Que disfrute del viaje

La terminal de autobuses públicos de Marrakech es, efectivamente, la materialización exacta de la palabra caos. Se siente, se percibe en cada uno de sus rincones, aún más de noche. Muchos tipos ofrecen a los gritos un pasaje para ir a cualquier lado, mientras agitan en sus manos un modesto block de tickets. Fes y Casablanca son los destinos que más se escuchan. El precio, claro, depende de la cara del comprador. Van y vienen, se mueven, negocian, hablan por lo bajo, pasan el brazo por el hombro de un potencial cliente. Se acercan a todos, pero insisten solo en los casos que ven buenas chances de conseguir una venta, especialmente si el fulano tiene pinta de extranjero; ahí obtienen el margen.

Los “dueños” de la terminal se dividen en dos. Unos están en la puerta, a la caza de potenciales pasajeros. Se enfocan en tratar de vender asientos en los micros que están por llenarse. Como buenos vendedores marroquíes, tratan de adivinar el idioma del interlocutor, sonríen con generosidad y prometen la tarifa más baja.

Los otros organizan la movida junto al micro. Son los de experiencia, los verdaderos patrones del asunto. No andan con vueltas. Parcos y resolutos, tienen el olfato desarrollado para percibir cuando está la posibilidad de sacar algunos dírhams extra. Se saben todas las excusas, todas las mañas. No pierden ni un chico.

Los micros son unos semicama un poco destartalados, pero suficientes para quienes no profesan su fe al dios confort –a menos que el viaje sea largo y de madrugada-. Los asientos no se reclinan, y de ser posible, utilizar la palanquita sería una desconsideración muy grande para quien va detrás. Los apoyabrazos no siempre se quedan en la posición correcta para cumplir su función.

Solo inician viaje si están llenos; con el volumen de demanda, especialmente antes del fin de semana, los vehículos a los destinos más populares salen a cada rato. Éste arrancó rápido. En diez minutos llenó la capacidad restante, algo así como la mitad del micro. A los bocinazos limpios, trata de abrirse paso en medio del hormiguero que es la entrada de la terminal. Bicis, motos, pasajeros, transeúntes, merodeadores, intermediarios, carretas con frutas y verduras, vendedores de pañuelos de papel, otros buses. En todo momento parece estar a punto de protagonizar un accidente.

Mientras tanto, el líder de un grupo de siete u ocho adolescentes discute con el pelado que maneja las cuentas. Es el mismo que sospechó que el colega local quiso morderle la merienda, al comprar los tres billetes él y presuntamente hacer una movida con nosotros. El pelado se ofuscó, pero de inmediato recobró la claridad y mostró su habilidad en esto del intermediación: reclamó diez dírhams por cada mochila que iba al maletero. Un lírico de su oficio.

Con sus compañeros ya ubicados, el pibe sube y baja. Dos veces. Va con su bandita a la cancha, a ver al Raja Casablanca contra el equipo local. No deben llevar mucho dinero, por lo que negocian hasta el último dírham con dos o tres tipos distintos. La última palabra la tiene el pelado, que va arriba del bus.

El caos le da tiempo al pibe para hacer sus maniobras. El micro se detiene apenas antes de cruzar la puerta y ahí se queda dos o tres minutos. No hay por donde pasar. Justo cuando el chofer encuentra el momento para salir a la calle, el pibe vuelve a subir. Parece que arregló. Le da unos billetes medio deshilachados al pelado y encara para el fondo con una sonrisa, a reunirse con la banda; el pelado cuenta hasta las monedas de un dírham.

Dos de ellos van sentados en el pasillo, o en un apoyabrazos –lo cual explica la situación de algunos de ellos-. Por las siguientes cuatro horas serán los protagonistas del micro, a ratos alborotadores de la paz: conversaciones a los gritos, juegos manos, cargadas a una señora que habla por teléfono, cigarrillos ahí nomás y una insólita repartida de mandarinas entre los pasajeros del fondo tras la parada para comer.

El bus cruza la puerta, dobla a la izquierda y, finalmente, despega, rumbo a Agadir.

NC

Marrakech, Marruecos

14 de febrero de 2014

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3 Respuestas a “Que disfrute del viaje

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