La Casa de los Monos

Aquí no hay museos, sólo un edificio abandonado que podría haber sido cualquier cosa. Cuadrado, con las ventanas rotas, despintado, con escombros en su interior que se van acumulando, maltratado por el paso del tiempo, un tiempo olvidado… y silenciado.

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Era el “hospital” de Dongducheon, una ciudad cercana a la frontera con Corea del Norte, sin muchos atractivos más que algunas colinas que la rodean. Eso es lo cuenta la historia contada, la oficial. Pero allí no había un hospital más.

Dicha ciudad deslucida tomó un impulso inusitado luego de la guerra de Corea, en la que el norte comunista disputó parte del territorio con el sur capitalista, llegando a un acuerdo en 1953, luego de 3 años de disputas sangrientas que se cobraron la vida de millones de personas.

De ser un pueblo campesino, Dongducheon se convirtió en la ciudad con uno de los índices de inyección de divisas extranjeras más altos del suelo surcoreano. Allí se instaló una base militar estadounidense, ya que el imperio occidental tuvo que interceder en la disputa para conservar parte de esta zona estratégica en Oriente.

Miles de militares de EE.UU. se convirtieron en vecinos, y luego próceres para los museos y manuales de historia. Y esos militares eran seres humanos que necesitaban satisfacer sus necesidades más humanas, por lo que el Gobierno coreano facilitó e impulsó un prominente mercado sexual en esa zona, “liberando” la prostitución.

Fue así que centenares de mujeres coreanas, sin recursos ni fuentes de trabajo tras la contienda bélica (y en una sociedad profundamente patriarcal que las sometía a permanecer en un segundo plano), se fueron hasta ese lugar inhóspito para procurarse un medio de vida. Muchas llegaron engañadas, otras sabían a lo que iban, no tenían opción.

Con la zona liberada y el sexo desenfrenado, comenzaron a llegar las enfermedades. Las mujeres que se enfermaban ya no tenían nada que hacer allí, perdían su condición, su significancia, por lo que eran apartadas, recluidas, sacadas de la sociedad a la que ya no podían servir.

Entonces las llevaban al “hospital”, luego conocido popularmente como “La Casa de los Monos”.

Los alaridos y chillidos de las mujeres que pretendían escapar se escuchaban desde las zonas vecinas, y la gente pensaba que allí encerrados había simios. No había forma de salir, una vez que entraban la única escapatoria era la muerte. Tarde o temprano, esa era la única opción.

Allí sólo les daban algo de comida, y ni siquiera tenían calefacción, con fríos que calan los huesos en esa zona del mapa. El tratamiento médico era mordaz. A las enfermas les inyectaban dosis de penicilina sin testear y en cantidades desproporcionadas, lo que las llevaba a una muerte segura.

Los militares estadounidenses eran los que tenían el poder de juzgar a uno de sus juguetes sexuales. Podían extorsionarlas. Si ellos decían que estaban enfermas no había médico que lo chequeara, iban directo a “La Casa de los Monos.” Era una sentencia a muerte.

Fue así que el cementerio público de la zona empezó a poblarse de tumbas con cadáveres sin reconocer, cuerpos sin familiares en la zona que pasaron a ser un número, una mancha en la historia, el lado oscuro de la historia de esos “próceres” que hoy tienen sus cuadros de honor en los museos y memoriales de Seúl.

Más de 600 tumbas prácticamente abandonadas en una colina a la que la ciudad le da la espalda, recubren personas que no descansan en paz, los muertos olvidados de la guerra, los que más la padecieron.

Un simple número en el cementerio público de la ciudad

Un simple número en el cementerio público de la ciudad

Hoy la ciudad está semivacía. Aún resisten al paso del tiempo y al olvido algunos “Night clubs” y restaurants con precios en dólares que solían frecuentar los soldados. Parece uno de esos pueblos fronterizos suburbanos que se retratan en las películas hollywoodenses. Las propiedades allí se desvalorizaron desde que EE.UU. decidió mudar la base a una ciudad vecina, cuando el número de soldados en Corea de Sur se retrajo.

Postales de un pueblo surrealista

Postales de una ciudad surrealista en Corea del Sur

Pero siempre hay alguien que recuerda y lucha por la memoria de esas mujeres olvidadas por la historia, a las que se empecinan por borrar los gobiernos y sus relatos. Durebangque nuclea a víctimas que pudieron escapar de “La Casa de los Monos” (y las decenas de lugares similares que había cerca de cada base militar) y a sus familiares, llevó a la justicia al Gobierno coreano por ser participe en este sistema perverso de trata de mujeres.

Un documentalista coreano también desarrolló un film para narrar este lado oscuro de la historia, sobre el que no hay cifras oficiales y sobre el que se esconden los datos. Jinaur Jang lleva investigando estos tristes episodios más de 10 años. Ya lanzó una primera versión de su película llamada “Grey Tomb” con entrevistas a algunas víctimas, y ahora está preparando la segunda parte, donde presentará los datos recabados durante todos estos años de silencio oficial.

Un simple visitante no podría haber llegado a estos sitios si no fuera por “Noise group”, un conjunto de ocho artistas que están empezando con un emprendimiento socio-cultural en la zona de esta ciudad olvidada, “para ser un puente entre el pasado y el presente”, y para que se recuerde a estas víctimas civiles, sobre las que nadie habla; para ello buscan que los extranjeros conozcan esta parte del pasado, el silenciado, porque entienden que es la única manera de comprender la historia en su totalidad.

También buscarán “recuperar” algunos espacios dentro de esta ciudad en decadencia, para revalorizarla con su arte, y para que los que allí persisten (aún hay prostitución ilegal, la única diferencia es que ahora las mujeres provienen de Filipinas) con sus pequeños locales comerciales, no tengan que cerrar o pasar a formar parte de la red de trata actual.

El trabajo de esta gente habla de un sector de la sociedad coreana que no se contenta con el relato oficial, y que con lucha y memoria intentan que se haga justicia.

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Una respuesta a “La Casa de los Monos

  1. sin palabras…..en cualquier punto del planeta….distintas razas….distintas culturas……distintas costumbres….sociedades….todas son atacadas por lo mas bajo de la raza humana…….la trata de personas…..por suerte hay personas q no dejan q se olvide….q muestran este horror…..y siempre las victimas son mujeres y niños……PODRA LA RAZA HUMANA COMBATIR ESTE HORROR

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