El paso por el Cáucaso ruso (en 50 fotos)

Yendo en busca de la historia de los “Cosacos”, llegué al Cáucaso ruso, entre el mar Negro y el Caspio. Esta región sur del país más grande del mundo, tiene muchas particularidades étnicas e históricas.

Al estar muy cerca de países vecinos como Turquía, Ucrania, Azerbaiyán y Georgia, la mezcla racial es notable y le da una impronta única a la zona, que la distingue del resto de Rusia. La piel de las personas es más amarronada, se ven ojos negros del mundo árabe, y narices aguileñas de Turquía. De todos modos hay muchos rubios y los ojos claros siguen siendo mayoría.

La base de mi estadía fue la ciudad de Rostov del Don, la “puerta al Cáucaso”, la aglomeración urbana más importante de esta parte del mapa, que tiene muchas ciudades “satélite” que ya están empezando a fusionarse por el alocado crecimiento pos soviético.

Estuve en casa de Olga y su familia, compuesta por André su esposo, y los pequeños Ilia e Ialanda de 5 y 3 años. La generosidad y la calidez humana aquí en el sur también se siente distinta.

Rostov en sí no es un lugar con muchos atractivos. Está rodeada de campos sembrados, una de las principales “industrias” de la región junto a la de las cosechadoras que se fabrican aquí y son el emblema de la ciudad.

La arquitectura es dispar, ecléctica. A las casas de madera de los antiguos campesinos, que aún resisten de pie en pleno centro, un poco ladeadas, como a punto de desmoronarse, se le anteponen los edificios enormes que están construyendo y los complejos habitaciones modernos y lujosos.

La ciudad será sede del mundial 2018 por lo que está patas para arriba. La mayoría de las calles y los lugares céntricos están en refacción, lo que genera graves congestionamientos de tránsito, que es sin dudas uno de los principales problemas de la ciudad. La gente conduce de manera imprudente, alocada, y no hay demasiado ordenamiento. Los semáforos de giro no existen, por lo que se dobla de facto en cualquier sitio, cruzando los carriles opuestos con total naturalidad. Colectivos y tranvías también forman parte del caótico escenario. Las vías cruzan calles y avenidas sin barreras ni señalizaciones, mezclándose entre los autos.

Las avenidas del centro lucen radiantes, con edificios gubernamentales bien conservados y una arquitectura que fusiona estilos propios con los de los países vecinos, con ventanas altas rectangulares decoradas, y balcones señoriales europeos (Los balcones son otro problema de la ciudad. Muchos edificios los tienen recubiertos con parantes metálicos porque los derrumbes parecen ser algo recurrente). Cuando se adentrás en las pequeñas calles el panorama cambia. Mercados populares, edificios más añejos, vendedores callejeros, más desorden cotidiano; la pureza del día a día.

Uno de los barrios más llamativos es “Nakhichevan”, ex ciudad armenia fundada por la zarina Catalina (o Ekaterina), que hoy es parte de Rostov. Allí vive una comunidad enorme de armenios, víctimas de las persecuciones de los gobiernos turcos. Allí encontraron refugio y hoy ya se cuentan varias generaciones de armenios nacidos en Rusia. La relación con los locales es buena, de sana convivencia, pero las etnias parecen no mezclarse demasiado. Los rusos se casan con los rusos y los armenios se casan con los armenios.

Gracias a mi anfitriona Olga pude conocer varias de las ciudades en torno a Rostov, como Taganrog, conocida por ser la tierra natal del escritor Chejov y por su puerto sobre el mar de Azov; Cherkask, la antigua capital cosaca sobre el rió Don -el gran símbolo y emblema de la región, la puerta de entrada y salida al continente de buques petroleros y de todo tipo-; y Novocherkask, la ciudad donde se mudaron los cosacos por las recurrentes inundaciones producidas por los desbordes del Don a principios del siglo pasado, y que hoy se distingue por ser la ciudad donde se construyen las locomotoras que recorren los miles y miles de kilómetros de vías electrificadas de Rusia.

Cuando les hablé de las particularidades históricas de la región, hacía referencia a los mencionados “Cosacos”. La historia del Cáucaso los tiene como principales protagonistas. Las tradiciones provienen de ellos, los bailes, las comidas, la vestimenta, tienen sus raíces en este pueblo guerrero que tenía como principal objetivo defender las fronteras del imperio ruso-zarista.

Había “Cosacos del Don”, “Cosacos de Kubán”, “Cosacos del Krai”, etc., según la región, y competían sanamente por cuál era el pueblo más próspero y aguerrido en sus luchas contra los enemigos foráneos.

Como el imperio zarista era tan vasto, no podía contener los ataques provenientes del sur, por lo que los zares acordaban con los Cosacos para que ellos defiendan el territorio a cambio de una relativa “independencia” del poder central. Ellos defendían a Rusia de los turcos por ejemplo, o de los franceses (según la historia que cuentan en sus museos, los Cosacos tuvieron una destacada participación en la defensa de Rusia frente al imperio de Napoleón en 1812), y así podrían vivir tranquilos, sin tributar al zar, auto-organizándose bajo el poder de los “Atamanes” (especie de caciques cosacos) y de las asambleas populares. Están quienes veían en estas formas de organización las principales características de las democracias directas (aunque las mujeres tenían un papel totalmente secundario para la sociedad, ya que se comerciaban las jóvenes para casarlas y se las golpeaba como a animales de carga) y la vida en comunidad, aunque cada familia tenía propiedad sobre determinados suelos. Este sentido de la propiedad privaba fue lo que hizo que los Cosacos no aceptaran las condiciones de los Bolcheviques durante la Revolución de Octubre, y se enfrentaron a ellos. Cuando las fuerzas “Rojas” (Revolucionarias) se impusieron a las “Blancas” (el ejército que defendía al Zar, y del que muchos Cosacos formaron parte) en la guerra civil que devino pos revolución de 1917, muchos cosacos decidieron migrar, incluso a la Argentina.

Su historia fue aplazada durante el régimen estalinista-soviético, se los persiguió y ocultó, pero hoy hay intentos por recuperar las tradiciones y “valores” cosacos en toda la región sur del país.

Sin dudas que toda esta zona del mapa requiere un viaje exclusivo para explorarla en profundidad. Se pueden encontrar playas hermosas y ciudades costeras coquetas, y montañas con glaciares a más de 5.500 metros del altura. También hay varios parques nacionales y aguas termales que atraen al turismo.

Aquí les dejo unas fotos de mi paso por Rostov, la ciudad cuya vida pasa por las aguas del río Don:

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