20F

“En el movimiento hay comunistas, socialistas, ultra-religiosos, y quienes como yo no sabemos bien que queremos para lo que viene después”.

El muchacho de barba desprolija, flacuchón, estudiante, hablaba con mucho espíritu, quería contar, expresarse. Mientras bebía su cerveza –algo muy mal visto por los musulmanes es la ingesta de alcohol-, decía orgulloso que en su ciudad de origen, Taza, fueron los primeros del movimiento que se animaron a discutir la figura del rey, y pidieron la transformación del sistema en su conjunto, y no sólo reformas aisladas.

Cuando habla del “movimiento” se refiere al 20F, la variante marroquí de la “primavera árabe” que se inició en Túnez en 2010, y sacudió todo el norte de África, teniendo como principal foco de conflicto Egipto y Libia.

En Marruecos también hubo primavera árabe, que estalló el 20 de febrero de 2011 –de allí lo de 20F- pero es menos conocida porque no fue tan masiva, y por la astucia del rey Mohamed VI, que hizo los retoques necesarios en la Constitución como para apaciguar los caldeados ánimos y seguir con su “poder sagrado” por encima de todos.

Pocos meses después de las movilizaciones por todo el país, pidiendo cuestiones básicas como viviendas, trabajo, la baja del precio de los alimentos, libertad de expresión y cambios en el modelo de gobierno –en Marruecos hay un rey que tenía poderes absolutos y hacía y deshacía a gusto, ahora se limitó un poco pero sigue siendo el “guía de los musulmanes”, y quien tiene la última palabra-, Mohamed VI impulsó una reforma constitucional, avalada en un referéndum, que mutó el sistema de gobierno en una especie de monarquía parlamentaria, con nuevas figuras como el “Presidente de Gobierno” –que nombrará ministros y manejará varias cuestiones sensibles del Estado-, que es el representante del partido más votado en las elecciones.

En los comicios para conformar ese nuevo parlamento, los islamistas moderados del Partido de la Justicia y del Desarrollo, arrasaron obteniendo la mayoría.

Todos estos “cambios”, hicieron que se aplaque el fervor “revolucionario”. Pero claro, no sólo hubo un prolijo maquillaje, sino que también hubo persecución a los líderes de los grupos más rebeldes.

“Hoy hay compañeros míos que todavía están presos. El rey ha dejado manifestarse, pero han reprimido de manera estratégica”, explicó el muchacho que cree que deben seguir las protestas pese a que han perdido fuerza.

También uso su poder más sensible, el de “Jefe Espiritual de los musulmanes”, bajando un discurso pacifista, tranquilizador, para que la gente se desmovilice. Según un representante de la Asociación Marroquí por los Derechos Humanos, Youssef Raissouni, “el régimen está trabajando mucho en contra de estas manifestaciones. En el rezo de los viernes siempre hay un discurso de los imanes (NdR: los viernes son los días importantes de rezo y oración, y los “imanes” son los que más conocimientos tienen del Corán y suelen dar clases en las mezquitas en esos días donde acuden más fieles). El gobierno ha dado instrucciones de que digan que hay que mantener el sentimiento de pertenencia a la patria, que la población esté tranquila, que hay que preservar la tranquilidad y la seguridad. Millones de marroquíes van a escuchar eso”.

Pero como siempre, deberá llegar la hora del mea culpa. La falta de organización de estos gritos heterogéneos por cuestiones que parecen disímiles pero que pueden englobarse en una lucha común, ha llevado a esta pronta desintegración del 20F.

De todos modos, la zona sigue candente y la coyuntura es favorable para reactivar estas movilizaciones populares. Se ha dado un primer paso importante, criticar al rey en estos países es casi como meterse con dios. De hecho, en varios lugares nos han hablado de las cuestiones “intocables”: “dios, la patria y el rey”.

Varios osados han derribado la barrera más férrea, la del miedo, y han expresado su malestar con esta forma de gobierno arcaica y opresora, que parece parte del pasado, pero que en estas latitudes aún conservan un poder “supremo” y “sagrado”. Derribar toda esta estructura erigida con la religión como pilar constitutivo para lograr la libertad y autodeterminación de los pueblos es una tarea faraónica que sólo se logrará con organización y lucha.

 

JII. Marruecos. Marzo 2014.

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