La realidad brota

La realidad brota. Siempre lo hace. Khartoum muestra la cara más afable de Sudán. Todo parece ordenado, estable, allí todo está bajo control de los militares. La imposibilidad de comunicarse con la gran mayoría de las personas, que no hablan inglés y sólo se manejan con el árabe que aprenden en la escuela, torna difícil remover la cáscara de la city. Pero al rasgar un poco esa cascarita, esa superficie artificial -no mucho, sólo un poco-, la herida empieza a sangrar.

Por más que se quieran esconder bajo la alfombra los conflictos de un país -los gobiernos militares son especialistas en intentar esta utópica tarea-, siempre fluyen hacia la superficie, su propia fuerza, incontenible, los empuja de algún u otro modo hacia el exterior, para romper ese cerco forzoso, esa máscara con la que son cubiertos.

“Todos se quieren ir del país”; “Acá no hay oportunidades para los jóvenes y los salarios son malos. En Arabia Saudita o Dubai se gana cinco o seis veces más”; “La situación empeoró desde la independencia del sur, aumentó el precio del combustible y de todas las cosas”. Testimonios llegan en el boca a boca, por lo bajo. Las quejas con el gobierno no se ocultan puertas adentro. Quizá para el afuera no se ventilan, pero en la intimidad surgen casi instantáneamente, como cuando uno se quita un peso de encima.

La forma de gobernar, con la ley Sharia de por medio, no convence ni a los propios musulmanes. “Usan la religión como otro mecanismo de control, para que la gente no piense”.

Escucho y obedezco. Ese es el ideal que persiguen los militares en el poder. Pero la juventud no resistirá mucho bajo este aparato de contención religioso-militar.

“En septiembre hubo muchas protestas y cientos de muertos”. La gente se quejaba por la continua inflación y la respuesta fue terrible, como cuando la primavera árabe contagió a los sudaneses, que cansados de la opresión, salieron a la calle y la matanza de civiles fue cruenta.

Pero acá no se sabe nada. Los medios responden al gobierno, y la prensa extranjera tiene el acceso muy restringido al país, y por lo general también responde a intereses ajenos, de las potencias, por lo que la información siempre hay que tomarla con pinzas.

La situación en Darfur (al oeste del país, en la frontera con Chad) parece no afectar en la capital, pero de cuando en cuando, estalla algún conflicto que la torna visible, o al menos, llama la atención de los ciudadanos de a pie, adormecidos por la cotidianeidad apacible de la ciudad más importante del país.

“Mataron a un joven de 19 años en una protesta estudiantil en la universidad de Khartoum. Ni siquiera respetaron a la familia en el entierro, allí la policía arrojó gases lacrimógenos.”

Testimonios sueltos, aislados -dentro del mundo de fantasías de Khartoum-, que muestran el costado más sanguinario del régimen que gobierna este país que cuenta con enormes riquezas naturales poco desarrolladas (petróleo, minería, gas, agua), y que muestra índices de pobreza que alcanzar casi a la mitad de la población.

 

JII. Sudán. Abril/mayo 2014.

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2 Respuestas a “La realidad brota

  1. Tremendo relato…..cruda realidad …que se repite en todas las latitudes del mundo….sobretodo donde se juntan pobreza….desigualdad….falta de libertad….poder…e intereses……

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