Situación terminal

Los extraños horarios de los buses “públicos” de larga distancia de Marruecos obligan a pasarse varias horas en las terminales en plena madrugada para no andar vagando por las ciudades de noche.

La terminal de Fez, a diferencia de otras, estaba muy poblada pese al horario, y muchos puestos de comida ya funcionaban a pleno preparando desayunos. Estos pequeños locales estaban ubicados en el medio del patio cubierto que estaba rodeado de las ventanillas de ventas de pasajes. Grandes columnas sostenían el pasillo del primer piso en donde había algunos restaurantes y puestos de telefonía.

Ese pasillo del primer piso, que rodeaba todo el salón interno de la terminal, servía de techo para varias personas, que abajo, en la planta baja, se acurrucaban sobre cartones para dormir un poco más calentitos y contrarrestar el frío piso de mosaico.

La terminal de Fez, con las primeras luces del día

La terminal de Fez, con las primeras luces del día

Toda la terminal estaba bien iluminada por las luces de los puestos que se apelotonaban en el centro del ambiente, que tenía techos muy altos. Esto permitía ver las descascaradas pinturas y la mugre del suelo.

Los sonidos de los televisores que mantenían entretenidos a los comensales se superponían, al igual que el olor a diferentes comidas mañaneras, como sopa u omeletes.

Como parte de la escena, varios personajes que parecían extraviados rondaban los puestos, en busca de alguna sobra o de algún cigarro. Uno de ellos, con remera Adidas amarilla gastada y sucia, que parecía no sentir el frío, pasaba cerca de las mesas haciendo sonidos extraños como emulando felinos. Tenía la piel de la cara amarronada de la suciedad, como su pelo.

Otro iba con la mirada fija en el suelo, y se acomodaba una y otra vez la remera, el buzo, y la musculosa blanca que llevaba arriba de las mencionadas prendas, a contramano de lo normal. Tenía pelo ondulado y piel clara, parecía de menos de 30. Se desabrochaba continuamente los pantalones para volver a abrochárselos por encima de los ropajes que le cubrían su torso. No quería que se filtre nada de frío por ningún lado.

Un señor mayor, moreno, con el pelo negro crespo, que estaba sentado en una de las sillas plásticas de los puestos de comida en uno de los rincones de la terminal, se frotaba las piernas y se reía de una señora de unos 50 años que vestía una túnica azul con capucha, que gritaba y daba portazos a unas puertas que daban a unos ambientes sin uso aparente.

El policía de servicio salió corriendo cuando se oyeron unos vasos caer y todas las miradas apuntaron al centro de la terminal. Los curiosos se pararon para ver la confusa escena que no pasó a mayores.

Los gatitos merodeaban y pedían a su manera algo de comida. Había muchos.

Un viejito, que vestía sobretodo gris gastado y gorro de lana, que apenas dejaba ver su nariz y sus ojos, caminaba en círculos con sus manos en los bolsillos relojeando las mesas por donde habían desayunado algunos más suertudos que él.

Desde las ventanillas de venta de pasajes, que en su mayoría tenían alguna foto del rey en algún recuadro o simplemente pegaba con cinta adhesiva a la pared, se empezaron a escuchar las ofertas de los principales destinos: “Rabat”, “Casa”, “Marrakech”.

El primer llamado a la oración del día pasó casi desapercibido. En algún cuartito, sobre frazadas, se vio a algunos que se arrodillaron para hacer sus plegarias.

Una mujer se puso a hablar en voz alta. Parecía eufórica. Hacía ademanes como si estuviera tomando un arma larga. El empleado del puesto de comida frente al cual la señora se había detenido, asentía con su cabeza con cara y gesto de resignación, sin decir una sola palabra. La mujer buscaba contacto visual con otras personas que estaban desayunando. Todos la evadían, miraban la TV o hacia otro sector, hacían como si no veían ni escuchaban nada. Ella seguía hablando fuerte, pero al no encontrar cómplices se alejó y se fue a rondar por otros rincones de la terminal.

A eso de las 6, con la entrada de la luz del día por los vidrios rotos de una de las puertas laterales, llegaron los diarios.

Los que dormían contra las paredes, sobre los cartones, comenzaron a levantarse suavemente. Algunos se dieron vuelta buscando una comodidad que jamás encontrarán.

Cambio de turno del policía. El entrante, alto, delgado, con sobretodo azul, bigotes finos y su tradicional gorra, echó al muchacho que hacía sonidos de gatos, que con cara de bronca, se fue hacia el lado de la puerta. El oficial, con su pie derecho, movió los cuerpos de los que aún dormían por los suelos. Una especie de despertador de cuero y bastante agresivo. No decían nada, sólo recogían sus cartones, los guardaban cerca de los cajones donde descansaban las botellas de gaseosa vacías de los puestos y se iban. Pasó otra noche. Se pasó otra noche.

Postales de una típica terminal de una gran ciudad. Con solo verla uno se da cuenta que arribó a un gran conglomerado urbano. Los paisajes son similares. Es una zona de postales tristes, refugio de los sin techo y los olvidados. Caras de cansancio, ambientes lúgubres, sin brillo, como para sólo estar de paso.

Fez, Marruecos. Marzo 2014. JII

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Una respuesta a “Situación terminal

  1. Muy buena tu descripción….gracias por comppArtir esta postal q se repite muy similar en todas partes del mundo civilizado….

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