Festival gastronómico en la granja

Después de pasar 10 días en Moscú, y comprar frutas y verduras transgénicas en los supermercados, sin gusto alguno obviamente, llegar a una casa de campo implicó un salto de calidad en la alimentación notable.

Los conceptos de “desayuno”, “almuerzo”, “merienda” y “cena”, entendidos en términos occidentales, no tienen mucha cabida allí. Se come para obtener energías para el trabajo, a distintos horarios y sin alterar mucho los ingredientes de cada comida, sin importar si es muy temprano en la mañana o tarde en la noche.

Por ejemplo, era habitual “desayunar” puré de papas obtenidas en la granja, huevos fritos también de allí, y ensaladas con vegetales extraídos del suelo minutos antes, como pepino, tomate y maíz, condimentados con perejil y eneldo, una de las especias más utilizadas.

Iván Pavlovich, el encargado de mantener el campo, era un gran conocedor de las propiedades curativas de todos los productos, y me mostraba en un libro cada uno de los cultivos sobre los que le preguntaba.

Me desasnó sobre el “alforfón”, o “trigo serraceno”, una planta de la que se comen sus semillas, muy popular en China, en Rusia y en otros países de Asia Central. Es bueno para el colesterol y para los problemas cardiovasculares.

El aceite de linaza, tres veces más potente que el de oliva, también es bueno para el cuerpo, y hasta hay informes que dicen que también es bueno para la mente, ya que previene la depresión.

La avena también es un alimento recurrente en el campo. Elaboran una especie de caldo esposo al que se le agrega una cucharada de aceite de lino. La sémola también cumple una función similar.

Otro de los platos más particulares es el “Jaladiet”, una gelatina rellena con carne de cerdo, también casera, elaborada por Galina Mijailovna, la esposa de Iván. Con cerdo también preparaban una especie de albóndigas, que se comen frías o calientes.

El huevo es otro de los alimentos más recurrentes se usa para hacer panqueques, tortillas, huevo frito, huevo duro, y se combina mucho con papa y con las ensaladas.

Otro de los productos más beneficiosos para la salud y más sorprendentes del campo ruso es el “Kefir”, un lácteo similar al yogurt, muy bueno para la digestión.

Al “Kefir” se lo podía complementar con las frutillas silvestres que crecen en los bosques en verano. Para conservarlas hacen una jalea y las congelan. Una delicia.

El tema de las conservas también es muy frecuente ya que el invierno impide el cultivo de casi todos los productos. No sólo que se utilizan mezclas de aceites y condimentos para conservar sino que también para tornar más sabrosas aún las delicias del campo.

Para beber también se produce algo natural, el “Kompot”, un jugo casero elaborado a base de bayas que también se obtienen allí mismo. También producen su propio vino y su vodka, todo con frutos que obtienen del campo y se añejan durante meses. El vino que produce Iván tiene entre 15 y 25 distintas bayas que va agregando cada semana y en unos meses está listo. Según dicen no te produce resaca como los vinos industriales, aunque tiene cerca de 35% de graduación alcohólica.

El té siempre es el digestivo de cada comida. El té más tradicional es el “Te de Iván” o “Té ruso”, que elaboramos durante una tarde con “epilobio”, una planta silvestre que crece por todos lados y que es muy buena para la próstata. Se cortan las plantas enteras, luego de divide tallos, hojas y flores. Las hojas hay que frotarlas hasta que cambian a un color más oscuro y luego hay que ponerlas a secar. Esas hierbas van a la tetera y luego se sirve el té con un filtro. Las flores también se usan. Se colocan en un aparato que las seca y ventila su perfume por la casa.

El té se acompaña con pan con miel (también producida en el campo), o galletas de avena.

Para despedirme, Iván cocinó su especialidad: el “Draniqui”. Es una especie de croqueta a base de papa rayada con 14 vegetales distintos, entre los que están las hojas de la vid, el tallo de la cebolla, planta de mostaza, eneldo, zanahoria rayada, amaranto, perejil, apio, las hojas de la planta de frambuesa, etc. Todo eso se corta fino, se agregan tres huevos y se revuelve. La mezcla va a la sartén con aceite y en 5 minutos tenés listo el “Draniqui”, una comida multivitamínica y 100% natural.

Ir al campo ruso, además de ser una rica experiencia a nivel histórico y social, es un deleite para el paladar.

 

 

 

Ruzhnoye, Rusia. Julio 2017.

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