La impredecible Moscú (en 50 fotos)

“Impredecible”, así me definió el clima de Moscú mi primera anfitriona, y ese calificativo me quedó grabado. No sólo aplica al cambiante verano ruso, con lluvias esporádicas casi a diario, sino también a toda la ciudad en su inmensidad.

La experiencia fascinante de caminar por primera vez en Moscú no se compara con la de ninguna otra capital del mundo.

Quizá este sentimiento es algo muy personal por mi interés particular por la Revolución de Octubre, pero cada rincón me parecía histórico, con alguna referencia o simbolismo a ese pasado tan convulsionado, desde la era de los zares, pasando por la fallida conquista napoleónica, hasta las décadas soviéticas, con todas las guerras que azotaron a esta capital.

Hay rastros de todos los tiempos en la arquitectura, en los monumentos, y hasta en el Metro, que con su notable extensión cubre toda la interminable megalópoli que alberga a 20 millones de personas. En las estaciones conservadas de la era estalinista se observan los íconos soviéticos y los decorados de la época con obras de arte al alcance de todos, retratando la idílica imagen del trabajador y el campesino, con su vida sencilla y en familia. Son museos vivos, impresionantes y majestuosas obras ingenieriles y artísticas. Pero obviamente también están las estaciones y los vagones modernos, que van por los mismos rieles e igual de rápido que los antiguos.

Todo convive bajo tierra, en un mundo subterráneo bien por debajo de la superficie (la estación más profunda está a casi 90 metros y se demora cerca de 3 minutos en escalera mecánica para llegar), con conexiones kilométricas donde no es nada difícil perderse (aunque los carteles ya en su mayoría están en inglés y siempre hay empleados y policías a quienes preguntarles).

El trazado del Metro es similar a las avenidas que van por arriba, con muchas líneas que cruzan de norte a sur y de este a oeste la gigantesca metropoli, unidas por dos líneas “circulares”, que funcionan como los “anillos” que dividen Moscú; esos anillos son avenidas muy anchas que contornean el centro a distintas distancias; si estás dentro del primer “anillo” estás en pleno centro, si estás por fuera del segundo ya se considera que estás en los suburbios.

Para cruzar esas avenidas es difícil encontrar semáforos. Para que el tránsito (uno de los problemas de la ciudad, como en tantas otras) sea fluido, hicieron cruces subterráneos cada 200 metros -y a veces más-. Stalin tenía gran fascinación por construir bajo tierra. Hay mitos que hablan de una ciudad entera en las profundidades moscovitas, con más de 15 pisos hacia abajo, que los soviéticos prepararon como búnkers en caso de ataques nucleares.

A pesar de que gran parte de la ciudad está en obra por los preparativos para el próximo mundial de fútbol, se puede apreciar la variopinta arquitectura y los distintos distritos que hacen de esta capital, una ciudad “impredecible”. La Plaza Roja con todos sus monumentos a cielo abierto, la coqueta calle Tverskaya con sus tiendas de lujo y hasta supermercados situados en antiguas casas de aristócratas perfectamente conservadas; la zona peatonal de “Arbat” donde desfilan los turistas; el “anillo” de bulevares (un circuito de calles con plazoletas centrales y fuentes que también le dan la vuelta en circulo a la ciudad), “Moscow City” -el complejo edilicio más moderno, la pequeña Manhattan rusa-, los innumerables y enormes parques perfectamente cuidados (hay una constante en esto de la enormidad de las cosas; desde la planificación de la ciudad está claro que se buscaba lo vasto, lo espacioso, lo ancho, lo llamativo), todo es pintoresco y atractivo.

Pero en el trascurso de las caminatas -hasta por los barrios más acomodados-, uno se encuentra con marcas del pasado. Por ejemplo con edificios enormes, rectos, grises, de la era estalinista (entre los que se destacan “Las siete hermanas” de Stalin), con ese estilo constructivista bien funcional, para solucionar los problemas habitacionales de la época, con todos los símbolos del Partico Comunista en balcones y fachadas.

Pero también, por las callejuelas escondidas, las callecitas transversales a las avenidas modernas donde desfila la opulencia y el despilfarro de los moscovitas, se encuentran las tradicionales casas de madera con techos triangulares y chimeneas de la primera Moscú; esas casas que sobrevivieron a los incendios, a los ataques de los imperios, y a los soviéticos que destruyeron gran parte de ese “pasado” que querían borrar para siempre.

A pesar de la destrucción de los símbolos del pasado, que incluyó a miles de iglesias, los templos de los ortodoxos se cuentan aún por cientos, con ese estilo tan particular, que fusiona elementos del cristianismo con los del mundo musulmán en su arquitectura y en sus cúpulas acebolladas.

La incursión del capitalismo en Rusia le terminó de dar a su capital una silueta tan ecléctica que no deja de sorprender a cada paso. La Moscú moderna se levantó imponente por encima de todo rastro soviético, como para dejar en claro qué sistema se impuso. Desde el “Parque de la Victoria”, un mausoleo que recuerda la victoria de la URSS frente al nazismo alemán en la Segunda Guerra mundial, se aprecia a lo lejos este contraste, entre los edificios cuadrados y sin brillo, y los monstruos vidriados que llegan a las nubes.

La ciudad en sí es bastante cara, comer en un restaurant no cuesta menos de 10 dólares por persona. La opción de McDonalds es la más económica, cuesta creerlo. La hotelería se consigue por menos de 10 dólares, en cuartos compartidos de hasta 12 personas. El Metro cuesta 1 dólar el boleto (55 rublos), pero se pueden sacar pases de viajes ilimitados por una semana por 15 dólares, o comprar la tarjeta a la que vas poniéndole crédito y te abarata cada viaje en casi un 40%.

La ostentación y el culto a la materialidad es otro rasgo del presente de Moscú. Las mujeres buscan destacar su belleza innata con maquillajes y costosos ropajes, y los hombres hacen alarde de sus autos lujosos. El individualismo y el ensimismamiento también destacan a los moscovitas, cada vez más alejados de los otros distritos rusos, donde no está el dinero del Gobierno ni lo grandes negocios.

El “ojo” soviético parece algo que se conserva de esa época oscura de persecuciones estalinistas. La Policía vigila cada esquina, cada estación de Metro, cada plaza. Cámaras de seguridad controlan cada detalle en el centro. Hasta hay rumores que indican que con rayos infrarrojos se controla hasta lo que se dice en la Plaza Roja. No sé por qué, pero me sonó verosímil el rumor.

En los suburbios sorprenden la cantidad de edificios de viviendas en torno a las estaciones de Metro. Son monoblocks gigantes (sí, todo es enorme) de más de 25 pisos, y hay decenas. Debajo, en el espacio común, cada mole de cemento pintada con diferentes colores tiene su correspondiente plaza pública para niños (siempre hay juegos para niños en las plazas), y todos los distritos tienen su centro comercial con supermercado (allí los precios de los productos de primera necesidad -pan, leche, agua- son módicos, pero cuesta encontrar comida fresca, todo es enlatado, envasado o directamente transgénico -las frutas y verduras no tienen ningún tipo de sabor-).

Moscú es una ciudad que invita a quedarse largo rato, porque te atrapa con su eclecticismo. Pero como toda metrópoli, es cansadora, agobiante. Las distancias son enormes entre distritos (entre cada estación de Metro podés demorar entre 3 y 5 minutos), y las cortas noches de verano (obscurece a las 23 y amanece a las 3.30) hacen dificultoso el descansar.

Pero sin dudas que es una capital imperdible, para caminarla, para perderse en su Metro, para descubrir su pasado escondido detrás de la fachada de la modernidad, y para contemplar como el capitalismo arribó con todas sus armas y ya se inmiscuyó hasta en la forma de ser de los moscovitas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s