Apariencias que no engañan

“Hay un proverbio japonés que dice: ‘the stake that sticks out gets hammered down’ (a la estaca que sobresale se la golpea para abajo).” Yoko Kato, jubilada de 72 años en Nara, Japón.

Siempre es bello encontrarse con el mar, por más que sea un mar nostálgico, como el de la bahía de Tokio desde las costas de la prefectura de Chiba. Es un mar lindo y feo a la vez, algo que lo vuelve único. Es como un espejismo, un oasis.

Las playas de arenas oscuras están desiertas. Muy cada tanto pasa algún ser solitario o algún deportista ejercitándose. Los cuervos revolotean y pegan gritos sobrevolando el “Seaside park”. En el fondo, allá en el horizonte, chimeneas altas y aterradoras largan un humo contundente que llega hasta las nubes, que borronean ese fondo envolviéndolo en una especie de niebla.

Acá nomás en la orilla, las diminutas olas golpean y le dan sonido al ambiente. Los peces –que parecen libres- saltan de alegría. Se ven por todos lados. Algunos van hacia arriba, otros avanzan por el aire en un espectáculo asombroso. Parecen felices. Pero están cercados, no tienen escapatoria. No todo es tan bueno como parece. ¿Sabrán que no van a llegar a ningún lado? O mejor dicho, ¿sabrán que todos terminan en el mismo lugar, en esas redes que todo lo envuelven sin distinciones de ningún tipo?

No les importa, prefieren seguir al cardumen que andar solos y perdidos por el océano; de ser así se enfrentarían con su verdadero rostro; pero prefieren guardárselo para ellos solos en este gran juego de máscaras. Todos le temen a lo mismo, a ese fondo sospechoso. A ese fondo cada vez más oscuro y lúgubre, con las chimeneas que no paran de escupir desechos.

Algo no muy bueno parece estar pasando allí; difícil descubrirlo, todos se empeñan en ocultarlo, por eso es difícil quitar el manto que lo embellece, como este mar con su canto inigualable, que le da vida a la escena. Pero nadie dice nada. Nadie hace nada. Están cómodos así. El mar es muy bello y a los peces les es más fácil andar junto a otros que solos y errantes por ese océano enorme y lleno de peligros. ¿Sabrán a donde se están dirigiendo con esta forma de andar perezosa?

Pero estas apariencias no engañan. ¿Esta es la fórmula del éxito? ¿Esta gran hipocresía es el éxito?

 

 

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2 Respuestas a “Apariencias que no engañan

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