El dios dinero, el dios universal

La excusa es terminar el mate de la tarde. En realidad, la noche llegó hace rato. Después de varios días de intensas cebadas, el colega local ya se acostumbró. Y hasta lo disfruta, incluso sin azúcar. Es una conversación de dos sujetos que ya se conocen un poco, que ya se dejan llevar por la espontaneidad de la confianza. No queda lugar para la vergüenza de las ideas ni la precaución ante la posibilidad de una incomodidad. Las cautas sinceridades iniciales se cuentan en pretérito.

Los temas son los mismos de hace unos días, los mismos de siempre, pero las barreras idiomáticas no son tales. Cada uno sabe elegir mejor sus palabras teniendo en cuenta a su interlocutor. La comunicación fluye como el río, sin diques de la consciencia; no tiene ya posibilidad de ser de otra manera.

El puntapié lo da el colega local, quien pregunta por una opinión del Corán. Imposible. Recién va la mitad de Al-Baqarah, la segunda parte. Existe, inicialmente, una sorpresa respecto a la conexión del islam con el judaísmo y el catolicismo, desconocida previamente. Reconoce al resto de los profetas, sus enseñanzas, su valor intrínseco. En todo caso, el islam se erige como una ¿continuidad? ¿una evolución? ¿una condensación? ¿una conclusión? de aquellos. Es una suerte de sincretismo, uno grande y muy extraño para quien poco conoce del islam.

Interrumpe y refresca una idea: el Corán, si bien intenta aglutinar, llama a los musulmanes a respetar y a convivir con el resto de las religiones. El verdadero islam es el que abre los brazos al resto de las personas. Mientras lo dice una media sonrisa captura su rostro, sus ojos se achinan un poco, como un reflejo de sinceridad. No es su razón la dueña de esas palabras, sino su espíritu.

Dejo un espacio de silencio para que sus declaraciones permanezcan unos instantes en el aire, que se adueñen del momento, que extiendan toda su potencia. Ahora sí es el turno. Sin pensar en la coherencia de la conexión, arriesgo una explicación. Después de todo, ¿qué hacen dos ateos vagando por territorios donde la religión influye y hasta determina la norma social? El camino elegido tiene por uno de sus motivos el tratar de comprender a las otras culturas, a las que son diferentes a la propia, y, ojalá, ayudar a los demás en esa comprensión. El entendimiento es el necesario paso previo al respeto y, eventualmente, la aceptación de lo diferente.

Recibe las palabras y ensaya unas líneas que parecen una disculpa inconsciente. No es enojo lo que la produce, sino tristeza. Algunas personas creen que ser un buen musulmán es ir a rezar a la mezquita y nada más. Luego salen y engañan por unas monedas, miran con desdén al turista extranjero, no les importa el de al lado, solo sus propios negocios. Saben las palabras de dios, pero no viven las palabras de dios. El dinero hay que ponerlo en el bolsillo, no en el corazón.

Bueno, algo parecido sucede en otras religiones y otros países. Muchos creen que rezar cada noche, ir a misa los domingos y llevar la cruz en el cuello es ser un buen cristiano. Las enseñanzas de Jesús, aquellas que dicen pregonar, se quedaron en la escuela primaria. Lo que importa es el dios real, el dios dinero, el dios universal.

Toma la reflexión. Quizá lo reconcilia en su tristeza. Aunque todavía no pudo salir al extranjero y ver, percibir y sentir la otredad, tiene avidez, es curioso, hay búsqueda en su espíritu. Tales circunstancias no estimulan su ignorancia; al contrario, su intuición se agudiza, sus sentidos se fortalecen. Con un poco le alcanza para entender; aun con las diferencias y las particularidades, cosas parecidas suceden en este lado del mundo.

Sabe de la basura que se vende por los medios masivos (los de acá y de afuera) y así lo deja claro. Es consciente de la porquería que esgrimen los poquitos que están arriba. Los que odian, los que provocan guerras, los que permiten y alientan que seres humanos asesinen a otros, los que fabrican y distribuyen las armas, los que exportan caos y muerte donde sea que unos dólares puedan esconderse. Los que mienten por el gas y el petróleo, los que hacen negocios cuando las luces se apagan, los que se proclaman dueños del mundo y las decisiones. Los que dicen adorar a un dios y actúan bajo las consignas del otro, su verdadero dios, el dios dinero.

Lo importante radica en eso, en que ellos son poquitos, los menos. Los otros, los de abajo, somos más. Somos casi todos. Las frías e indiscutibles matemáticas concluyen que la transformación no solo es posible; es inevitable. Sería cuestión de ignorarlos, de olvidarlos, de enterrar su prédica, de hacerlos a un lado, de obligarlos a que sean sus dedos los que jalan el gatillo –a ver si de verdad tienen agallas-. Por desgracia, la matemática es sólo un factor, una parte de la ecuación; son muchas las x que entorpecen. Están los que convencen -los de arriba-, pero abajo hay muchos convencidos. Un regreso, de algún modo, a los motivos del camino.

La conversación, en su propio movimiento, parece la evidencia del discurso general. Un acérrimo musulmán, un acérrimo ateo. El móvil ni siquiera es acercar posiciones. Tampoco se busca, por supuesto, convencer al otro. Es solo una charla, una de muchas, entre dos seres con brazos, piernas, ojos y orejas; que respiran, se alimentan y van al baño. Es un diálogo entre dos personas diferentes, pero, y especialmente, dos personas iguales.

 

NC

Agadir, Marruecos

16 de febrero de 2014

Anuncios

Una respuesta a “El dios dinero, el dios universal

  1. Nico:
    Vivimos sin duda en una sociedad en la que se tiende a “agrupar” a las personas ya sea por su religión, nacionalidad, preferencia sexual, o nivel socio-económico.
    La información (¿o debería decir desinformación?) que nos llega desde los medios de comunicación, creo que no hace más que generarnos falsos prejuicios acerca de las personas que no “encajan dentro de nuestro grupo”.
    Vale decir que, de alguna forma nos han clasificado, y nos han metido dentro de una canasta, y quien lo ha hecho pretenden que nosotros creamos que nuestra cesta es mejor que la de al lado.
    La forma en la que nos imponen eso, es sencilla. Nos hablan mal de ellos, nos intentan cerrar nuestras cabezas, para que tengamos miedo y/o rechazo hacía lo desconocido.
    Cuando fui a Londres, en 2005, terminé viviendo en la casa de un nigeriano musulmán. Fue el mismo año del 7-J, cuando la predica anti-islamica reinaba de este lado del mundo, por medio de Fox, CNN y otros medios masivos. Al hablar con la gente de aca, me daba la sensación de que ellos creían saber más de mi compañero de piso que yo. ¡Una locura!
    Meses después volví para Argentina, y tuve la suerte de conocer a otro musulmán, me habló de su religión, de Jesús como profeta y entendí lo mismo que vos “¿continuidad?”, sinceramente me enseño bastante, y continuo sacándome la venda de los ojos.
    Y en Barcelona he conocido otros tantos, y he tenido la suerte de presentárselos a distintas personas que han sido reacios al principio, por eso del temor a lo desconocido que mencionaba antes, pero que hoy conservan amistad con ellos luego de yo haya regresado a Argentina.
    En fin, creo que la mejor manera de conocer a la gente, y de borrar cualquier tipo de barrera social impuesta desde afuera, es simplemente asomar un poco la cabeza por fuera de la canasta para ver si en otra hay alguien haciendo lo mismo. Siempre la hay. y siempre que se vean se darán cuenta que son frutos del mismo árbol.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s