De la ciudad nueva a la Medina de Fez

Es una ciudad con una arquitectura y una distribución desconcertante. Está dividida por sectores en distintos lugares de las colinas y montañas que sirven de base para las edificaciones, y le dan un toque paisajístico único, ya que cada sitio elevado en las afueras de la urbe regala una vista distinta y fantástica de Fez.

Por un lado está la ciudad nueva, donde las calles son amplias, los edificios modernos -cuadrados y vidriados- y se encuentran los autos de alta gama y gente vistiendo a la moda. El burka ortodoxo es raro entre las mujeres allí. Las que lo usan son las que están pidiendo limosnas. Las muchachas se animan a algunos escotes, jeans ajustados y plataformas.

La ciudad nueva de Fez, Marruecos

La ciudad nueva de Fez, Marruecos

Los rostros se asemejan a los europeos en el norte de Marruecos. En Fez particularmente, ya que fue la cuidad donde se refugiaron muchos árabes que habitaban la zona del sur de España (hasta donde llegó el imperio) y que fueron expulsados por los católicos allá por finales del siglo XV, por lo que hubo mucho cruce racial.

Mc Donalds, Carrefour, Shell, una ciudad más, pero en vez de catedrales enormes, mezquitas con sus impresionantes torres elevadas, que desentonan, llaman la atención. En estos sitios más modernos, están mejor cuidadas, con azulejos coloridos o figuras talladas sobre sus paredes, que están pintadas prolijamente.

El contraste con La Medina, la ciudad vieja, es atroz. Todas las ciudades tienen su “Medina”, ese era el nombre de la ciudad donde se refugió “Mahoma” (el gran profeta y mensajero del dios Alá para los musulmanes cuyas revelaciones dieron pie a la escritura del Corán) cuando fue expulsado de La Meca, hoy Arabia Saudita.

En ese enorme conglomerado de casas y edificios viejos, de material, pero precarios, con rocas unidas con un cemento extraño, no hay lugar para los autos; por las estrechas callejuelas de baldosas y adoquines sólo andan motos y burros.

La Medina de Fez es realmente grande, y está cercada por una muralla añeja que aún se conserva con sus terminaciones con pequeñas puntas cónicas, como las clásicas de los castillos de las películas de historia.

Los ingresos a este sector de la ciudad, el más atractivo para el turismo, son enormes puertas con la tradicional forma árabe, esa especie de semicírculo con pequeñas puntas que sobresalen en los costados y en la parte superior.

Adentro todo es un gran laberinto; no hay calles paralelas, todos son pasillos que parecen pasadizos y es difícil saber qué hay del otro lado. Es realmente fácil perderse, ni el GPS se orienta allí adentro.

Los pasillos de la Medina de Fez, Marruecos

Los pasillos de la Medina de Fez, Marruecos

Hay zonas con edificaciones que superan los cuatro pisos por lo que el sol no alumbra la calle en todo el día. Los edificios se proyectan sombra unos a otros. Hay que voltear la cabeza hacia arriba para ver el cielo. Estas rústicas construcciones, con pinturas descascaradas, puertas metálicas, sin revoques ni mantenimiento, parecen envolverte, atraparte, juntarse en lo alto como las copas de los árboles en algunas avenidas porteñas. Por momentos es asfixiante.

Para ver las mezquitas que están dentro de la pintoresca y romántica ciudad antigua hay que alzar la vista porque si no se pierden como un edificio más desde el llano. En las colinas que bordean la ciudad sí se ve cómo se destacan por su altura.

En el caótico planeamiento urbano, de golpe aparecen pequeñas plazas de no más de 50 metros de diámetro, amorfas, de cemento, formadas entre edificios, con desniveles, en medio de una conjunción de caminos que desembocan y se conectan allí. Un poco de cielo para los habitantes de la zona.

Las casas parecen encastradas unas con otras, como para aprovechar hasta el más mínimo espacio. Por eso por dentro son tan desconcertantes, sin ambientes cuadrados o rectangulares, sino que hay paredes en diagonales, pequeños cuartos que parecen incrustados a la fuerza y llamativas conexiones entre habitáculos con estrechos pasillos, o improvisadas escaleras.

Las zigzagueantes calles principales de la Medina, un poco más anchas, con sus subidas y bajadas, están plagadas de coloridos mercados. Está el sector de artesanos –que incluyen alfombras, lámparas y demás-, el de vestimenta y zapaterías, el de frutas y verduras, el de panaderos y en algunos sectores donde las calles se ensanchan un poco más por el devenir de la arquitectura antigua, están los restaurants con sus mesas en plena calle.

Las ofertas son abrumadoras; la información satura. Es desgastante el murmullo constante. Por la disposición de los edificios, parece que estas en un ambiente cubierto, cerrado. Hay buscas de todo tipo, como en toda ciudad turística. Algunos ofrecen su compañía como guía, o sólo funcionan como nexo con algún comercio. La mayoría de ellos vende droga.

Por esos pasillos estrechos se respira un ambiente más religioso, con la gente vestida con sus ropas tradicionales. Allí sí hay velos y burkas, y los hombres andan con sus túnicas o turbantes.

En las callejuelas más pequeñas están los talleres donde se producen muchas cosas de las que se exponen en los mercados y las casas de los trabajadores y personas que viven de ese pequeño comercio tan difundido y extendido. Inexplicable como resiste tanta oferta; la demanda no parece tan vasta.

La diferencia entre un día normal y un viernes es grande. Es el día de descanso y oración para los musulmanes. Son los días perfectos para recorrer la ciudad sin ser abrumados y poder disfrutar de todos sus rincones.

Es alucinante el contraste y esta convivencia entre lo nuevo, lo “moderno” y lo viejo, lo “antiguo”. Hay dos claros y marcados espacios. Uno de ellos se empecina en permanecer inalterable, rememorando otros tiempos, y otro está en continuo movimiento, en constante transformación y “progreso” hacia algo no muy claro, hacia ese lugar que tiende a igualar a todas las ciudades aportándole nuevos rasgos y elementos “novedosos”.

Es extraño y complejo de entender cómo se articulan ambos mundos que tienen cada uno sus ritmos y particularidades y parecen estar a miles de años de distancia, pero que indefectiblemente tienen que tener vías de contacto más allá de lo comercial y religioso, porque ambos están transitando esta misma era.

Entre ambas ciudades, nutriéndose un poco de cada una, confluye Fez, un lugar cautivante.

Mirá la Galería de fotos de Fez.

Fez, Marruecos. Marzo 2014. JII

Anuncios

2 Respuestas a “De la ciudad nueva a la Medina de Fez

  1. Pingback: Galería de fotos: Fez, Marruecos | PRÓXIMA ROTONDA·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s