De Botsuana a Sudáfrica, de capital a capital

La última frontera terrestre de la travesía. De Botsuana a Sudáfrica, el último paso para lograr el objetivo de cruzar todo el continente olvidado por tierra, viajando en transporte público, derribando prejuicios y fronteras.

En el sur africano la modernidad ya invadió todo. Viajar entre países resulta muy sencillo en comparación con otras fronteras que no tienen rutas asfaltadas o que directamente no tienen rutas.

Desde la capital de Botsuana, Gaborone, hay micros lujosos que te llevan hasta Johannesburgo en Sudáfrica por unos 30 dólares. Pero claro, está la opción más económica también, aunque no es tan económica. Combis que cargan unos 20 pasajeros parten permanentemente desde la estación de buses de Gaborone con destino a la mencionada ciudad sudafricana por unos 20 dólares; aunque no hay horarios y hay que esperar a que se llene. Todos los transportes van hacia allí, es una especie de centro neurálgico, ya que desde dicho lugar tenes todas las opciones disponibles para moverte por el país.

Yo quería ir a Pretoria directo pero no había combis, por lo que estuve obligado a pasar por la convulsionada Johannesburgo y de ahí subirme a otra combi hasta la capital administrativa de Sudáfrica (a menos de 45 minutos de distancia).

Pero antes hubo que recorrer cerca de 400 kilómetros, que demandaron más tiempo del esperado. El paso fronterizo “Kopfontein” está a menos de 30 kilómetros de Gaborone -la capital de Botsuana es una especie de provincia tranquila de Sudáfrica-. Allí sólo hay oficinas modernas, rejas y barreras. No hay ciudades fronterizas deslucidas ni hombre con fajos de billetes ofreciendo cambio (los mismos choferes de las combis y los que organizan a los pasajeros ya te ofrecen cambiar los “Pulas” de Botsuana por los “Rands” de Sudáfrica, que cotizan 10,5 con respecto al dólar norteamericano).

Para entrar a Sudáfrica por suerte no necesitamos visa los argentinos. No tuve que llenar ningún papel con mi información. Sólo me preguntaron hasta cuando me quedaba y se sorprendió cuando le dije más de un mes. Acto seguido me pidió el carnet de vacunación contra la fiebre amarilla y no mucho más.

A subirse de vuelta a la combi y empezar a andar el camino sudafricano. Nadie revisó mi mochila tampoco. Todo parecía muy liberal. Los guardias no cumplían tarea aparente más que la de mirar los pasaportes, pero no es así. Acá también las autoridades te siguen paso a paso.

Cuando te sellan el pasaporte te preguntan la patente del vehículo en el que viajas. Dato que me pareció curioso e irrelevante (es la primer frontera en la que piden este dato), pero no lo sería.

A los pocos kilómetros del límite fronterizo, por la prolija y señalizada ruta, una camioneta blanca con una sola cabina y caja descubierta atrás, sin identificación, con una sirena azul en el techo cerca de la ventana del conductor, se cruzó de carril y se nos puso a la par tipo persecución de película de Hollywood y nos obligó a detenernos.

Un policía de civil que tenía en su mano la lista completa de pasajeros de la combi estaba buscando a dos ciudadanos de Tanzania. Los hizo bajar, los requisó, revisó sus bolsos y todos tuvimos que mostrar nuestras pertenencias. Falsa alarma, seguimos camino sin problemas, aunque la secuencia ayudó a comprender muchas cosas. En estas tierras sureñas se respira algo así como la libertad ficticia de las que les hablé al comienzo del viaje.

El cruce de frontera Botswana-Sudáfrica

El cruce de frontera Botswana-Sudáfrica

Los paisajes empiezan a cambiar con el cambio de territorio. Hay colinas un poco más pronunciadas aunque con suaves pendientes. Los verdes de los campos tienen distintos tonos, los suelos están en su mayoría sembrados.

Ya no se ven aldeas y casas de barros y paja. Aparecieron villas miseria como las que conocemos en Argentina. Casillas de chapa que parecen corrales de animales más que viviendas humanas.

Las ciudades que uno va pasando parecen ordenadas y sacadas de esas películas norteamericanas en donde muestran la vida de campo, con caserones, calles amplias, estilos arquitectónicos coloniales, “victorianos”,  y “granjeros” de piel blanca, muy blanca, de esos que no se mezclaron en nada con los locales.

El contraste al llegar a Gauteng (es la provincia a la que pertenecen Johannesburgo y Pretoria, dos de las ciudades más pobladas del país) con respecto a Gaborone es tremendo. Acá se siente el estar en una capital. Ruido, mercados callejeros, edificios que tapan el cielo y autopistas enormes por donde el transito fluye constante, como en procesión hacia algún lugar, perfectamente monitoreado con cámaras que controlan la velocidad.

La mala fama de Sudáfrica en cuanto a la inseguridad obligan a estar alertas y a desconfiar. Es horrible esta situación, pero llegas tan sugestionado que es imposible no tornarse prejuicioso. Durante el viaje uno va desarrollando sus dotes para socializar con cualquier transeúnte de pueblos perdidos, pero en estas ciudades hay que meterse para adentro, deshumanizarse y amoldarse al contexto tenso, donde millones de ciudadanos compiten para subsistir.

Nadie te ayuda gratuitamente en la calle. Todo el que se acerca quiere dinero. Cuesta encontrar en quien confiar. La gente mendigando en harapos le aporta más ruido a la escena caótica donde se mezcla la modernidad más impresionante –tan impresionante que en algunos casos resulta obscena-, con la miseria más triste.

A primera impresión, Pretoria (que cambió su nombre recientemente por el de Tshwane, pero en la práctica se sigue usando el viejo), parece más ordenada que Johannesburgo, más espaciosa y limpia, con un centro lleno de rascacielos y transitadas calles y veredas, pero con unos suburbios muy calmos, arbolados y con avenidas anchas y bulevares verdes inmensos.

Un comienzo agitado del último capítulo de Próxima Rotonda, con mucho que contar y mucho que tratar de entender del país que según dicen, será una de las potencias mundiales en un futuro cercano.

 

JII. Gaborone/Pretoria, Botswana/Sudáfrica, agosto 2014

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Una respuesta a “De Botsuana a Sudáfrica, de capital a capital

  1. Cuando uno se acerca a la CIVILIZACION MODERNA……se acerca a la desigualdad social….la pobreza….las grandes diferencias….la desconfianza….la deshumanizacion……LAMENTABLE

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