El Nilo en estado puro

Las calles son arenosas. El calor es sofocante en Dongola, al norte de Sudán. La gente se guarda en horas de la tarde, no es broma el sol.

Acá el ritmo no sólo lo marca el Islam con sus cinco rezos diarios, sino que también lo marca el termómetro. Pasado el mediodía, hasta las 5 o 6 de la tarde, el desierto se torna más desierto. Solo quedan en las polvorientas calles las grandes tinajas con agua que los vecinos ofrecen a la comunidad cuando un familiar muere, para que la gente beba de allí y de esa manera se limpien los malos actos de esa persona en tierra y tenga una mejor estadía en el otro mundo, al lado de Alá y el profeta Mahoma.

Las casas de materiales rústicos, como las de barro en el norte argentino, sirven de refugio en horas donde el sol es fulminante. Las precarias camas están al aire libre, en los ambientes más grandes de las viviendas, para sentir si llega un poco de la brisa cálida del Nilo.

Este río es un verdadero milagro de la naturaleza. Pasar de suelo arenoso a suelo sembrado, verde, con vida, en cuestión de pasos, desconcierta e impacta por el marcado contraste.

La hermosa virginidad del Nilo en Sudan

La hermosa virginidad del Nilo en Sudan

Cerca del Nilo todo cambia de color, allí se respira y se contemplan las aguas que riegan estas tierras. Sin ellas, la nada.

En Dongola, las zonas cercanas al Nilo están vírgenes, no hay construcciones cercanas y nadie te ofrece paseos en barco. Sólo se ven algunos morenos bañándose y refrescándose. Hay algunas pequeñas playas naturales donde el hombre aún no metió la mano, que tienen una hermosura difícil de encontrar en otro lugar.

Es el único sitio habitable. Muchos se acercan allí a tomar impulso para seguir sus vidas ante el agobiante calor.

Los sudaneses son tan amables y amigables que pese a no entender nada de inglés quieren hablar con el foráneo. “Salam Aleikum”, dicen. Siempre se desea la paz antes de empezar cada conversación en el mundo árabe. Es el saludo tradicional, y es el saludo en el paraíso, así lo dijo Mahoma en sus revelaciones coránicas. Pero luego el intercambio se torna dificultoso. Palabras de un lado, miradas llenas de interrogantes del otro. Respuesta con más palabras que no hacen más que aportar al ruido. Miradas. Silencios. Gestos y señas que intentan reemplazar a esas palabras que no se están decodificando correctamente. Más palabras de un lado. Quizá algo suena familiar. Se repite lo que se escucha. El otro cree que el interlocutor entendió, pero no, no entendió, sólo repitió y al rato olvidará lo que dijo. Más intentos fallidos. Más señas. No hay caso, no se entiende nada. Por lo general, todo termina con el pulgar en alto y una sonrisa, símbolos universales.

Ante el fallido comunicacional, en algunos lugares de Sudán sólo queda mirar el río y disfrutar de su virginidad y su naturalidad.

 

JII. Dongola, Sudán. Abril 2014.

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Una respuesta a “El Nilo en estado puro

  1. lastima q sea tan dificil comunicarse con este pueblo amable….poder intercambiar ideas….conocer su historia , sus creencias, sus vivencias en ese lugar tan lejano y q conocemos tan poco….o solo conocemos lo q nos cuentan…..

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