Dar es Salaam, la no capital (con galería de fotos)

Tanzania es uno de los países más turísticos de África. Acá está el pico más alto del continente, el Kilimanjaro, y uno de los parques nacionales de vida silvestre más grandes del mundo, el Serengueti.

Uno imagina ver una capital desarrollada gracias a los enormes capitales que llegan de la mano de los extranjeros, que también disfrutan de las paradisiacas playas de Zanzíbar, pero tampoco este es el caso.

Dar es Salaam es la ciudad más poblada, donde están los edificios de gobierno, las embajadas, las sedes de las compañías telefónicas más importantes (Tigo, Vodacom y Airtel) y los bancos, pero así y todo no es la capital del país, aunque en la práctica sí lo es. La capital es Dodoma, en la zona central del territorio, pero eso esa denominación es sólo un formalismo.

Al caminar por esta no capital, se aprecian los enormes contrastes presentes en todos los países de África que me tocó visitar. La zona cerca del puerto es donde está la modernidad, que desembarcó con todos sus lujos. Canchas de golf, hoteles cinco estrellas, edificios monumentales de oficinas y departamentos con vista al Océano Índico, y locales de las grandes marcas de las principales multinacionales. Este sector de la ciudad, ordenado y limpio, abarca unas 50 cuadras a la redonda, con calles asfaltadas trazadas en correctas cuadrículas sólo interrumpidas por los caprichos de la naturaleza en la zona costera.

Por esa zona se está construyendo una especie de Metrobus que alivianará los enormes congestionamientos de tránsito, sin dudas el principal problema de la ciudad. Las avenidas que conectan los suburbios con la zona central no dan abasto en las horas pico, que abarcan grandes franjas horarias.

Cerca del lujo se encuentra el enorme mercado de pescado donde empieza a verse la precariedad y rusticidad de la vida cotidiana de la mayoría, con puestos de madera y condiciones de salubridad bastante malas.

Un poco más allá de la zona de negocios, sólo un poco más allá, unas cuadras apenas, empieza la zona de las casas bajas, vecindades donde se arriendan cuartos tipo mono ambientes, que comparten baños sin agua corriente y patios, la zona donde las mujeres cocinan y lavan la ropa. Allí las calles son de tierra arenosa y en algunos casos parecen dinamitadas, con pozos nada amigables para los amortiguadores de los vehículos.

Los “Dala dala” (colectivos de origen chino, que son híbridos entre combis y micros tradicionales) que te llevan a esas zonas de la no capital –que se sigue expandiendo hacia el lado del continente- cuestan unos 400 chelines (menos de 25 centavos de dólar) y van uniendo distintas estaciones en los distintos barrios. Los motoqueros que te llevan hacia la profundidad de los barrios –los llaman “boga boga”- también se encuentran en todos lados. Generalmente están esperando en las paradas de los colectivos y cargan a los pasajeros que se bajan allí pero que aún deben hacer unos metros más para llegar a sus viviendas.

En las casas –muchas de las cuales son de barro, madera y chapas- la mayoría no tiene agua corriente. Compran bidones por 200 chelines, con los que cocinan y se bañan. Los problemas de la electricidad también son recurrentes. Por lo general en esas vecindades llamadas “Guetos” (palabra que proviene de la fusión de dos palabras en inglés: “get together”), funcionan unos dispositivos que proveen energía como si fuera un servicio prepago de telefonía celular. Uno carga crédito en un tablero que da a la calle y tiene electricidad por un determinado período de tiempo, según el monto que pagó. Los pagos suelen hacerse vía celular, un servicio muy extendido en todo Tanzania. Hasta los habitantes de las zonas más rurales del país usan sus móviles para pagar servicios y enviar recibir dinero.

Allí, al interior de Dar es Salaam, también aparecen los mercados callejeros informales, aunque son más ordenados que en otras ciudades. Los puestos de comida también abundan entre el polvo de las calles y el humo de los contaminantes colectivos.

En cuanto a la gente, se ven mezclas fascinantes. Hay muchos árabes e hindúes que llegaron a estas costas tentados por los nuevos mercados que se abrían para sus productos. En la zona central de la ciudad se encuentran grandes mezquitas con estilos arquitectónicos diversos, con torres elevadas y puertas semicirculares con terminaciones en punta. Allí se han formado barrios de musulmanes con sus comercios callejeros y edificios bajos y deslucidos.

También hay iglesias cristianas de las distintas congregaciones, algunas imponentes. Su arquitectura remonta a las épocas coloniales. También se ven edificios añejos con pintorescos balcones, herencia de alemanes e ingleses que anduvieron por estas tierras –haciendo destrozos étnicos y culturales claro está, pero al menos dejaron algo de infraestructura-. Algunos están muy bien conservados y aún se lee sobre la puerta principal el año en que fueron construidos.

Hacia las afueras se ven los representantes de las más de 120 tribus que habitan pacíficamente estos suelos. Viven vidas tranquilas, sin problemas de inseguridad en esta ciudad que por momentos, en las zonas aleadas de los rascacielos modernos, parece un pueblo grande donde el devenir tiene un ritmo más lento, y la dinámica de la cotidianeidad está muy lejos de parecerse a la de una capital mundial.

 

JII. Dar es Salaam, Tanzania. Julio 2014

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