Bakari, maestro de corazón

Hace frío en la casa de Bakari. No hay cielo raso y las chapas que ofician de techo, posadas sobre una estructura de madera, no alcanzan para contener el ingreso de las bajas temperaturas nocturnas. Tiene 51 años y hace más de 20 que es maestro en una escuela rural en las afueras de Mbeya, una ciudad en el sudoeste de Tanzania, cerca de Zambia y Malawi.

No puede comprar estufas y menos hacerlas andar, porque los costos de la electricidad se irían por las nubes. La “unidad” cuesta unos 250 chelines (algo así como 10 centavos de dólar), y necesita al menos cuatro por día para tener iluminada la casa con tubos de bajo consumo. Esas “unidades” las adquiere vía teléfono celular. Las paga con el dinero virtual depositado en la cuenta que le provee su empresa de telefonía, y recibe un código que ingresa en el dispositivo ubicado en la entrada de su hogar, que es el que activa el servicio eléctrico.

Su mujer también es maestra. Ella también cobra un sueldo de hambre. A duras penas sostienen la economía del hogar y a sus tres hijas, que están en etapa escolar. La más chica en primeria, la del medio en secundario, y la tercera en el “college”, el paso previo al ingreso a la universidad.

“Gran parte de los empleados públicos en Tanzania son maestros, por eso no pueden pagar buenos salarios”, explica Bakari. A veces no tiene dinero para pagar el transporte (debe recorrer unos 3 kilómetros con un “boga boga” –triciclo a motor- hasta la ruta principal, y luego subirse a un “Dala Dala” –combis que hacen trayectos cortos-), por lo que debe caminar más de una hora a través de las gélidas mañanas montañosas de su humilde barrio.

¿Por qué será que se repiten estos escenarios en todo el mundo, en donde los maestros, que son los que tienen en sus manos el futuro del país, viven en condiciones tan precarias?

Durante la noche Bakari me dio dos frazadas que seguramente dejó de usar algún integrante de su familia, y su mujer cocinó pescado de río con verduras y ugali. La dignidad de los “pobres” conmueve, emociona, eriza la piel. Son ricos en humanidad. La misma pregunta retumba en la cabeza y martilla los estantes donde reposan los preconceptos y prejuicios con los que cagamos desde que tenemos uso de razón, ¿quién carajo nos metió en la cabeza que son los pobres los “malos” y los que “roban”?

Bakari, el maestro de Mbeya, Tanzania

Bakari, el maestro de Mbeya, Tanzania

JII. Mbeya, Tanzania. Julio 2014

 

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Una respuesta a “Bakari, maestro de corazón

  1. Durísimo nota q es realidad tanto allá como acá y como en tantos lugares del mundo…..sobretodo de este mundo desigual y contradictorio…..alguna vez cambiara…..y si cambia evolucionara todo para mejor

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