“El turco de Haedo”

“¡Eh, River Plate! Yo también soy argentino…”. El vendedor de DVDs callejero de Tetuán no tenía pinta de argentino ni de cerca. Parecía uno de los tantos buscas que andan detrás del turismo tratando de ganarse la vida en el océano de la informalidad.

“Estuve en Argentina, tengo papeles de argentino, pero yo soy hincha del ‘Fortín’”. La cara de árabe, con la nariz medio en gancho, su color de piel mestizo y cabello oscuro empezó a tomar forma más familiar y parecía la fisionomía de un porteño más cuando empezó a usar palabras de la jerga callejera de Buenos Aires.

“Lo seguía a todos lados a Vélez. Fui a la cancha de Platense, la de Español, de Ferro, y bueno, la de River, Boca, Independiente… Ahí me conocían todos como ‘el turco de Haedo’”.

Hamid tiene 43 años, y viajó a la Argentina en 1991, tentado por la burbuja del 1 a 1, y porque quería cumplir su sueño de ser futbolista profesional, ya que en Marruecos no era un profesión muy bien paga en esos momentos.

Pero la suerte le fue esquiva y tuvo que rebuscárselas para salir adelante. Fue tachero durante un tiempo, por eso conocía las calles de la Ciudad a la perfección. También fue remisero por el conurbano, mantero en Avenida Corrientes, donde vendía ropa, y hasta llegó a tener un bar-pool por la zona sur.

Vivió siempre en Haedo, y formó una familia junto a una mujer judía, con quien tuvo una hija que hoy tiene 14 años. “Que mezcla rara, ¿no? Un musulmán y una judía”, preguntó riéndose, mostrando las encías peladas, ya sin dientes, con su gorro de lana y sus chancletas del Barcelona.

Después del fervor de 1 a 1 y el dinero fácil, vivió la devaluación y la crisis monetaria, con los patacones como papel de cambio en una Argentina a la deriva.

Como muchos inmigrantes, se volcó a la venta de drogas, tentado por el dinero fácil en un sistema que por derecha no le daba soluciones, pero que por izquierda le ofrecía un bienestar jamás imaginado. “Y… la ambición…”, atinó a decir ‘el Turco’ cuando le preguntamos por qué se volcó al mundo de los narcos si no le iba tan mal.

“Estuve en cana tres años, en la Melchor Romero”. Cada tanto cae un perejil para que no sea tan evidente la connivencia con las autoridades.

‘El Turco’ era mula, llevaba merca a España. Costaba muy barata en Buenos Aires, y allá se triplicaba o cuadruplicaba el precio. Llegó a meterse un kilo de cocaína en el estómago, en cápsulas de 10 gramos. Cuenta fácil: se tragaba de a 100 cápsulas –para lo cual debía hacer una dieta especial los días previos- y luego las defecaba. “La vida es difícil, hay que hacer de todo”. Según contó, alguien lo botoneó en el aeropuerto. De poco le valieron sus “contactos” cuando la policía lo descubrió.

Su causa ya está cerrada porque cumplió su condena, por lo que desea volver a Argentina, de donde se fue en 2007, tras los tres años que pasó en las sombras.

“Tengan cuidado, hay muchos garcas que se hacen los guías”, nos dijo argentinamente y ofreció su ayuda y consejos durante nuestra estadía en Tetuán.

 

JII. Tetuán, Marruecos. Marzo 2014.

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Una respuesta a ““El turco de Haedo”

  1. Q encuentro increíble…una historia q se repite por todo el mundo…y muy triste por la frustración de lo no conseguido y por lo q casi siempre caen…..

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