Los porteros de combis

En Addis Ababa el transporte público tiene como protagonistas estelares a las combis azules y blancas que unen las distintas y distantes localidades de esta capital desorganizada, que esta desperdigada por montañas de más de 2000 metros de altura.

Los choferes de las combis son osados, de gran muñeca, pero sin dudas que todas las luces y los flashes se los llevan sus ayudantes, ellos son los verdaderos actores centrales de la obra del paisaje cotidiano, que día tras días se aprecia en la capital etíope.

Generalmente son jóvenes, no más de 25 años, de notable destreza y forma física. Su tarea consiste en abrir y cerrar la puerta corrediza de las combis, cobrar a los pasajeros, y capturarlos de la calle para llevarlos a sus destinos.

Antes de empezar el recorrido, en las estaciones centrales, como Megenagna (que pronuncian como “Medganania”), o Bole, o Piazza, estos muchachos, mientras el chofer aguarda con el vehículo en marcha, dan vueltas entorno a la combi gritando el destino final de la misma, y las paradas intermedias más importantes. A veces se paran en la puerta, sujetados de los vértices de la misma, para tener mejor perspectiva de la turba humana, y divisar a aquellos que desean lo mismo que ellos, subir a la combi y llegar a algún lado.

A medida que se juntan pasajeros los van acomodando al interior para que ocupen todos los lugares, incluido el espacio que queda al lado de la puerta corrediza, donde no hay butacas, sino que se coloca una pequeña madera rectangular y alargada, arriba de la rueda trasera derecha; el lugar menos cotizado sin dudas. Todos lo esquivan, no sólo porque es incómodo para el trasero, sino que obliga a pararse y bajar del vehículo cada vez que alguien de la fila de atrás o de una de las del medio quiere descender.

El portero de la combi también pide por favor a los pasajeros que viajan atrás, que se amontonen un poco así entran cuatro en las tres butacas.

Las combis azules y blancas, el medio de transporte por excelencia en Addis Ababa

Las combis azules y blancas, el medio de transporte por excelencia en Addis Ababa

Ya con el vehículo en marcha, estos incansables trabajadores empiezan a cobrar. Los precios, de 1,5 a 5 birrs (20 a 1 con respecto al dólar). Son muy prolijos con el manejo del dinero. Van amontonando los billetes en orden, según su valor; los de 1, que obviamente son los más gastados, tornan el fajo bastante abultado. Con las monedas, que amontonan en la misma mano, ya que con la otra deben ir abriendo y cerrando la puerta, van haciendo ruido como para despabilar a los pasajeros más lentos a la hora de abonar el viaje.

Ni bien se desocupa un lugar en la combi, los porteros sacan medio torso por la ventanilla, con la combi en movimiento, y siguen gritando el repertorio de destinos. Tienen ojos de lince para captar potenciales clientes. Con un doble golpe al techo indican al chofer que se detenga para cargar otro transeúnte. Con el vehículo aún en movimiento comienzan a deslizar la puerta para abrirla, bajan, hacen subir al pasajero, vuelven a subir, se acomodan en un espacio pequeño al lado de la puerta, la cierran y sigue el recorrido, todo con una sincronización y velocidad asombrosa, entrenada y estudiada.

Su amabilidad es cambiante. Algunos se muestran más amigables para brindar información, otros sólo dicen sí o no cuando se le pregunta por algún destino. A las que no parecen querer mucho, o al menos no le llevan el apunte, es a las muchachitas que ofrecen monedas. Se ve que el cambio es cotizado y deben obtener alguna comisión en este intercambio, pero los porteros las ningunean, les corren la mirada y a veces ni les responden cuando se acercan a las combis a ofrecer su servicio en algún cruce de calles importantes.

La tarea de estos muchachos por lo general es captar clientes, pero cuando llega la noche, y ya son de las últimas combis que circulan por la ciudad, su labor es otra: detener la turba humana que se abalanza sobre los vehículos para ganar un codiciado lugar. A las 9 de la noche ya se comienza a complicar el traslado por la city y comienza la dictadura de los taxistas y sus precios nocturnos alocados, por lo que los lugares en las combis, mucho más baratas, se tornan muy valiosos.

Es un oficio muy sacrificado y cansador, informal por supuesto. Estos cientos de jovencitos están permanentemente en movimiento, gritando, haciendo cuentas, manipulando dinero, el dinero que ven pasar entre sus manos, pero que se les escurre, sólo se quedan con una pequeña porción, ya que el botín más grande queda en los bolsillos de los propietarios de las combis. Así es como funciona todo, ¿no?

 

JII. Addis Ababa, Etiopía. Mayo 2014.

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2 Respuestas a “Los porteros de combis

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