Los extraordinarios “matatus” de Nairobi

En Nairobi, Kenia, si querés trasladarte y conocer todos los rincones de la ciudad, estás obligado a subirte a los colectivos. Las distancias en la inmensa ciudad son enormes, por lo que el transporte público se torna algo imprescindible.

La manera más difundida y económica de viajar por la capital keniana es en “matatus”, unos bondis extraordinarios que combinan estilo africano con la informalidad típica de países subdesarrollados.

Son los más elegidos porque cuestan muy pocos chelines. De día 20 (85 a 1 con respecto al dólar), de noche el precio se duplica y hasta triplica, y cuando llueve los choferes y sus ayudantes se aprovechan de los pasajeros para hacer una diferencia y el valor del ticket escala tres o cuatro veces más.

Las paradas y recorridos son arbitrarios. Por lo general unen puntos estratégicos de la ciudad, donde se montan los grandes mercados y donde se encuentran las estaciones de buses más grandes (las estaciones no son como las que concebimos en occidente; allí sólo son espacios dentro del ordenamiento urbano, donde se amuchan colectivos, no necesariamente es un lugar cerrado determinado). Sólo hay que avisar al ayudante donde se quiere bajar y este se lo indica al chofer con un golpe nada sutil en la puerta.

Estos colectivos no se parecen en nada a ningún colectivo de otra gran ciudad. Son como camiones, que tienen una cabina autónoma, donde va el chofer con dos pasajeros, que está separada del compartimento trasero, que está totalmente tuneado.

Un matatu en los suburbios de Nairobi

Un matatu en los suburbios de Nairobi

Cada “matatu” tiene un estilo particular, por dentro y por fuera. Son de colores llamativos, y compiten por ser los más creativos y espectaculares en cuanto a los grafitis que decoran por fuera estos armatostes pesados, latosos, que de no ser por el colorido que le dan los dueños, serían similares a los camiones grises y metálicos que trasladan ganado. (Hay una competencia anual para elegir el mejor “matatu” de la ciudad.)

El verde y el amarillo predominan, aunque se ven algunos negros, purpuras, rojos, violetas, todos con figuras pintadas en el exterior, y hasta formas con relieves. Se ven dibujos de mujeres, algunos garabatos abstractos, los nombres de los “matatus” o su slogan (“El más rápido”, “Siempre a destino”, y cosas así), figuraciones sexuales, animales, también representaciones relacionadas a las nuevas tecnologías, con logos de redes sociales y smartphones, y todo lo que esté en el imaginario de los kenianos. Los diseños son libres, por lo que no se encuentran dos matatus iguales.

Por dentro son lúgubres de noche, hasta tétricos. Están iluminados como si fueran una discoteca móvil, con lucecitas de colores –la mayoría azules- que titilan y que dibujan formas circulares en el espacio. Se parecen a los “trencitos de la alegría” de Buenos Aires, porque también van con música a todo lo que da, disparada por los buffers ubicados adelante del compartimento trasero, en donde está la división con la cabina del chofer y los suertudos que van a su lado sin que sus tímpanos sean atormentados por los enganchados interminables que combinan rap internacional con música local remixada, que retumba en el cerrado ambiente.

Los matatus por dentro

Los matatus por dentro

Los ayudantes del chofer van colgados de la puerta que nunca se cierra y a duras penas circulan por el estrecho pasillo cobrando a los pasajeros. Para que escuchen los destinos hay que gritarles al oído, y para ver las monedas y billetes se llevan los billetes al lado de los ojos para identificar su nominación. Hay filas de tres asientos a la derecha y de dos a la izquierda. Al fondo hay cinco butacas pero viajan seis. No está permitido que haya pasajeros parados, pero donde no hay controles, a las afueras de la ciudad, los pasillos van abarrotados, obligando al roce constante con los que van sentados al lado del pasillo, y entre los que se acomodan como pueden allí, en ese espacio diminuto, donde no entra ni una persona a lo ancho, lo que obliga a ir de costado.

Los ayudantes van gritando los destinos, pero sobre todo los precios, por allí pasa la competencia. En las terminales más grandes las disputas por los pasajeros necesarios para llenar el “matatu” y poder zarpar, son encarnizadas. Te van agarrando del brazo para que subas a su colectivo, vendiéndote el mejor precio.

Son ruidosos para comunicarse con los choferes que por lo general no se detienen mucho tiempo en las paradas y obligan a los jóvenes a pegarle varias veces a la puerta para que el conductor escuche y aguarde a que bajen y suban los pasajeros. Aprovechando el contexto casi festivo, hacen reír a las muchachitas con algunos comentarios al oído antes que bajen o cuando suben. Sin dudas es un boliche móvil. Los jóvenes lo disfrutan, los grandes están resignados, es la única manera de viajar barato. (Hay algunos colectivos con precios intermedios entre los matatus y las empresas privadas que cobran casi un dólar el pasaje, que no son tan ruidosos y coloridos, pero cuesta encontrarlos.)

Roce constante, poca luz, ruido, son el ambiente perfecto para los carteristas. Hay que ir alertas, con bolsillos con cierres si es posible.

Es una experiencia fascinante e irrepetible cada viaje, sobre todo para ver la decoración interna de los “matatus”, con posters de películas, o cantantes internacionales arriba de las ventanas, donde se leen frases relacionadas con la religión, con los prejuicios, con la discriminación, y con modos de ser y vivir en general: “Sólo dios juzgará lo que hago.”; “¿Te preguntaste qué es lo que tú hiciste por los demás?”, y cosas por el estilo.

Son 30 o 40 minutos a pura música a todo lo que da y que no se detiene nunca excepto cuando el chofer agarra algún pozo y los parlantes o el equipo hacen cortocircuito, y el camino regala unos segundos de descanso para los oídos.

Sin dudas que los matatus de Nairobi son el medio de transporte público más espectacular y sorprendente que vi en estos más de cuatro meses en África.

 

JII. Nairobi, Kenia. Junio 2014.

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2 Respuestas a “Los extraordinarios “matatus” de Nairobi

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