Derby español a la marroquí

Los bares ya habían cambiado la habitual posición de sus sillas una hora antes del comienzo del juego, y los primeros espectadores ya se ubicaban en los mejores jugares. Por lo general, en los bares marroquíes, las sillas no están enfrentadas en las mesas, apuntan hacia la calle, todas en hilera, como para contemplar la vida pasar.

Pero el momento lo ameritaba; los dueños de los bares y cafés las giraron unos 90 grados como formando una platea, todas mirando hacia los televisores pantalla plana que tienen colgados en algún rincón de los ambientes de diversos tamaños.

El derby español se vive como en Madrid o Barcelona. La gente en Marruecos es muy pasional con el clásico y la disputa Ronaldo-Messi. Chefchauen (o Chefchaouen, las traducciones de los nombres árabes son dispares), un pueblo de montaña al norte del país, no es la excepción. Los hombres, jóvenes, adultos y ancianos, estaban pendientes del match desde varios días antes.

El cuadro de Messi decorando el bar de Chefchauen, Marruecos

El cuadro de Messi decorando el bar de Chefchauen, Marruecos

En la previa, para pasar el tiempo, miraron por la fuerza un partido local entre el equipo de Agadir –una ciudad costera en el sur-, y otro de Tetuán -una ciudad muy coqueta entre montañas en el norte-. Estaba caliente el encuentro tras el descuento de los locales. El moreno que marcó el 1-2 tras celebrar el gol se puso de rodillas en el campo y acercó la frente al pasto para agradecerle a Alá.

Pese a la incertidumbre por el resultado final, el dueño del bar cambió de canal cuando faltaban apenas unos minutos para el final. Prefirieron ver los comentarios previos del partido que era la verdadera cita de los allí presentes. Nadie le dijo que vuelva a poner el partido local, a nadie le interesaba realmente.

En el reducido espacio del bar había unas 30 personas. Era un ambiente de unos cinco metros de largo por cuatro de ancho, con la barra al fondo con sus exhibidores vacíos, y una pequeña escalera al costado que te llevaba al piso de arriba, que se veía pequeño, oscuro, con apenas dos o tres mesas apretadas contra el balcón que daba al ambiente central, que tenía la pintura vieja, descuidada.

Arriba del muy concurrido baño, que estaba al lado de la puerta de entrada, anexado a la fuerza, estaba la pantalla de TV de tamaño considerable. Sobre el techo del pequeño baño incrustado allí en el rincón, todo el cablerío con las conexiones de los codificadores y los equipos para recibir las señales del exterior.

En la pared del lado derecho de la entrada, un cuadro con un collage de imágenes de Messi, con la bufanda del Barcelona colgada debajo. Unos metros más cerca de la barra, un cuadro con el equipo del Real Madrid con su respectiva bufanda debajo.

La parcialidad estaba dividida, aunque eran mayoría los madridistas. Todos los hinchas del Merengue se ubicaron bordeando la pared de la izquierda, en dos hileras de sillas interrumpidas por mesas de plástico blancas.

Los del Barcelona estaban frente a la barra del fondo, en dos hileras pero menos numerosas, ubicadas a los ancho.

Las mujeres con sus velos islámicos pasaban por afuera y ni miraban hacia adentro. No era un territorio permitido para ellas, el acceso estaba reservado para hombres, es su lugar de esparcimiento y socialización.

Tampoco se veían niños. Algunos entraban para pedirle algo a los padres pero salían rápidamente. Cuando uno se quedó sentado un rato en una silla delante de todo -que estaba vacía porque de allí no se veía bien la TV que estaba muy alta-, fue sacado por el dueño del bar con su sutil golpecito en su cabeza.

Café con leche era lo más solicitado. Leche con un poco de café mejor dicho. Té con hierbas era la otra opción. El dueño del bar, que vestía un saco cuadriculado claro, que parecía muy abrigado, de pelo gris y canoso con bigotes finos al tono, pasó a cobrar por las mesas antes que termine el primer tiempo. Luego merodeó un poco de la barra a la puerta y salió afuera en varias ocasiones para ver si alguien arrancaba la segunda vuelta. Pero no hubo caso, cuando promediaba la segunda mitad, se relajó y se sentó en una silla frente al televisor, en primera fila, donde había que inclinar la cabeza hacia arriba para poder mirar.

El griterío ante cada jugaba de riesgo era infernal. Los seguidores de Messi arrancaron eufóricos, pero con los goles de Benzema los madridistas se despabilaron y desahogaron. Con la gran actuación de la “Pulga”, que sigue batiendo récords, se fue contenta esa minoría que resistió las cargadas durante gran parte del juego.

“A la bin, a la ban, a la bin, bom, bam. Barsa, Barsa, Baaaaarsaaa”, cantaban eufóricos. Uno de los barcelonistas le hacía gestos a uno de los más jovencitos que había gritado con fuerza los goles del Real como para escucharlo mejor, con una mano en el oído y con la otra haciendo un gesto como para que elevara el tono de su voz. El adolescente no respondió y se hizo el distraído.

“Yalla yallaaaa…”, repetían ante cada avance peligroso, algo así como “vamos, vamos…”. Todo era un bullicio generalizado. Hubo pocos momentos de silencio en algún pasaje del partido en el que los jugadores bajaron su intensidad. Cuando enfocaban a los DT o a los hinchas, se escuchaban algunas palabras o sonidos que parecían burlas y estallaban carcajadas. Todo parecía ameno, aunque a veces parecía que subían el tono de las discusiones.

Los curiosos que andaban dando vueltas por las calles se apelotonaban en la puerta del bar cuando escuchaban algún grito de gol y se reían de los cruces internos que se volvían acalorados ante cada jugada de riesgo.

Cuando terminó el encuentro, las calles del pequeño pueblo se superpoblaron. Algo inusual a las 10 de la noche, horario en el que la mayoría ya se guarda. Todos salieron a la vez de los bares, de vuelta para sus casas o en busca de algo para cenar. Se veían algunas charlas que seguían analizando el juego y sus jugadas polémicas con tres penales incluidos.

Fue un domingo atípico en Chefchauen. El pueblo cambio su apesadumbrado ritmo y devenir cotidiano por el gran acontecimiento del día, un partido de fútbol de un país que otrora fuera su colonia.

 

Chefchauen, Marruecos. Marzo 2014. JII

Anuncios

Una respuesta a “Derby español a la marroquí

  1. Como en cada lugar del mundo…el fútbol no tiene idioma…ni creencia…ni raza……y Messi nos enorgullece ….grande pulga

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s