Oferta gastronómica de Ramadán

Ramadán es un mes del año en donde los musulmanes ayunan durante las horas que dura la luz solar. No comen ni toman nada mientras haya luz natural.

Como me contaron hace un tiempo en Marruecos, es para sentir lo que sienten los desposeídos, una manera de acercarse a los necesitados. Es un mes de mucho rezo, introspección y abstinencia sexual.

En Zanzíbar, una isla frente a Tanzania con mayoría de musulmanes, y que bien podría pasar como una ciudad del mundo árabe, durante el día la actividad era escasa. Muchos negocios cerrados (sobre todo los restaurants), y poca gente por las calles.

Pero súbitamente, la fisionomía del lugar cambiaba tras el aullido de una sirena, que, pasadas las 18:20, anunciaba el final del ayuno del día, y daba vía libre para que los fieles se alimenten.

Los llamados a la oración también se hacen escuchar en ese horario. Las calles quedan más desiertas aún. Todo permanece quieto, hasta el aire. No hay más ruido que los susurros frente a las mezquitas. Los musulmanes deben rezar en voz baja como indica el Corán, ni gritando, ni balbuceando, en un tono suave.

Hacia el interior de estos templos sagrados, totalmente alfombrados, sin cuadros ni figuras de dioses o profetas, sólo ventiladores de techo, se ve a los seguidores de Mahoma alineados con sus pies descalzos y sus manos a la altura de la cintura con las palmas apuntando al cielo. Luego se arrodillan y realizan todo el ritual de siempre, acercando la frente al suelo en varias oportunidades.

Frutos de mar por trozo en las calles de Stone Town, Zanzíbar

Frutos de mar por trozo en las calles de Stone Town, Zanzíbar

Tras este rezo, el anteúltimo del día, vuelvo el ruido y el tumulto típico de las ciudades árabes en la calle. Los mercados de comidas se arrebatan de gente. Las ofertas son tentadoras y económicas. Por un lado están los que venden trozos de pulpo y algunos frutos de mar en sus mesitas de madera alumbradas con velas que funcionan a querosén, y le dan un tono amarillento al lugar. La única iluminación es la de los puestos callejeros, por lo que las calles son lúgubres. Se pinchan los pequeños trocitos de frutos de mar con escarbadientes. Se puede negociar si se come una buena cantidad. Son pequeños, la mayoría pincha varias unidades.

También están los carritos más armados, con exhibidores donde posan los pollos asados que se rebanan por cuarto o por medio. Por lo general se lo acompaña con papas fritas, que condimentan con salsa de tomate y chili.

Las mujeres ofrecen “chapatis” (una especie de panqueques), unos panes redondos que parecen tostados a las brasas, y unas masas que parecen pequeñas bolas de fraile. Algunas también tienen pescados fritos, que quedan cubiertos por una costra crocante que les da un color dorado.

Oferta gastronómica callejera en Zanzíbar, Tanzania

Oferta gastronómica callejera en Zanzíbar, Tanzania

También están las señoras más equipadas, con sus mesas de madera y sus ollas llenas de algunas mezclas de papas con salsa, porotos, u otras verduras hervidas que se sumergen en pastas de dudosas procedencias.

Para bajar la comida, están los vendedores de jugo de caña. Aquí tienen unos dispositivos que constan de dos rodillos que comprimen las cañas una vez que el muchacho les da cuerda desde un costado con lo que parece el timón de un barco. El líquido va cayendo sobre un balde con hielo, donde se mezcla con el toque distintivo que le aportan los lugareños, el limón.

También están los vendedores de jugo de tamarindo, con sus baldes transparentes donde se ve el líquido de color entre rojizo y anaranjado. También le dan un toque de limón para cortar un poco el dulzor.

Las parrillas donde se asan los brochettes de pollo o carne vacuna son pequeñas planchas que funcionan a carbón. El humo es otro condimento de las noches de comida callejera.

El aspecto de los bloques de dátiles amalgamados con una especie de jalea sólida y amarronada que le da un gusto dulce difícil de digerir si no se bebe algo al instante, no es el mejor, aunque es de los productos más solicitados. Como consta en el Corán, esta fruta obtenida de las palmeras datileras es la única permitida para romper el ayuno y también en el libro sagrado se insta a los musulmanes a comer dátiles por sus bondades nutricionales.

Los carros de madera de los vendedores de frutas tropicales le aportan más color al escenario lleno de detalles y minucias que lo tornan inabarcable, repleto, saturado. Mangos, sandías, naranjas (que pelan de manera particular, girándolas sobre filosos cuchillos que la van despellejando de a delgadas tiritas y las dejan blancas), bananas, y los pepinos y aguacates que se colan allí. Rojos, amarillos, blancos, naranjas, verdes, que se destacan dentro el oscuro ambiente.

Sin dudas que las frutas más llamativas son los “Liches”, unos pompones rojizos que tienen unos delgados pelos amarillentos, medio gomosos. Se come el interior, de consistencia gelatinosa, que rodea un carozo blancuzco.

"Liches", una fruta de la zona de Zanzíbar, Tanzania

“Liches”, una fruta de la zona de Zanzíbar, Tanzania

El ayuno es prolongado y difícil de sobrellevar, pero la recompensa por el esfuerzo sí que es sabrosa.

 

JII. Zanzíbar, Tanzania. Julio 2014

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Una respuesta a “Oferta gastronómica de Ramadán

  1. q linda descripcion de todas las propuestas gastronomicas callejeras…..esto es siempre muy pintoresco ….aunq a veces es dificil probar estas comidas de dudosa procedencia y sin los controles correspondientes…..

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