El mito de viajar de noche

Un gran mito que ha proliferado por las rutas de bajo costo reza: “viaje de noche, se ahorra el hospedaje”. ¡Vaya sugerencia!

La sentencia encubre trampas ocultas bajo la autocracia de las sumas y restas. La matemática simple no cuenta todo el cuento. Para empezar, lo que se ahorra en dinero se gasta en físico; cuello, espalda y piernas sufren por igual. Se dirá “que va, se recupera con una siestita”, pero los kilómetros se acumulan y los músculos, las articulaciones y los huesos tienen buena memoria para el maltrato.

Es posible que entre las opciones exista un transporte con mayores comodidades. Más confort, más dinero. En tal caso, ¿por qué no mejor dormir a gusto y viajar de día en las mismas condiciones nefastas que se haría habitualmente? El cuerpo sufre mucho menos la falta de confort cuando no se duerme.

No hay que menospreciar la falta del condimento rutero esencial: la ventanilla, que nunca defrauda. La curiosidad de los paisajes mata cualquier tedio, sin importar de cuantas horas se hable. De noche, solo habrá penumbra, líneas que se adivinan montañas, siluetas imposibles de determinar y pueblos desiertos pobremente iluminados. El mito no incluye en su simplista operación de primer grado a la ventanilla, inestimable método de la observación y el conocer.

Otro inconveniente es que, usualmente (por no decir siempre), viajar de noche significa llegar a horarios raros. Cuatro de la mañana, cinco con viento a favor. Por algo es barato, por algo fue el elegido.

Y créalo, porque no existe máxima incomprobable más cierta, las terminales son el sitio en el que más frío hace en cualquier ciudad. Mal dormido, con el cuerpo destrozado, el frío se siente incluso un poco más. La espera a que el sol salga y permita insertarse en la ciudad de destino es larga y cruel. El único refugio posible: la infusión local, en esta ocasión preparada por una señora que increíblemente ya lleva un buen rato amasando crepes versión marroquí. El tabaco, en las condiciones físicas dadas, sabe a rayos, y el aguado té se enfría en un santiamén o dos.

Solo se debe viajar de noche en caso de rutear con agenda acotada y regreso inminente, cuando no existe ninguna otra alternativa, o si el azar opta por obsequiar las circunstancias apropiadas respecto a comodidad, inversión y horarios de partida y de llegada. De lo contrario, no merece la pena.

 

NC

Guelmim-Ouarzazate -Marruecos

26 de febrero de 2014

 

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