Curiosidades y postales del año nuevo chino en Hong Kong (fotos y videos)

La experiencia de vivir el año nuevo chino en Hong Kong fue sumamente gratificante, pero despertó sensaciones encontradas.

Técnicamente, esta ciudad que funciona casi como un país autónomo, forma parte de China desde 1997, cuando el gobierno británico y el chino acordaron el cese del período colonial que se había iniciado un siglo y medio antes, cuando Gran Bretaña anexó como parte de su imperio a Kong Kong tras vencer en la llamada guerra del opio (1841).

Con esta historia tan particular, y una “independencia” sumamente reciente (cada vez hay más descontento con la intromisión del gobierno chino en cuestiones político-económicas, pueden buscar “la Revolución de los paraguas” en la web), Hong Kong tiene rasgos tan únicos que desconciertan. En este pequeño territorio, dominado por una geografía montañosa, se encuentran espacios para todos los gustos.

Estos suelos se han transformado en un polo para migrantes de todos los continentes que buscan lo mismo: ganar mucho dinero en corto tiempo; por lo que esta ciudad se ha convertido en un gigantesco universo cosmopolita que alberga decenas de miles de migrantes asiáticos (filipinos, hindúes e indonesios en su mayoría) y de occidente (muchos británicos pero también norteamericanos).

El libre mercado y su puerto también han facilitado esta confluencia de nacionalidades, que por un lado le aportan color a su cultura, pero por otro lado borronean los rasgos autóctonos de este territorio del sur de China.

Hoy el centro de la ciudad es un espacio sin personalidad, con edificios gigantescos y modernos que asombran y deslumbran, que podrían ser parte de cualquier capital mundial. Pero en la periferia aún se conservan algunas zonas tradicionales, con barrios más bajos, de calles angostas y edificios antiguos y descoloridos.

Esta conjunción de historia pasada (como parte de China), historia reciente (como parte del imperio británico) y un presente de libre mercado en su máxima expresión (sí, la China “comunista” alberga bajo su influencia a una de las ciudades con el más desarrollado de los capitalismos) se aprecian en el festejo del año nuevo chino.

Es el evento del año sin dudas, cuando la gente se toma vacaciones después de meses extensos de trabajo con jornadas que no bajan de las 10 horas diarias, y todas las calles se visten de fiesta.

Los festejos “oficiales” y públicos están marcados por lo comercial. La economía -la micro y la macro- se mueven a ritmos inimaginables. Todo es venta, comercio, mercados, ofertas, intercambio. En el desfile organizado por el gobierno fue todo publicidad, ya sea de bancos, de organismos públicos, de empresas de todo tipo, hasta de “Disney World Hong Kong”. Es una oportunidad imperdible para las empresas. Sus logos van a estar en las millones de fotos que tomaron los presentes en el multitudinario festejo, que poco tuvo de “chino”.

Así como lo comercial invadió el festejo tradicional, en dicha tradición también había un costado materialista, ya que una de las costumbres más extendidas en el primer día del año es la entrega de los “sobres rojos”. Estos son pequeños sobres decorados con distintos motivos donde se deposita dinero. Los mayores, los que están casados y los que tienen puestos de jerarquía en sus trabajos, son los que entregan. Los que reciben son los jóvenes aún solteros y los niños. La entrega y sus montos varían según el grado de afinidad, y pueden ser tema de disputa familiar, hay todo un costado político en este ritual.

Otro de los rituales más difundidos es la cena de fin de año, en la que se preparan banquetes especiales, donde se mezcla pescado, cerdo, pollo, vegetales, y platos agridulces (arroz y sopa siempre presentes). Pero lo más importante es que antes de la cena, durante el día previo al año nuevo, la comida se ofrece a los dioses. En una mesa en el jardín de las casas, o en la puerta de entrada, se depositan frutas, tortas, y pescados y trozos de carne para que primero lo disfruten esos personajes de la religión taoísta con poderes sobrenaturales, que son los que van a traer prosperidad y fortuna el próximo año.

Todos los alimentos tienen un significado y un propósito. Por lo general, su nombre en chino se asemeja a la pronunciación de otra palabra (por el ejemplo, “mandarina” se parece a “atraer”) que tiene alguna relación con la buena fortuna, la salud, la familia o el dinero, siempre presente y muy importante dentro de todos los rituales, que también grafican parte de la filosofía china y su creencia en la vida como un ciclo que no tiene final, sino etapas que se van sucediendo de manera “circular”.

Entorno a la mesa de tributo a los dioses (hay miles de santos y figuras, no hay una sola o emblemática, aunque algunas están más difundidas y son más populares que otras) se prende incienso y se queman papeles con mensajes también vinculados a la fortuna (en todas sus variantes).

El rojo es el color predominante en todos los adornos y decorados, que tiñen las calles durante estos días. Y este año, el 4714 según el viejo sistema Chino de medición del tiempo (con el calendario “lunisolar”, bastante complejo de entender), los monos fueron los principales protagonistas, porque es el año de este animal, uno de los doce que se van alternando cada año.

En China también se conoce a estos festejos como “festival de primavera”, y duran 15 días, en los cuales hay rituales distintos durante cada jornada, empezando por la cena de fin de año, pasando por el día de visitas a la familia (por eso durante este período se experimenta la mayor migración humana del planeta, porque todos los chinos se transportan hacia sus lugares de origen a pasar esta fiesta con sus familias en sus pueblos natales) hasta llegar al día 15, que se celebra el “festival de los faroles”, con el primer día de luna llena del año.

También hay pequeños detalles vinculados a la superstición, como la imposibilidad de lavarse el cabello el primer día del año, porque se cree que eso alejará las riquezas, o la tradición de enjuagarse y pasar por el cuerpo hojas de plantas de mandarinas, que harán alejarse a los demonio e infortunios.

Por más que el capitalismo haya invadido esta celebración en Hong Kong, en los barrios bajos y hacia el interior de las casas aún se aprecia el color y la tradición puramente china, con gente prendiéndole velas a sus santos, compartiendo estos días de encuentro (para algunos puede ser un poco estresante, sobre todo para las jóvenes que no están casadas, porque esta etapa de la vida es sumamente importante para la cultura china, y las presiones del entorno son muy fuertes y se recrudecen en estos días), y sobre todo, descansando y disfrutando sus vacaciones, llenando todos los espacios públicos y lugares de esparcimiento.

Acá les dejo algunas fotos y videos de cómo se vivió el año nuevo en Hong Kong:

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