Primeros pasos por Etiopía

Tras diez días en el agobiante Sudán, y casi 90 en países musulmanes, era buen momento de marcharse. Desde la capital sudanesa, Khartoum, hay un colectivo que por 115 pounds sudaneses (unos 12 dólares), te lleva hacia el este, hasta Galabat, el último pueblo antes de la frontera con Etiopía.

Tras 10 horas de viaje se llega al pequeño asentamiento, donde está la policía fronteriza que se encarga del sellado del pasaporte. Como eran las seis de la tarde, el chofer del bus me indicó que debía esperar hasta el otro día para cruzar la frontera, pero la gestión de un muchacho local –el hermano del que me había vendido el ticket en Khartoum-, hizo que pudiera hacer el trámite el mismo día y cruzar a Etiopía. Claro que estos personajes de frontera siempre están en algún negocio, en este caso, el muchacho sacaba alguna comisión con el cambio de moneda.

Más papeles para llenar a mano con datos personales del lado sudanés, sello de salida y a cruzar a pie la ruta de 200 metros en tierra de nadie.

Al llegar a Etiopía apareció la tecnología, requisa de pasaporte en una máquina digital, te toman las huellas digitales con modernos equipos, algunas preguntas que parecía que se ponían difíciles (como por ejemplo, cuando preguntaron dónde iba a hospedarme y amagaron con hacerme llamar al conocido que iba a alojarme), pero pusieron el sello de entrada y a otra cosa. Control aduanero poco minucioso, con más charlas sobre Messi que otra cosa, y a caminar por Etiopía…

Lluvia de bienvenida

Lluvia de bienvenida

El cambio entre los pueblos fronterizos es enorme, llama la atención. Del lado etíope se vende alcohol, los camiones con cajones de cerveza desembarcan en Metema -el primer pueblo del lado de Etiopía, un tanto tétrico, oscuro-, donde la mayoría pasa a ser cristiana, y habla en Amárico, un dialecto propio, muy complejo, quizá más que el árabe (lo único bueno es que los números son los mismos, no así las letras, ya que tienen sus propio alfabeto con sus símbolos). Del “Shukrán” (gracias), al “Amesegenallo” (se pronuncia “ameseganalu”).

Basta de pounds sudaneses, ahora corren los Birrs etíopes (20 a 1 con respecto al dólar). Basta de la sequedad desértica de Sudán; en Etiopía reina la humedad y en mayo arranca la temporada de lluvia, por lo que abunda el agua.

La tierra arenosa le da paso a la tierra negra; los arbustos amarillentos cambian por verdes y tupidos árboles. También empiezan las montañas a medida que se va rumbo sudeste.

Los contrastes son impresionantes. El cambio de paisaje era necesario. El desierto agota, y en Egipto y Sudán, más allá del Nilo, es la nada, toda la vida pasa por el río, que justamente nace –uno de sus afluentes- en Etiopía.

Los negros ya son amplia mayoría, y los velos islámicos pasan a ser una rareza.

Entre otras particularidades con las que uno se choca al cruzar la frontera, es que en Etiopía viven en otro día y a otra hora. Tienen su propio calendario, con un desfasaje de entre 7 y 8 años con el calendario Gregoriano (el tradicional que rige en gran parte del mundo occidental). Esto se produce por el cálculo distinto del día de la “Anunciación”, cuando el arcángel Gabriel le anuncia a la virgen María que está engendrando a Jesús. En Etiopía son cristianos coptos, ortodoxos, por lo que tienen muchas singularidades y particularidades sus ritos y simbolismos cristianos, ya que no responden linealmente a Roma, sino que tienen sus propias creencias (aunque comparten lo esencial de adorar a la virgen y a Jesús).

Cambio de panorama, predomina el verde

Cambio de panorama, predomina el verde

El calendario etíope tiene 12 meses de 30 días, más un decimotercer mes de cinco días más (seis en los años bisiestos cada 4 años). Actualmente están en el año 2006, pero celebrarán su año nuevo el 11 de septiembre.

Para más extrañezas, no sólo vivimos en otro día, sino que también a otra hora. Los etíopes no se rigen por los husos horarios internacionales, sino que tienen su propia medición horaria. Miden el tiempo en períodos de 12 horas, y están con un desfasaje de 6 horas con respecto a la hora GTM que rige en el mundo. Por lo que a la 1 AM ya sale el sol, y oscurece a las 13:30 o 14 en horario de Etiopía.

Rarezas de un pueblo con una historia riquísima, de las primeras naciones cristianas del globo que nunca fue colonizada, y donde también gobernó el comunismo en la década del 70’ tras desbaratar el sistema monárquico-clerical. Cuestiones que se irán descubriendo en el camino…

 

JII. Metema, Etiopía. Mayo 2014

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