Addis Ababa, la capital sin centro (con fotos)

Addis Ababa no tiene centro. Tampoco grandes atractivos, sólo alguna que otra iglesia o el museo nacional, donde se ven los restos fósiles de los primeros seres humanos que habitaron la tierra hace millones de años, y que fueron encontrados en este país.

La capital de Etiopía, a diferencia de lo que ocurre en las demás ciudades y regiones del país, es deslucida. Como el país nunca fue colonia de ninguna potencia mundial (sólo fue protectorado italiano cuatro años cuando Mussolini en 1936 ordenó la invasión que no duró mucho), el ordenamiento y la planificación de la ciudad más poblada del país no sigue ningún patrón ni estructura conocida.

Es una gran confluencia de gente organizada por zonas o barrios, que están asentados entre las colinas (la ciudad está a 2100 metros de altura aproximadamente) donde se desarrolló esta enorme capital llena de contrastes.

Cada localidad tiene su sector comercial, donde se agrupan decenas de personas con distintos negocios. Están los zapateros que limpian todo tipo de calzado en sus rudimentarios puestos, las vendedoras de choclo asado a las brasas que se pasan el día entero en las esquinas, sentadas casi en el suelo o en cuchillas, ventilando el carbón encendido para que caliente el maíz, los vendedores de pañuelos descartables y chicles con sus cajitas de madera tipo bandeja, donde exhiben sus productos, y todos aquellos que tienen algún puesto un poco más formal, en alguna casilla de chapa, abarrotada de chucherías y artículos de todo tipo… lentes, adaptadores, artículos para celulares, peines, etc., etc., etc.

Dentro del desorden geográfico y estructural, se destacan grandes avenidas por donde circulan las combis azules, el medio de transporte por excelencia que utiliza la gente para moverse entre las largas distancias que hay entre las distintas zonas comerciales. También están los grandes colectivos dobles, unidos por esos encastres que parecen grandes acordeones, pero su frecuencia no es buena y son lentos, por lo que la mayoría opta por los “taxis compartidos”, como llaman a las combis.

Por las avenidas también se aprecia la atroz desigualdad. Edificios lujosos –generalmente del gobierno, la policía, los bancos, los hoteles, las aseguradoras y los organismos internacionales como la Unión Africana, que tiene su sede allí-, modernos, con terminaciones onduladas, vidriadas, contrastan con los asentamientos precarios de casas de chapas, que surgen y se diseminan por todos los rincones de la ciudad.

No hace falta más que girar la cabeza en las esquinas para ver estos barrios humildes, con calles de tierra, donde está la clase que sobrevive.

Hay obras por todos lados. El “Metro”, proyectado para fines de 2014, cambiará la fisionomía de Addis. Atravesará gran parte de la ciudad, y le dará aires de modernidad a esta capital donde están desembarcando grandes capitales, sobre todo provenientes de China.

El explosivo crecimiento se ve desordenado. Las millonadas que invierten los orientales y los magnates locales (generalmente en infraestructura necesaria para sus negocios) se están volcando alocadamente. No parece haber una planificación, todo va a ritmo muy acelerado. La creciente desigualdad también.

En las afueras de la ciudad se ven barrios privados con casas lujosas cercadas y muchas en construcción, y condominios de viviendas populares recientemente construidos con la clásica arquitectura de este tipo de edificios: rectangulares y todos iguales en forma y color. El problema es que muchos de estos barrios recientemente creados no tienen un centro comercial aún, por lo que para hacer las compras en el mercado, quizá hay que hacer varios kilómetros hasta el próximo conglomerado de viviendas.

En cuanto a la gente, es muy amable con el turista, ofrece su ayuda permanentemente. Es común que los locales se acerquen a hablar con los blancos, que pese a que se ven bastantes, siguen llamando la atención. También están los embaucadores. Tientan al turista con alguna propuesta como ir a comer a un restaurant tradicional, o ir a mascar “Chat” (una especie de hoja de coca boliviana) en algún bar, y terminan sacándole todo el dinero, a veces directamente, y otras veces a través del pago de las abultadas cuentas que llegan luego de que los locales se beben unas cuantas cervezas y no tienen como pagarlas.

Como toda gran ciudad, también en la gente se ven contrastes grandes. Algunos van vestidos de manera muy elegante, estilo occidental, como cualquier capital del mundo. Pero también se ve la miseria descarnada de los que se acercan sin nada a donde circula el dinero, para poder rescatar alguna migaja. Hay muchas personas tiradas por las avenidas, sin nada, muchos de ellos mutilados o con deformaciones. Son la postal más triste de Addis.

Pero también se ven mujeres de una preciosura deslumbrante. Rasgos de la raza negra mezclados con árabes y blancos. Curvas pronunciadas, rostros delicados. Distintos tonos en la piel. La raza negra predomina claramente, pero hay un mestizaje que la torna más clara, amarronada.

Son las caras de una capital pujante, cuya esencia se verá trastocada en poco tiempo por las millonarias inversiones que se están haciendo; el problema es que parecen todas orientadas a lo mismo: negocios. La calidad de vida de las personas no parece importar mucho aún.

Algunas fotos de la capital de Etiopía:

 

JII. Addis Ababa, Etiopía. Mayo 2014. 

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