Abismo generacional

Mohsen tiene 43 años. Maneja su taxi para subsistir y mantener a su esposa y sus cuatro hijos. Es un moreno muy amable, que habla buen inglés y tiene un trato sumamente servicial con el extranjero. En el pasado trabajó varios años en una multinacional que le hizo ganar bastante dinero, pero las buenas épocas se acabaron.

“Antes de la Revolución trabajábamos mejor”, dice convencido. Los convulsionados años posteriores a las jornadas de movilizaciones masivas en la plaza Tahrir (la más recordada es la de 25 de enero de 2011), en el contexto de la “primavera árabe” y la caída del dictador Hosni Mubarak (con atentados y grescas armadas), según él, no fueron positivos para Egipto.

“Ya nadie quiere a Mursi y a los Hermanos Musulmanes”, expresa. Este grupo fue el apuntado por los medios por ser el instigador de las explosiones y el caos callejero. Poco se puede confiar en los medios de un país donde gobierna un grupo de militares a punta de ametralladora.

Para él, ni Mubarak (el militar que gobernó durante 30 años hasta 2011) ni Mursi (el presidente que eligieron la mayoría de los egipcios en 2012 luego de la “Revolución”, en lo que fueron las primeras elecciones presidenciales de la historia) tenían “un plan” para sacar al país adelante. El mejor gobernante para él fue Anwar el-Sadat (militar y político, presidente y primer ministro entre el 70 y el 81): “Con él, Egipto creció el doble.”

Ante la incertidumbre de la situación actual, se anima a decir que prefiere que se queden los militares que dieron el golpe de Estado para sacar a Mursi antes que haya otras elecciones, como se rumorea que habrá el mayo de este año.

Aunque no se anima a hacer predicciones, cree que si gana Sisi las futuras elecciones (Sisi es la cara visible de las Fuerzas Armadas, el candidato del statu quo, amado por unos, odiado por otros) los jóvenes volverán a hacer una “Revolución”.

Para Mohsen es casi como un enfrentamiento generacional. “Los viejos sólo queremos seguridad”, explica.

“Dicen que no hay trabajo pero no es verdad, a los jóvenes no les gusta trabajar, sólo se preocupan por ponerse gel y mirar la internet”. Reduccionismo fachistoide. Cabe destacar que el sueldo de un joven egipcio precarizado en un multinacional -5 jornadas laborales de 9 horas-, ronda los 1000 pounds egipcios, unos 140 dólares.

Para justificar su afirmación, Mohsen pone como ejemplo una empresa de seguridad privada de la que iba a estar a cargo y necesitaba 3000 trabajadores. “Llegaron cinco, aún estoy esperando. Quieren empezar trabajando pocas horas y cobrando sueldos altos”.

“¿Sos periodista?”, pregunta ante tanto interrogatorio. Del tema político no se habla mucho con extranjeros. Hay temor a hablar.

 

JII. El Cairo, Egipto. Abril 2014.

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