Siguiendo a la selección de Messi desde África (parte 1, Kenia)

Marion intentaba mover la antena pero no había caso. La imagen se veía con esa lluvia que torna todo difuso. Se subió al techo del último piso de un edificio de departamentos en las afueras de Nairobi, Kenia, a mover el artefacto de metal que capta las señales de aire pero tampoco logró mejorar la calidad. Al menos volvió el color.

Marion haciendo todo lo posible para que se vea bien la TV, pero no hubo caso

Marion haciendo todo lo posible para que se vea bien la TV, pero no hubo caso

Argentina debutaba contra Bosnia. En Nairobi era la una de mañana, por lo que las tres mujeres del hogar se fueron a dormir. Sakina, la madre de Sandra y tía de Marion intentó permanecer despierta para ver el partido, pero el sueño pudo más. La vida empieza muy temprano en la capital keniana.

KBC, el único canal que tenía los derechos para trasmitir los partidos, captaba la señal oficial para África, con relatos en inglés, y con morenos que comentan el juego en el entretiempo, entre ellos, el reconocido jugador nigeriano Jay Jay Okocha, símbolo de la Nigeria de los 90’, quizá la mejor selección africana de la historia.

Las publicidades locales son llamativas. Un banco ofrece tasas de interés bajas y se ve a mucha gente alegre y bailando por la noticia, meneando hasta bien abajo en plena calle, desde un negro panzón hasta una sexy oficinista y una familia con sus nenes. Un pastor evangélico de alguna de las cientos de iglesias cristianas protestantes que hay en Kenia, ofrece a la audiencia que envíe la palabra “Biblia” al 2251 para recibir consejos, oraciones y pasajes importantes del viejo testamento para tener en cuenta en el día a día.

El relato en inglés es frío. No gritan los goles. Sólo lanzan unos cortantes “¡Yes!”, y algún calificativo como “Spectacular”, en jugadas como las de Messi, cuando desparramó bosnios y la clavó al lado del palo. En los amplios silencios que quedaban durante el aburrido relato en inglés, se escuchaba al “Pollo” Vignolo de fondo con su altisonante relato desde la cabina de al lado.

Había que esperar la repetición para ver la jugada con claridad, la pelota se perdía con la lluvia. Pensaba que en algunos lugares estaban viendo el partido con tecnología 4D o cosas así…

“¡Ah! ¿Messi es Argentino? Pensé que era brasilero…” (Sandra, estudiante secundaria de 17 años, tenía una especie de postal de Messi con la remera del Barcelona en la mesa del comedor.)

En Mtwapa, condado de Kilifi, en la costa de Kenia, Peter, el pastor de una de las tantas iglesias pentecostales que hay en el país, se acomodó en el sillón donde pasaba gran parte del día para ver el partido de Argentina contra Irán que comenzaba a las siete de la tarde. Estaba con Shammah, su pequeña hija de 11 meses, de frente y cachetes prominentes y nariz chata, cuyo nombre significa “en presencia de dios”.

La luz volvió 10 minutos antes del match. La tormenta afuera inundaba las calles arenosas de esta localidad en crecimiento. “Si no volvía la luz te iba a llevar a un bar acá cerca, sé que para vos es importante este partido.” Peter entendía un poco como venía la mano, era el único que comprendía mi necesidad imperiosa de ver el cotejo.

Las mujeres poco se interesaban por el juego. La esposa del pastor se acercaba cada tanto para chusmear, pero estaba más concentrada revolviendo el ugali para la cena. Patrick, el hijo de Beatriz, la jefa del hogar (el pastor y su familia estaban por unos días allí hasta que encontraran un departamento donde vivir), no sacaba los ojos de su iPhone. Las chicas también estaban con sus smartphones; una era la hija del pastor y la otra, de nombre “Corazón” (se ve que la madre es fanática de las novelas mexicanas), de veintitantos, estaba parando ocasionalmente allí porque quería formar parte de la iglesia que están comenzando a desarrollar el pastor y Beatriz.

“Estos no son iraníes, se los llevan de otros lados y los nacionalizan para que jueguen para la selección, como hacen con muchos kenianos a los que le ponen nombres musulmanes.” La mujer del pastor estaba sorprendida por la performance de los iraníes que defendían con fiereza.

En el entretiempo, una propaganda del gobierno de Kenia recomendaba mirar los partidos del mundial en las casas, para evitar aglomeraciones de gente e incidentes. Esto estaba vinculado a los recientes atentados que se adjudicó el grupo terrorista Al-Shabaab, cerca de Lamu, en la costa norte, donde murieron más de 60 personas.

Messi nos salvó del papelón en el último minuto. El pastor lo predijo: “Viste, te dije que ganaban sobre el final.”

“No voy a apoyar más a los equipos africanos. Directamente voy a hinchar por algún equipo europeo que tenga chances de ganar. Estoy cansada de las frustraciones.” (La mujer del pastor estaba decepcionada tras la derrota de Ghana, “las estrellas negras”, que quedaron afuera en primera ronda tras perder con Portugal.)

El bar en Mtwapa tenía cerca de la entrada una pizarra escrita con tiza en el medio de un gran charco de la calle de arena y tierra, donde se anunciaba los partidos del día que se trasmitían por una pantalla gigante tipo proyector, donde la imagen no era del todo clara, pero estaba bien. Argentina-Nigeria sin dudas atraía las miradas de la jornada.

Había algunos blancos entre los asistentes, ya que hay muchos árabes haciendo negocios allí y algunos europeos se están instalando en las costas kenianas atraídos por las bellas playas y los precios económicos; pero la mayoría negra se hizo sentir.

La cerveza fue la bebida más solicitada. Son botellas de menos de medio litro que cuestan un dólar. Las mozas daban la opción de servirla fría o tibia. Como si esto fuera una opción posible… La Tusker es medio dulzona. La Pilsener se adapta mejor al paladar.

De visitante. Pantalla gigante para ver Argentina-Nigeria

De visitante. Pantalla gigante para ver Argentina-Nigeria

No atiné a gritar los goles. Además ya estábamos clasificados. Pero los goles de Nigeria sí se gritaron. Como dice una publicidad especial para el mundial de una marca de gaseosas símbolo del capitalismo, “no importa de dónde vengan, los africanos apoyan a los africanos”, y hacían hincapié en que habría un billón de hinchas alentando a los representantes del continente, a lo que les fue bastante mal.

Messi enmudeció a los presentes, aunque tampoco estaban muy concentrados en lo que pasaba en la TV. Bebían en la barra y en las mesas y miraban de a ratos, entre las charlas amistosas y seductoras. Con la noticia de la clasificación de Nigeria volvieron las sonrisas.

“Costa de Marfil va a ganar la Copa del Mundo, va a dar la sorpresa.” (El vendedor callejero de “Mutura”, una especie de chorizo que se cocina a las brasas en parrillas que parecen argentina, de la localidad de Nakuru, Kenia, erró el pronóstico claramente.)

 

JII. Kenia, junio 2014.

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3 Respuestas a “Siguiendo a la selección de Messi desde África (parte 1, Kenia)

  1. Q difícil pasar un mundial lejos d tu país…no poder contagiarte de la energía q se siente en cada partido AGUANTE ARGENTINA

  2. Pingback: Siguiendo a la selección de Messi desde África (parte 2, Tanzania) | PRÓXIMA ROTONDA·

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