna el partido “Ley y Justicia”, una fuerza conservadora y católica, siguiendo los aires de derecha que corren por el mundo en esta segunda década del siglo XXI, por lo que no es casual que se reescriba la historia y se destaquen los eventos que alientan los nacionalismos retrógrados.

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