Enjaulados

El perro ruso con su pelaje color atigrado ruge en su jaula. Son alambres y barrotes de acero improvisados pero parecen infranqueables para la bestia que ladra a radiar. Lanza gruñidos que atemorizan a los extraños. Los que ya lo conocen lo enfrentan, le dan patadas a las rejas para asustarlo, pero no hacen más que envalentonarlo.

Además de su jaula, el animal está atado a una cadena que está enganchada a una especie de adoquines de hierro que yacen en el centro del pequeño lugar que este animal dispone para su vida… una vida miserable, de encierro.

Sus alaridos no se detienen. Ante cada persona nueva que identifica impone su presencia. Pero está detrás de las rejas, por más que busca alguna rendija para asomar su nariz y su boca, no podrá salir. Nada parece importarle en sus ataques de furia. Da vueltas sobre su eje y sigue con sus bestiales sonidos; unos quejidos de bronca incontenible, brutal.

Pega saltos sobre la reja, parece querer  derribarla pero no puede. La jaula se ve endeble pero no lo es, está bien estructurada y pensada, no le permite posibilidad de escapatoria. Es más sofisticada de lo que muchos pueden pensar.

Los obreros van y vienen en la obra. Están levantando un galpón donde se cosecharán champiñones en los suburbios de la ciudad de Xi´an, al oeste de China. La mayoría viven en unos cuartos aledaños, donde también hay unas oficinas donde se hacen los negocios. Comen allí dos veces al día en una de las habitaciones que oficia de comedor, donde hay una hornalla, una arrocera y una heladera. Cobran unos 300 dólares mensuales. Se despiertan a las 8 de la mañana cuando sale el sol, hacen dos turnos de 4 horas con almuerzo en el medio, y cenan a las 6 de la tarde, cuando empieza a oscurecer. Para ir al baño deben cruzar la polvorienta y gris calle hasta otros galpones donde hay un lugar inmundo donde hacer las necesidades.

Sin conexión de agua corriente ni calefacción, pero con WiFi -que usan para ver programas de TV online de videojuegos o deportes en sus computadoras portátiles-, se acuestan temprano en sus duras y frías camas hasta el día siguiente, que será igual al de ayer y al de pasado mañana. En su único día libre no quieren más que dormir.

Quieren salir pero no pueden. Comprar una casa es imposible, tener su propio campo más aún. Vienen de otras provincias donde las condiciones son aún peores. No tienen vida más allá del galpón. Por eso duermen, quizá allí imaginan y sueñan con una salida. Entre los seis obreros se distribuyen las tareas de cocina, limpieza y el trabajo en general. Hay camaradería y buena energía. Cada tanto alguno habla con “el jefe”, que da indicaciones a la distancia. A veces aparece con su 4×4, pero sale rápido. Él sí puede.

A los varios días el perro ruso, preparado para resistir las temperaturas más adversas, parece resignado. Los ladridos son más leves, hasta que se detienen. Se entregó. Se recostó y bostezó. Lanzó algún ladrido cansino más por las dudas desde el suelo, pero allí se quedó, enjaulado, sin posibilidad de libertad. No hay remedio, pero al menos gritó, se desquitó, lanzó su animalidad al exterior, expuso su condición de oprimido. Muchos ni tan siquiera eso pueden hacer.

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Una respuesta a “Enjaulados

  1. Terriblemente agobiante…..en todas partes del mundo existen los enjaulados…muy triste realidad para muchos…..

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