Se dejó todo

La satisfacción de haber vivido esta experiencia no nos la saca nadie. Por eso hay que agradecerles a los jugadores y al cuerpo técnico, River estuvo a la altura de lo que es y lo que se merece.

Enfrente había jugadores de otra galaxia, así y todo necesitaron de una ayudita para abrir el partido, pero eso ya no importa. Se perdió, sí, pero se ganó también. Se ganó mucho. Ver a River ahí, en ese estadio tremendo, a toda esa gente que vino desde todos lados, con los que nos saludábamos y abrazábamos en las calles y en los trenes de Japón, no tiene parangón. Fue único y nos lo llevamos cada uno con nosotros, en nuestro corazón, por el resto de nuestras vidas.

Ya habrá revancha y ahí vamos a estar nosotros… 15, 20, 30 mil. Siempre vamos a ser más que el resto, porque una vez más demostramos lo que es River. Difícil de explicárselo a muchos argentinos, imaginen lo que es explicárselo a un japonés. Por eso estaban locos con nosotros, se compraban las camisetas, se querían aprender las canciones, saltaban al lado nuestro. No entendían esta locura. ¿Y cómo la van a entender, si nosotros mismos no la podemos entender?

La gente de River en el mundial de clubes, una locura.

La gente de River en el mundial de clubes, una locura.

Cruzar el mundo dejando todo de lado sólo para ver esa camiseta, para ser parte de esa multitud vestida de rojo y blanco, ¿cómo se explica?

No había palabras. Cuando les decías que venías de viajar más de 20 horas en avión para ver un partido de fútbol no les entraba en la cabeza. Pero claro, no es “un partido de fútbol”, es uno de los momentos más importantes de la historia de nuestro club, ese club en donde crecimos, donde disfrutamos, donde sufrimos, donde nos hicimos amigos, donde compartimos los momentos más lindos de nuestras vidas cada domingo.

Pero no, no hay forma que lo entienda un japonés, están programados para trabajar y vivir en un circuito cerrado. Pero los contagiamos, créanme que los contagiamos. Es que esta locura es hermosa… es la felicidad. La locura de la felicidad, esa que se necesita para vivir.

Por eso más allá del resultado el logro va por otro lado, se le devolvió a River su lugar de ser el emblema de nuestro país en el mundo. Y la gente estuvo a la altura, copando todo y alentando hasta el final.

Por eso siento que se ganó mucho más de lo que se perdió. El gusto amargo quedará porque estuvimos a muy poco de toda la gloria, de ganarle a los mejores jugadores del mundo, pero también quedará ese sabor delicioso de haber sido parte de la historia grande de nuestro querido River Plate. ¡Salud gallinas! Ya habrá revancha…

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