Rastafari área

“¿Rasta área?” Los falsos guías saben que los “ferenji” (como llaman a los extranjeros) buscan conocer un poco más de la comunidad Rastafari que se formó cerca del pueblo Shashemene.

El muchacho me indicó el camino hasta la “iglesia” y museo de los seguidores del ex emperador Haile Sellasie, al que consideran el último heredero (el número 225) del Rey Salomón de Israel, y lo ven como una especie de mesías negro. Obviamente que toda indicación o ayuda se paga con propinas a los insistentes muchachos.

Allí, en la entrada, hay un cartel que indica que no se puede ingresar con alcohol, drogas, armas, con la cabeza cubierta, y las mujeres que están en su período deben esperar siete días para poder ingresar.

El lugar tiene una forma circular. En el medio hay un pequeño escenario, también circular, con dibujos del León de Judá (el símbolo de los herederos de Salomón) y del símbolo de “amor y paz” (dos manos juntando sus dedos índices y pulgar), con un poste en el medio, que sostiene el techo de chapa tipo choza.

El ambiente es abierto, amplio, con piso de tierra; las paredes tienen recuadros como si fueran marcos de ventanas, que dejan ver hacia el interior del “Tabernáculo” llamado “Nyahbingi”, donde todos los sábados se realiza la ceremonia de adoración a Sellasie, en donde los asistentes fuman marihuana y también la queman en dos especies de hogueras de piedra que hay dentro del lugar sagrado.

El "tabernáculo" rasta en Shashemene, Etopía

El “tabernáculo” rasta en Shashemene, Etopía

Las decoraciones son banderines con los colores de la bandera Rastafari (los mismos que la bandera de Etiopía; la única diferencia es que ahora la bandera de Etiopía ya no tiene al León de Judá en el medio, ya que se cambió por una estrella que simboliza el respecto a las múltiples etnias y religiones que conviven en el país). También hay grandes banderas colgadas del techo con dibujos de Sellasie a caballo, en su trono y junto a otros referentes de este movimiento o religión.

Según me contó el más anciano del lugar, que me guió por el pequeño museo que hay detrás (la entrada es gratuita pero a cambio piden una “colaboración” para mantener el lugar), todos los creyentes de cualquier religión pueden presenciar las ceremonias y traer sus biblias, pero ellos adoran a Sellasie, el “rey de reyes”, símbolo de la paz y la unión africana, que murió en 1975 tras ser derrocado por un grupo de militares que decían ser marxistas. Pero para ellos no murió. “¿Vos crees que tu creador murió?”, preguntó el anciano moreno con barba enrulada, despareja y con algunas canas, que usaba un gorro de lana con los colores rastas. No podía decirle que sí.

Allí en el museo se ven más cuadros del guía de los Rastas, algunos muy llamativos, como el que muestra “la interpretación de los negros” de la última cena, con Sellasie en el medio, y sus discípulos, todos de raza negra, alrededor.

También hay un cuadro que muestra una pintura del siglo VI, teóricamente una de las primeras representaciones de Jesús, con una silueta y un rostro muy parecidos a los de Sellasie, pese a que éste nació muchos años después de que se realice esa obra, como dando a entender que este emperador fue una especie de mensajero de la modernidad, un nuevo profeta al que los rastas le rinden culto.

El museo donde se rinde culto a Selassie

El museo donde se rinde culto a Selassie

También hay una especie de lista de reglas sagradas, donde se hace apología del consumo de marihuana. El anciano me explicó: “El pan y el vino son creaciones humanas, nosotros usamos la marihuana que es algo natural”.

Alrededor del templo hay plantas de marihuana por todos lados. “Acá no viene la policía”, me explicó otro de los que parecían vivir en el lugar, y me mostró un cigarrillo de gran tamaño de esta yerba prodigiosa. Tras recorrer el lugar de ceremonias ante la mirada de otros muchachos que fumaban y vagaban por ahí, quiso venderme una pulsera macramé por 10 dólares. La cosa se puso un poco tensa cuando me negué a comprar artesanías ya que había colaborado con el museo y no tenía más plata.

Otro rasta que me vio con hojas de marihuana en la mano me increpó y me preguntó de mala manera por qué la había cortado, pero el guía lo frenó diciéndole que él me las había dado –cosa que era verdad-. Ensayé todo tipo de excusas para no comprar nada, y el muchacho terminó entendiendo; “bueno si no tienes no tienes”, pero los otros buscas que andaban a la caza por ahí se mostraron menos amigables aunque no pasó a mayores. El ambiente rasta, descontracturado, parece totalmente trastocado por las necesidades.

Fue así que me topé con otra particularidad de este indescifrable país, que tuvo como Emperador (del 30 al 36 y de 1941 a 1974) al que hoy es considerado casi como un dios por los rastafaris. Para los “marxistas” que lo derrocaron era un mero representante de la aristocracia de país que hambreaba al pueblo. Fue así que de una monarquía se pasó a un gobierno comunista, que el 1991 cayó con toda la Unión Sovietica, dando paso a la democracia de hoy día en Etiopía, donde no hay oposición y se persigue y desaparece a todo el que critica al partido gobernante.

 

JII. Shashemene, Etiopía. Mayo 2014.

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