Impresiones sobre Zambia

Un país pobre. Es lo primero que uno piensa y ve. Empobrecido sería más correcto decir. Zambia es un reflejo de lo que pasa en muchos países de África, donde las garras del sistema capitalista generan heridas difíciles de sanar, y a la vez son tan descarnadas y tangibles que debe ocultárselas.

¿Será por eso que no tenemos ningún tipo de información sobre este tipo de países, y no nos enteramos de nada de lo que pasa en estas tierras, porque de otro modo veríamos lo más perverso del ordenamiento político-económico global?

Este año Zambia cumple 50 años como “república independiente”. Se libró del dominio político inglés en 1964. Pese a que en la bandera hay una parte roja para reconocer la sangre derramada en las luchas libertarias, no hubo una guerra muy extensa, los británicos se retiraron sin muchos reparos, el trabajo ya estaba hecho, Zambia se convirtió en un país híper dependiente económicamente hablando.

El principal recurso del país es el cobre, que explotan empresas privadas que sólo pagan un porcentaje de sus ganancias al Estado zambiano. Aparte de esto, Zambia es productor de maíz y algunos productos agrícolas que van a parar al exterior, donde se les da valor agregado. En Zambia no se industrializa casi nada. Todo se importa, por lo que el costo de vida es altísimo, y más de la mitad de la población está bajo la línea de la pobreza. Fórmula repetida en Sudamérica, la conocemos muy bien. Somos el grupo de países perjudicados y dependientes dentro del intercambio global.

Pero claro, para lavar culpas, los organismos internacionales –regidos por los países poderosos de Europa y Norteamérica- envían centenares de millones de dólares en conceptos de “ayuda humanitaria” a Zambia, que es un país “estable” en lo político, ya que la democracia burguesa se mantiene sin problemas, con figuritas presidenciales que van sucediéndose en el poder. (No dudo de la buena voluntad de miles de voluntarios que llegan al país con intenciones solidarias y de hermandad de clase, pero no puedo evitar pensar que son parte de algo que a gran escala huele putrefacto.)

La corrupción es otra constante en el país. Los millones que entran como migajas que se caen del plato de los poderosos, más los millones (devaluados, ya que suelen no declarar el 100% de lo que ganan) que pagan las multinacionales que saquean los recursos naturales, son malversados por los gobernantes, que para el afuera deben mostrarse como perfectos alumnos “democráticos” y “republicanos”. De este modo reciben créditos del FMI y el Banco Mundial, que fuerzan ajustes en épocas de crisis y mantienen acogotado al país con deudas impagables. (¿Les suena familiar todo esto a los argentinos?)

Así sobrevive Zambia, con la mayoría empobrecida y una minoría que disfruta de los “malls” gigantescos que se ven en la capital Lusaka, una ciudad deslucida, donde los contrastes son escalofriantes.

Al no contar con grandes atractivos naturales para el turismo (sólo las cataratas “Victoria” en la frontera sur con Zimbabwe), esta es una industria poco desarrollada. Los paisajes de las rutas que recorren el extenso y despoblado territorio (menos de 15 millones de habitantes) son monótonos, áridos, los tonos amarillentos de la vegetación se mezclan con los verdes.

Lo más interesante está en la cultura popular sin dudas, con 73 tribus que conviven pacíficamente y que le dan color al deslucido ambiente. Se hablan muchas lenguas tribales como el Nyamya, el Toga y el Bemba, pero el idioma oficial es el inglés. La comida más difundida es la “nshima”, lo que en Kenia y Tanzania se denomina “ugali”, elaborado a base de harina de maíz, y que sirve para acompañar vegetales hervidos o algún trozo de pollo. La mayoría de la población es cristiana –muy devota-, de distintas congregaciones.

La gente no es tan cálida como en países del este africano (quizá va de la mano con la temperatura, que es más baja y por las noches refresca considerablemente), pero las muestras de hospitalidad siguen siendo sorprendentes.

La vida es cara en general. La comida, a no ser por las verduras que pueden conseguirse en la calle, vale demasiado para los escuetos ingresos de los trabajadores promedio (un maestro de escuela pública -que ganan casi el doble que los que trabajan en el sector privado-, cobra unos 3 mil Kwachas, unos 500 dólares). El transporte también es caro ya que la nafta cuesta más de dólar y medio por litro. Esto hace que más del 60% de la población sea considerada “pobre”; pobreza que se ve en las afueras de las ciudades, en los caseríos perdidos y desolados, que viven de la producción de carbón o algunos vegetales que venden sobre la ruta.

Para algunos puede ser un país que no dice nada, pero para mí dice mucho. Muestra muchas de las cosas que nos quieren ocultar.

Mirá algunas fotos de Zambia

JII. Zambia. Julio/agosto 2014.

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3 Respuestas a “Impresiones sobre Zambia

  1. Escalofriante tu explicación….duele q sea tan cierta….duele q pase delante de nuestros ojos…..tanta injusticia…tanta desigualdad…..

  2. e vivido 12 anos en LUSAKA COM MI FAMILIA MI HIJO MENOR NACIO EN LUSAKA Y PARA MI E VIVIDO LOS MEJORES ANOS DE MI VIDA NUNCA LOS OLVIDARE FUE Y ES UNO DE LOS MEJORES PAISES KE E VIVIDO E VIVIDO DEL ANO 1973 AL 1984 VIVA ZAMBIA

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