Ruido político

“Breaking news.” En la TV se veía un hombre vestido con traje gris que mostraba en las puertas del parlamento nacional un maletín que tenía estampado el escudo de Kenia, con sus leones aguerridos.

El presupuesto nacional para el período que va de julio de 2014 a julio de 2015 es el más alto de la historia del país. Se habla en los noticieros de los de trillones de chelines (la cotización de los chelines kenianos en ese momento era de 87 a 1 con respecto al dólar) que gastará el Estado.

“Sin seguridad no hay crecimiento”, dijo un congresista en su discurso, donde presentó pormenorizadamente los rubros y áreas en donde se volcarán los suntuosos recursos públicos.

Las cifras más elevadas van para la seguridad. Millonadas de dólares gastará el Estado en las nuevas cámaras de alta tecnología china que se instalarán en las dos ciudades más importantes del país, Nairobi, la capital, y Mombasa, sobre la costa.

El presidente, Uhuru Kenyatta, elegido recientemente en polémicas y muy parejas elecciones, advierte a los “terroristas y ladrones” de que los estarán vigilando muy de cerca con los nuevos equipos y centros de monitoreo que se montarán. Las imágenes de la propaganda donde se presentan estos nuevos equipos, muestra a policías con aparatos que detectan los rostros de las personas y decenas de monitores en modernas oficinas donde se vigila lo que pasa en cada rincón de la city.

En la calle, los herreros trabajaban de sol a sol fundiendo metal y ultimando los detalles de las rejas de los balcones de un edificio en construcción en las afueras de Nairobi. Trabajaban en plena calle de tierra, sin guantes, solo con lentes para protegerse de las dañinas llamas que se utilizan para perforar y darle forma al metal. El estridente ruido de las pequeñas sierras circulares con las que se cortaban los trozos de reja sobrantes era permanente. Era el ruido ambiente que pasaba a ser parte de la atmosfera del lugar. Cuando se detenían, en horas del mediodía y por unos pocos minutos, se apreciaba el silencio y el canto de los pájaros, pero pronto volvía el ruido, el intenso ruido del hierro siendo atravesado.

Herrero trabajando en Nairobi, Kenia

Herrero trabajando en Nairobi, Kenia

“Breaking news.” “#Mpeketoniattacks.” Con ese hashtag debían comentar sus opiniones los televidentes para que los conductores las lean en el noticiero matutino de la señal KTN (Kenya Television Network).

Más de 60 personas, en su mayoría hombres mayores de la tribu Kikuyu, murieron en la localidad de Mpeketoni tras ataques nocturnos perpetrados por grupos armados que dispararon sus ametralladoras a mansalva contra civiles, detonaron explosivos, y quemaron restaurants, hoteles, bancos y comisarías.

Mpeketoni es un pueblo pequeño en el condado de Lamu, en la costa norte del país, cerca de Somalia. El grupo “terrorista” Al-Shabaab se adjudicó el ataque. Colgaron una bandera con la frase “Dios es grande” en uno de los lugares donde se encontraron varias víctimas.

El presidente Uhuru Kenyatta dijo que los atentados no fueron perpetrados por Al-Shabaab -un grupo de islamistas que reclama la salida de las tropas kenianas de Somalia, el conflictivo vecino del norte-, sino que están vinculados a los problemas políticos y tribales del país (él representa a la tribu mayoritaria, los “kikuyus”, y el partido opositor está formado por mayoría de “Luos”).

El Jefe de Estado, que no es reconocido por cerca de la mitad de la población, que cree que las elecciones de 2012 fueron fraudulentas, acusó indirectamente al líder de la oposición, Raila Odinga, arguyendo que quiere instalar el caos en el país. El dirigente opositor descartó de plano tales acusaciones, condenó los ataques, y pidió al gobierno que trabaje para la seguridad del país. A su vez, canceló sus “Rallys” por varias ciudades, denominados “Saba Saba” (siete, siete), en relación a la fecha tentativa de un llamado al diálogo con el presidente, para “discutir los problemas del país”. El oficialismo se niega a concurrir a la reunión. Creen que Odinga sólo quiere compartir el poder y co-gobernar, ante la paridad de los últimos comicios.

En la TV se mostraban las humildes casas quemadas, mujeres llorando, y carpas donde se depositaban los cadáveres antes de ser enterrados.

Las mujeres que venden pescado frito seguían inmutables frente a las llamas de las fogatas que encienden con ramas secas en plena calle de tierra de los suburbios de Nairobi. Sentadas sobre pequeños banquitos de madera, observaban el fuego que iluminaba sus rostros sin gestos en las oscuras noches de la capital. Se siente el ruido del fuego y de las ramas que se resquebrajan y chillan debajo de las sartenes negras donde burbujea el aceite con el que cocinan los pequeños pececitos. Luego los apilan en mostradores improvisados y los vecinos los agarran directamente con sus manos y los ponen en sus bolsitas de nylon para degustarlos en sus humildes hogares.

El locuaz Christian Turner, “alto comisionado” de Inglaterra para Kenia, se mostraba sonriente ante las cámaras de TV que registraron el lujoso festejo de cumpleaños de la reina británica en el centro de conferencias de Nairobi.

En su discurso dijo que el gobierno del Reino Unido sigue siendo “amigo” del de Kenia (su “ex” colonia) pese a que retiraron a varios de sus funcionarios de las embajadas y lugares de trabajo en algunas ciudades del país ante el riesgo de ataques terroristas. Dijo que Inglaterra trabajará conjuntamente con el gobierno de Uhuru en su lucha “contra el terror”.

También descartó de plano que haya una especie de resquemor del Reino Unido ante las cuantiosas inversiones chinas que están arribando al país. “No se trata de una guerra este-oeste. Celebramos las inversiones de China en Kenia. Debemos trabajar juntos para la prosperidad y estabilidad del país.”

Las cámaras mostraban las múltiples bebidas y el grandilocuente cóctel que degustaban decenas de personas vestidas con costosos ropajes en el opulento festejo.

El obrero con su mameluco azul martillaba y martillaba. El ruido de su martillo de cabeza ancha contra los escombros y contra las clavas de acero retumbaba en el aire. Sus gotas de sudor parecían estáticas en su frente. Los golpes tenían un ritmo cansino y acompasado. “!Tac! ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac!” Eran constantes. En una jornada, ese obrero, trabajando desde las 8 de la mañana hasta que no había más luz natural, podía dar miles de martillazos, generando ese ruido latoso que también formaba parte del sonido ambiente en Nyama Villa, un barrio de trabajadores a las afueras de Nairobi.

 

JII. Nairobi, Kenia. Junio 2014

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Una respuesta a “Ruido político

  1. Q contrastes…cosa q se repite en muchos rincones del mundo donde la desigualdad social golpea nuestras retinas y nos duele tanto….injusticia….pobreza…..violencia…..poder…..en vez de libertad….igualdad…..esperanza……Alguna vez veremos un cambio…..sentiremos q todos somos humanos….q todos somos iguales y q merecemos lo mismo…..q seamos felices…..q no haya hambre ni pobreza en el mundo…..q los q están en el poder no quieran más poder ni más riquezas….q no nos mientan….q gobiernen para lograr los cambios necesarios para q seamos felices y podamos vivir como hermanos.

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