Camino al trabajo en Tokio

“Por ello les pido también que conserven una calma absoluta y cumplir con lo que es nuestro lema de siempre, del trabajo a casa y de casa al trabajo.” Discurso del entonces Coronel Juan Domingo Perón, 10 de octubre de 1945.

 

Suena la alarma 7.30. Es como una sirena de bomberos, imposible no levantarse. T se pone de pie casi al instante, da los cinco pasos que separan su cama del baño para lavarse la cara y se alista con su ropa de oficina, muy elegante y formal. Maletín en mano, ya está listo para salir. El despertar no le tomó más de 7 u 8 minutos.

Baja las escaleras de su pequeño pero muy prolijo departamento en el barrio de Asakusa, un poco hacia el noreste de Tokio centro, e inicia su marcha hacia el trabajo. T tiene 30 años y es contador, cada mañana camina aproximadamente 30 minutos hasta su oficina, a la que ingresa antes de las 8.30.

Cruza el río Sumida por uno de los tantos puentes y dobla en la avenida Edo-Dori. Podría subirse al Metro, pero prefiere caminar como muchos de sus colegas. Son apenas dos estaciones, le tomaría 5 minutos en los modernos y relucientes subtes, pero es bastante costoso.

Por la ancha y gris avenida, rodeada de altos edificios vidriados -con diseños arquitectónicos sobrios pero imponentes a la vez-, que abarcan toda la visión periférica, un ejército de administrativos con sus trajes y maletines se aproximan a sus guaridas, donde permanecerán hasta que se haga de noche. Todos marchan en silencio por las impecables y frías calles. No se escuchan casi ruidos, sólo los de los autos y los de las sirenas que indican a las personas no videntes cuando cruzar la calle (también disponen en todas las veredas de una línea de baldosas amarillas con una especie de relieve especial que los guía hasta el próximo cruce).

En las esquinas T no llega hasta el cordón. Se detiene medio metro antes. Deja un espacio porque los ciclistas –que abundan- transitan por las veredas en Tokio, y tienen delimitados sus “carriles” por donde circular. Son reglas básicas que mantienen un orden estricto que parece inquebrantable.

De las estaciones del Metro brotan más soldados de corbata mientras otros son succionados hacia esa vida subterránea que ya tiene dos niveles. Parecen ser escupidos por el interior de la tierra. Se incorporan al circuito de tránsito peatonal rápidamente, y engrosan las filas de la marea humana que va a poner a andar el sistema. Se mezclan algunos adolescentes con sus uniformes de escuela, también muy formales. Algunas madres llevan a sus niños al colegio en las sillas que montan al frente y en la parte trasera de sus bicicletas.

T se detiene en un mercado “conveniente” – de esos que se encuentran cada dos o tres cuadras- para comprar algunos alimentos. Los empleados lo reciben -como a todo aquel que atraviesa la puerta de vidrio corrediza que se abre de manera automática- con una especie de cantito donde dan la bienvenida. Lo repiten una y otra vez con un tono dulce, afinando la voz, aniñándola. Parecen programados para eso. “Anichiwaaaa, sumimazeeeen”, suena algo así.

Los que llegan al mini-mercado en bicicleta la apoyan en algún lado en la calle y no es necesario que la aten con candado. A nadie se le ocurriría tomar algo que no es suyo.

Entre las góndolas, una línea en el piso indica donde formar fila para llegar hasta las cajas donde una persona te cobrará por lo adquirido. Todo está envasado allí dentro, hasta los panchos. Hay bolsitas, salletes, bandejas y envoltorios sellados para todos los gustos. Están quienes se llevan las sopas de fideos instantáneas, los que optan por las bandejitas plásticas de sushi, y los que prefieren un desayuno más al estilo occidental, con donuts de chocolate o alguna masa dulce. También están las máquinas automáticas de café frío y caliente. Los cajeros les dan el vaso para que los clientes lo pongan en el lugar indicado donde cae el  brebaje negro luego de presionar el botón correspondiente. Pese a la automatización de casi todo, los humanos aún resisten. Cajeros y repositores parecen necesarios dentro del esquema… Por el momento. Ya hay maquinas expendedora de bebidas y de cigarrillos que no requieren de intermediación humana alguna.

De vuelta en la calle, el tránsito de los soldados de trajes y corbata sigue, ininterrumpido, imperturbable. Parecen seguir la misma ruta cada mañana, por inercia, sin hablar, escuchando algo en algún dispositivo electrónico o mirando las pantallas de sus celulares si no es que están apuntando con sus miradas al piso o hacia el frente, pero sin observar nada en particular. Parecen ir pensando en algo que no está allí en ese momento, o simplemente con la mente en blanco.

Todo está reluciente y ordenado. Prolijamente ordenado. Nada parece fuera de su lugar. Hay un marco de contención tácito que no tiene fisuras. Es sumamente sencillo incorporarse a la masa. Más difícil parece salirse. Cámaras de seguridad vigilan cada paso, como los puestos policiales ubicados cada dos o tres manzanas.

La repetición automatizada amoldó el circuito de una manera perfecta, tan perfecta que ya se adoptó como natural y saludable. No parece haber fallas ni filtraciones. Todo es sumamente sofisticado y moderno. A la tarde la peregrinación de los devotos forzados de la capital se repite, pero a la inversa, para retornar a sus hogares a ver televisión y a dormir tras la extenuante jornada de más de 10 horas de trabajo. Esto también es la modernidad.

T cena algunos alimentos envasados que guarda en su lacena y prende su pantalla plana para sintonizar un canal estadounidense que trasmite un programa en donde un hombre viaja por lugares insólitos del planeta intentando derribar “mitos” y tratando de acceder a sitios nunca antes visitados. T dice ser un gran admirador de este hombre.

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2 Respuestas a “Camino al trabajo en Tokio

  1. es como uno lo imagina….como alguna vez alguien q fue te lo conto….el mundo va a eso?????….eso es lo q nos espera?????….ESPERO QUE NO……..

  2. a esto vamos??????….esto es lo q nos espera en este mundo globalizado……ESPERO QUE NO….por el bien de la humanidad…..hay cosas q seria bueno copiar……pero el individualismo…..la falta de comunicacion….de contacto….de empatia….de compartir……eso no debe faltar……y asi se esta perdiendo…..

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