El viajar (en tren) es un placer

Para los amantes de los trenes, Japón sin dudas que es un paraíso. Los hay para todos los gustos y tienen un grado de sofisticación pocas veces visto.

Quizá para el que estuvo en Europa esto no le sorprenda tanto, pero viajar a más de 250 kilómetros por hora, o atravesar túneles de 50 kilómetros por debajo del mar, es algo impresionante que grafica el desarrollo exponencial que hay en este país asiático en materia ferroviaria.

Con el pase para turistas (que tenés que comprar en tu país de origen) tenés acceso ilimitado a los trenes de la línea estatal “JR”, por lo que podes recorrer todos los rincones del país. No es nada barato, los 15 días cuestan casi 400 dólares, pero créanme que vale la pena.

El primer tren al que me subí me llevó de Tokio hasta “Shin-Aomori”, bien al norte de la isla -a más de 700 kilómetros de la capital-, en poco más de dos horas y media.

Cada tren tiene su nombre y su línea de recorridos. Todo está perfectamente indicado e impecable. La limpieza es

Los trenes, impecables, por dentro

Los trenes, impecables, por dentro

sorprendente al igual que la puntualidad y la cantidad de conexiones que abarcan todas las regiones de la isla. Las paradas intermedias son fugaces, por lo que a través de los altoparlantes te van avisando con anterioridad para que te vayas preparando para bajar.

Hay que estar atentos porque muchas veces un tren que comienza con 17 o 19 vagones no termina el recorrido completo. A mitad de camino algunos carros se desprenden de la formación más grande y cambian de sentido. Siempre avisan antes, diciendo de qué vagón a qué vagón continúa y cuales se separan en otra dirección.

Estos verdaderos aviones no producen el sonido encantador de los antiguos trenes, ese canto de los rieles que te adormece, sino que van produciendo una especie de pitido chillón como cuando están rebanando el acero con una sierra. Pero es en un tono muy suave, el contexto es sumamente silencioso; de hecho, no se permite hablar por teléfono en los vagones, sino que hay que ir a las zonas intermedias donde están los baños (hay en casi todos los vagones), los cestos de basura, y -en algunos casos-, los salones para fumadores, herméticamente cerrados.

Mujeres prolijamente vestidas, tipo azafatas, ofrecen bebidas y algunos snacks con sus carros de venta. Tienen dispositivos que parecen los antiguos celulares grises que funcionan como computadoras donde van registrando todas sus ventas y el monto que pagan los pasajeros.

Los famosos “chanchos” (como se conoce en Argentina a los guardias que controlan los boletos) también tienen estos equipos que van mirando mientras circulan por los vagones chequeando que estén ocupados los asientos correspondientes. Cámaras de seguridad vigilan todos los movimientos y desde los carteles avisan que tanto la policía como los empleados de “JR” están alertas ante cualquier eventualidad.

Todos los empleados que circulan por los vagones, cada vez que atraviesan la puerta automática que divide los carros, dan media vuelta y hacen una reverencia inclinando levemente sus cuerpos de cara a los pasajeros.

De más está decir que las butacas son mucho más cómodas que la de los aviones, y hay espacio de sobra para estirar las piernas. También están las mesitas desplegables desde el respaldo de adelante para apoyar cosas, y en algunos trenes de larga distancia hay enchufes para cargar tu celular o cualquier dispositivo electrónico.

Las estaciones merecen un párrafo aparte. Las más grandes son deslumbrantes, relucientes, con baños impecables, conexiones subterráneas a las distintas líneas de subtes, líneas de trenes, tranvías y hasta monorrieles. En estos caminos internos ya se han desarrollado centros comerciales gigantescos donde se puede consumir desde alimentos hasta vestimenta, en esos  15 minutos que podés pasarte caminando entre tren y tren, todo sin salir de la terminal. Hay decenas de máquinas para comprar boletos (con la opción para que las indicaciones estén en inglés), y siempre encontrás mostradores de información a los usuarios.

Las puertas de acceso a las plataformas, cuando debés adquirir un boleto de una línea privada (con el pase JR se entra a las terminales por los costados de estos accesos, donde un guardia te controla la caducidad del pase), tienen la particularidad de que están abiertas y sólo se cierra una pequeña barrera cuando tu ticket no es el correcto, o no tenés suficiente saldo en tu tarjeta magnética.

 

Los trenes locales

El pase “JR” también incluye los pasajes en muchos trenes locales, esos que no requieren reserva previa, en los que se hacen distancias más cortas entre ciudades o pueblos vecinos. Allí la ecuación cambia en cuanto a la sofisticación, pero se mantiene la precisión y la prolijidad.

Ya no hay letreros automáticos, ni indicaciones en inglés durante el recorrido, pero los trenes, con asientos laterales que bordean las paredes de los vagones y agarraderas para viajar parados, están igual de limpios y disponen de baños.

Una estación de una línea local en el norte de Japón

Una estación de una línea local en el norte de Japón

Allí se ve a los motorman delante y detrás de la formación en su cabina (en los trenes de larga distancia la cabina de los conductores no está adelante ni atrás, sino en el medio). Es una especie de trabajador multitarea. Además de conducir, va diciendo las estaciones siguientes a través de un altoparlante, toca el silbato antes del cierre de las puertas, cobra los boletos de los pasajeros que se van subiendo, y por las noches controla los tickets de los que se bajan en estaciones intermedias. Tiene a su cargo dos vagones por lo general.

En esos trenes más “terrenales” sí vuelve el fascinante sonido universal de los rieles. En los lugares de frío las puertas se abren y se cierran presionando un botón, y debajo de los asientos hay calefactores. Allí no se ven publicidades como en los subtes (que no están incluidos con el pase JR y que merecen otro post aparte por la espectacularidad del servicio) y tampoco se llenan, son mucho más pintorescos, al igual que las pequeñas estaciones de los pueblos.

 

Por debajo de mar, en el “Super Hakacho”

La isla de Japón está dividida en el norte por el estrecho de Tsugaru. Una franja de agua que conecta el mar de Japón con el océano Pacífico. Del lado norte está la región “Hokkaido”, donde se encuentran ciudades importantes como Sapporo. Si usted piensa que la única manera de llegar allí es por aire o por mar, se equivoca. Los ingenieros japoneses no se iban a quedar de brazos cruzados y trazaron una vía férrea submarina.

El estrecho por el que cruza el túnel

El estrecho por el que cruza el túnel

Así es, construyeron un túnel de más de 50 kilómetros, llamado “Seikan”, el más largo del mundo (inaugurado en 1988, con un costo de 36 mil millones de dólares) que se extiende entre las localidades de Imbetsu y  Yunosato, pasando por debajo del mar, a 240 metros de profundidad. Para los que atravesaron el Canal de la Mancha en Europa quizá esto no parezca una proeza, pero para quienes sólo viajamos en trenes de países “periféricos”, esto es sencillamente impresionante.

El tren que cruzó el túnel Saikán

El tren que cruzó el túnel Saikán

Son exactamente 28 minutos de oscuridad en los que se van sucediendo los tubos de luz fluorescente, y las

Las ventanas del tren durante el cruce del túnel

Las ventanas del tren durante el cruce del túnel

ventanillas se van empañando y las gotas de agua van chorreando hacia atrás.

Tras dos horas de viaje desde Aomori (la ciudad que lleva el nombre de la región del norte de la isla principal de Japón, conocida por ser la zona productora de manzanas), llegué hasta Hakodate, del otro lado de mar, una ciudad portuaria protegida por un monte del mismo nombre.

Los paisajes son cambiantes allí, con mucha nieve, bosques, montañas y hasta el mar que aparece cada tanto, por lo que el disfrute es aún mayor.

Todas estas cuestiones en lo concerniente a la magnificencia de la infraestructura de los transportes en Japón son una primera impresión. Las reflexiones sobre cuál es el precio, y cómo se hace para lograr todo esto, quedarán para más adelante.

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