El paso por Xi’an, Chengdu y Chongqing en fotos

El paso por las ciudades de Xi’an, Chengdu, y Chongqing (cada una es la capital respectiva de sus provincias), dejó innumerables postales. Cada una tiene su impronta y particularidades. El frío fue una constante. Pese a que no es lo habitual en Chongqing, este invierno fue más crudo que lo habitual y las térmicas iban por debajo del 0 cada mañana.

En Xi’an se aprecian con claridad los contrastes más sorprendentes del ingreso de China a la economía de mercado. Mientras por un lado está la urbe turística despampanante (con los Guerreros de Terracota como principal atractivo), los suburbios aún no cuentan con acceso a agua de red, sus calles están sin asfaltar y el alumbrado público es precario.

Chengdú por su lado también muestra una doble cara, aunque se distingue bastante de Xi’an, que aún conserva sus rasgos tradicionales. En Chengdu reina la modernidad, con rascacielos y centros comerciales donde se encuentran las grandes marcas mundiales y hasta pistas de patinaje sobre hielo en su interior. La ciudad es muy coqueta, con ríos que la cruzan y le dan aire al contexto urbano, con su ribera que cuenta con paseos donde se puede disfrutar de los pocos espacios verdes que aún quedan, y por las noches lucen perfectamente iluminados y decorados. Es otra ciudad turística que tiene como principales atractivos a los osos Panda, en peligro de extinción en todo el mundo, y al Buda gigante de Leshan (una ciudad a la que se accede en colectivo tras dos horas de viaje desde Chengdu).

Chongqinq por su parte es reconocida por sus puentes y sus ríos caudalosos que le dan un rasgo único a esta megalópoli imponente, que se eleva al borde de los causes de los ríos Jialing y Yangtze con cordones montañas que la cercan. Es la ciudad de las luces. Todo está iluminado y decorado para los festejos de fin de año chino. Es despampanante el despliegue, casi abusivo.

Toda la energía (derrochada) debe provenir de la represa hidroeléctrica más grande del mundo (llamada “de las tres gargantas”) que se terminó de construir en 2004 en la ciudad de Yichang, que pertenece a la provincia de Chongqing.

Allí no hay mucho turismo, las miradas al foráneo conllevan más sorpresa. Es una ciudad empresarial con decenas de centros comerciales (están bien distribuidos para evitar aglomeraciones) y un despliegue de infraestructura impresionante entre puentes y autopistas que contornean las montañas al borde del río. Un simple viaje en la línea 2 del Metro (que funciona igual de bien que en Beijing), puede ser un paseo con vistas paisajísticas de la ciudad, ya que los trenes no van bajo tierra en algunos casos y también transitan por las extensas riberas.

Es penas un mirada por arriba de estas imponentes ciudades con millones de habitantes que están en franco crecimiento (por acá no se nota en absoluto el freno de la economía china). Hay obras por todos lados, en su mayoría de edificios monstruosos y ampliación de los subtes. Son ciudades “normales” para China, pero sobrepasan en cantidad de habitantes a la mayoría de las capitales mundiales.

Lo curiosos es cómo conviven los estilos modernos de la China capitalista, con algunos rasgos de la China comunista, con sus monoblocks antiguos y plazas donde la gente, en su mayoría jubilados o retirados, se junta a disfrutar de sus momentos de ocio.

Y como el mercado interno chino da para todo, en pleno barrio “top” de cualquier ciudad se pueden encontrar restaurants de comida callejera donde degustar un plato de “nuddles” (los fideos chinos) o “dumplings” (una especie de ravioles), por menos de dos dólares. La comida está por todos lados, como la contaminación.

Es difícil tener días soleados en estas regiones del oeste de China. Entre la constante niebla de invierno y la polución, el cielo siempre luce gris, un deprimente gris que intenta ser matizado con los juegos de luces de edificios (donde se llegan a ver simulaciones de peceras gigantes) y del alumbrado público de las principales avenidas y plazas.

Acá una pequeña muestra de estas tres gigantescas ciudades que en unos años seguramente ya no serán iguales, producto de este proceso de modernización alocada y veloz de China, que cuesta imaginar en qué desembocará o hasta dónde llegará:

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