De paso por Botswana (con fotos)

El camino hacia el sur me llevó hasta Botsuana, otra ex colonia inglesa que logró su “independencia” en 1966.

El país está escasamente poblado. Menos de dos millones de personas habitan estos suelos desérticos, y se agrupan en su mayoría en la zona noroeste, donde el río Okavango le da vida al paisaje, y en la zona sudeste, cerca de Sudáfrica y Zimbabwe, donde otros ríos aportan el recurso indispensable para la vida.

En apenas 10 días uno no puede sacar muchas conclusiones y sólo alcanza a rasgar las cascaritas superficiales de las heridas del país. A simple vista parece un lugar sin problemas. Las ciudades (sólo pasé dos noches en Kasane, caminé unas horas por Francistown y estuve una semana en la capital Gaborone) son prolijas, limpias, la infraestructura es moderna.

El contraste con el este africano en cuanto a desarrollo es notable. No hay problemas energéticos de consideración, el agua de la canilla es potable, hay cloacas en todos lados, las conexiones a internet abundan y las casas en su mayoría son de material (sólo se ven algunos caseríos de paja perdidos en las desérticas rutas).

El principal recurso del país son los diamantes que descubrieron en el desierto Kalahari, y que aporta millonarias sumas a las arcas estatales (la carne vacuna supo ser el sostén de la economía, pero cuando los estándares de calidad europeos se pusieron más exigentes esa industria decayó). Según la impresión de algunos extranjeros con los que me topé (se ven muchísimos blancos viviendo aquí), la vida en Botsuana es “fácil”. Es una especie de Escandinavia africana. Tiene los niveles de desarrollo de Sudáfrica, pero el país no está tan saturado de gente y no sufre los problemas de inseguridad que según dicen, abundan allí en el sur del continente (aunque empieza a ser un problema de consideración).

No hay problemas de tránsito tampoco, ni en la capital, donde se ven edificios modernos pero dispersos; todos los ambientes son amplios, espaciosos, al estilo estadounidense.

El idioma oficial es el setswana, pero la mayoría habla inglés. La moneda es el “Pula”, que significa “lluvia”, algo celebrado cada vez que llega (si es que lo hace) en la temporada noviembre-abril.

El costo de vida, al igual que Zambia, es elevado (por eso hubo que pasar rápido). No es un país para turismo mochilero ni para viajeros. Los grupos que se ven disfrutando los atractivos del país (safaris por parques nacionales y no mucho más) son turismo “high class”, que se mueven en combis privadas y van a lujosos hoteles. No hay pensiones ni lugares económicos para dormir, y viajar en colectivo (aunque no es tan caro como en Zambia) no es tan fácil ya no hay empresas propiamente dichas sino que dependes de choferes y dueños de buses privados que ponen sus horarios (desde la capital se puede ir a Sudáfrica con empresas de buses lujosos que cuestan más del doble de las combis). Tenés que acercarte a la terminal y tener suerte.

La parsimoniosa vida y forma de ser del botsuano también se aprecia en el transporte interurbano de la capital. Por 3,5 pulas (menos de medio dólar) las combis te llevan a los puntos estratégicos de la ciudad. Lo curioso y diferente con respecto a otros países es que los choferes no tienen ayudante, esos porteros de los que les conté, que cobran y van “atrapando” clientes durante el camino. Acá es todo más relajado. En la terminal, el chofer generalmente está charlando con colegas o jugando al pool (parece uno de los pasatiempos más difundidos, se ven a cielo abierto y algunos tienen unas ruedas y carretillas para ser trasladados con facilidad por autos) espera que la combi se llene para salir. Hay que preguntar el destino a los demás pasajeros. Cuando van bajando el conductor estira la mano hacia atrás para cobrar y da el vuelto, todo a ritmo botsuano. Con un particular dispositivo que consta de una soga atada a extremo de la puerta corrediza, el mismo chofer cierra la compuerta y sigue su camino, paso a paso, lentamente. No hay ningún apuro, cruzar toda la ciudad no te lleva más de media hora.

Hasta la historia del país es tranquila. No hubo guerra independentista y mantienen buenas relaciones con su excolonia. En la bandera nacional, de color celeste -que simboliza el agua, bien preciado en estas tierras secas- blanca y negra; se intenta expresar esa unión y confraternidad de razas, que siempre han convivido pacíficamente en estos suelos.

Los horarios pueden ser un problema para los extranjeros. La vida empieza y termina muy temprano. Después de las seis de la tarde cuesta encontrar algo abierto. Es una vida de pueblo, hasta en Gaborone, la capital. En las relaciones sociales también se aprecia. Todos se conocen con todos, y todos saben sobre la vida privada de todos.

Tanta comodidad, como pasa en el norte europeo, trae aparejado el aburrimiento y la falta de estímulos. No hay muchas actividades que hacer. Pasear por los malls (también del estilo de los de Estados Unidos, amplios, de una planta, con sectores a cielo abierto) y ver películas pochocleras de Hollywood es de lo más atractivo que ofrece la capital.

Los registros de infelicidad del país son elevados. Está dentro del top ten mundial. Falta acción, vida cultural y social, movimiento.

Esa monotonía de la vida diaria se repite en los paisajes del país. En un día podes ir de punta a punta los 900 kilómetros de extensión de la ruta que va de Kasungula (la frontera con Zambia) hasta Gaborone (casi en la frontera con Sudáfrica) y no vas a encontrar más que llanuras semiáridas con arbustos amarillentos y algunos árboles que crecen en terrenos arenosos. En la temporada de lluvias los ríos le dan un poco de color al ambiente, y los elefantes y jirafas que podes ver caminando cerca de la ruta la tornan un poco más atractiva.

En cuanto a la política, el mismo partido viene gobernando desde la independencia hasta acá. El sistema democrático es bastante particular, ya que el que gana se lleva todo, no hay prácticamente representantes de la oposición en posiciones de poder. No se votan candidatos sino partidos, cuyos miembros eligen al primer mandatario.

Si bien hay libertad de prensa (hay más de 10 diarios en la capital pese a la escasa población) y libertad política, hace pocos días murió en condiciones dudosas un líder opositor (que antes era oficialista), justo en las vísperas de las elecciones presidenciales de octubre. Esto despertó muchas sospechas y críticas a través de las redes sociales, y la gente empezó a cuestionar al gobierno de Ian Khama (hijo del primer presidente y “padre de la patria” Seretse Khama), aunque el grado de involucramiento no parece ser importante. La vida “cómoda” conspira contra esto.

El refrán “nunca la felicidad completa” aplica mejor que nunca para la realidad de Botsuana, un país que a simple vista no parece tener problemas, pero donde la gente –sobre todo los jóvenes- no parecen disfrutar de su vida y “escapan” a ciudades más intensas en Sudáfrica o Europa.

 

JII. Gaborone, Botswana. Agosto 2014

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Una respuesta a “De paso por Botswana (con fotos)

  1. las fotos se ven con la monotonia q contas……cuantas diferencias en pocos kilometros….me encanto en pool sobre ruedas….muy buena idea

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