Los bondis en Khartoum

No queda más alternativa que tomarse bondis en Sudán. Las distancias en la capital, Khartoum, son enormes. La ciudad está cortada por los dos nilos, el azul y el blanco, provenientes de Etiopía y Uganda respectivamente, por ende, hay decenas de puentes que conectan las distintas partes de la ciudad y también te llevan a Ondurman, la localidad vecina.

Además, no hay otro medio de transporte público, ni metro, ni tranvía, ni tren, ni nada por el estilo, por eso el desfile de combis de acá para allá es intenso. Para distancias cortas está la opción de los “toc toc”, como se conoce a las trici-motos, que son bastante económicas, pero caras en comparación con los colectivos.

Los bondis no tienen letreros ni números y son viejas combis de origen chino e indio. En la puerta lateral, ubicada un poco más delante de la mitad derecha del vehículo, un joven va gritando el destino y las paradas intermedias importantes. También hace señas. Índice arriba, apuntando al cielo, o índice abajo, señalando el suelo. La primera opción indica que cruza un puente, segunda opción, que sólo llega al final de la avenida o calle, hasta la próxima estación importante. Las estaciones son terraplenes con pasarelas largas en cuyos extremos tienen carteles en árabe que indican el destino o la orientación de los colectivos que allí estacionan a la espera de pasajeros.

Adentro hay varias hileras de tres asientos (dependiendo del largo de la combi), dos del lado izquierdo, y uno del lado derecho. También dos personas van al lado del chofer. Lo curioso son los asientos plegables ubicados en el pasillo de acceso a las butacas de adelante y de atrás. Estos se transforman en apoya brazos cuando el bondi no está lleno, o en asiento cuando está repleto. Se les baja el respaldo, y se elevan hacia un costado cuando nadie los usa.

Hasta que el vehículo no está lleno no sale, por lo que la salida está totalmente bloqueada para los que se ubican atrás o adelante ya que los asientos plegables arrancan el recorrido ocupados. El reacomodamientos de pasajeros es constante. Se van distribuyendo por los asientos a medida que van bajando o subiendo más personas. Siempre se procura dejar libres los asientos plegables. Es como un tetris humano. Las piezas se van moviendo y encastrando en cada parada.

No hay apuro para los movimientos. Todo se hace con tranquilidad. Los que bloquean la salida se paran, pliegan el asiento, dejan bajar a los de atrás o a los de adelante, y ocupan esos lugares que dejan los que llegaron a su destino.

El ayudante del chofer es el encargado de cobrar. Por lo general vale un pound sudanés el boleto (8,5 a 1 con respecto al dólar), quizá 2 ó 3 dependiendo las distancias, pero no más de eso. Con un chistido y un gesto con su mano llena de billetes de uno, dos, cinco y diez pounds, el muchacho apura a los distraídos para que paguen. También usa sus monedas, chocándolas en el interior de su puño cerrado, para despabilar a los de mano lenta que se toman su tiempo para abonar.

Todo se maneja con sonidos. Nadie habla. La gente va en silencio y por lo general las ventanillas van a medio abrir, porque a veces el viento caliente que proviene del exterior es peor que el calor interno.

Para indicar que querés bajar, se hace un chasquido con los dedos. Más de uno por lo general. El ayudante, cuando escucha, replica el sonido para que escuche el chofer, y cuando la persona ya bajo hace otro sonido pero con su boca, como pronunciando varias “S” seguidas, como para indicarle al conductor que ya puede avanzar.

Parecen muy aceitados los curiosos métodos comunicacionales que utilizan los choferes y sus ayudantes. Ya tienen el oído entrenado. No hacen falta palabras. Todo se maneja con esos ruidos.

La oferta de destinos es abundante y suele no haber problemas para conseguir movilidad, excepto en horas de la noche o en horas pico o los fines de semana, cuando escasean las combis, y la gente corre al verlas llegar a la estación, y los muchachos con mejor estado físico entran por las ventanas para ganar un codiciado lugar.

 

JII. Khartoum, Sudan. Abril 2014

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Una respuesta a “Los bondis en Khartoum

  1. me encanto tu descripcion….hasta me imagine los chasquidos y sonidos q se escuchan adentro de las combis…..

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