El taxi-bondi marroquí

El colega local le hace una seña. El taxi para. Parece ir lleno: tres pasajeros atrás, uno adelante, más el chofer. Número máximo en cualquier sitio conocido. Dudamos. Ellos hablan en árabe y acuerdan. Nos miran, haciéndonos un gesto de que entremos. Dudamos otra vez. El colega insiste, mientras el taxista carga las mochilas grandes en el baúl. Las dudas persisten. El colega aclara. Éstos, los grandes y viejos Mercedes Benz blancos –clásico taxi marroquí-, llevan hasta seis pasajeros: cuatro atrás, dos adelante, más el conductor. La tarifa se cuenta en monedas.

Las mochilas ya están en el baúl. El chofer le chifla a otro taxi que pasa, no tan rápido pues estamos junto a una rotonda rutera. Frena un poco más adelante. El colega y el chofer van y cruzan unas palabras. El colega se sube. A seguir la corriente.

El auto arranca. La señora que va detrás del asiento del conductor se queja. Lleva un pañuelo en la cabeza pero la cara descubierta. El chofer, rapado y de barba abultada, vestido con la clásica túnica de estos pagos, contesta. Es el origen de una discusión acalorada. Imposible determinar la exactitud del meollo de la situación. Todo indica que a la señora no le agradan las condiciones de viaje del taxi-bondi marroquí.

El tono de voz de ambos sube y se instala en el nivel previo al grito pelado. No molesta tanto, al quedar indeterminado el contenido. Los otros dos pasajeros, jóvenes, van en silencio y despreocupados. El inconveniente es que el sol ya cayó y el horario en que el tránsito se descontrola en Marrakech comenzó. El tráfico es abundante; las escasas comodidades lo hacen sentir aún más pesado. Todos llevan prisa. Lo más peligroso son las motos. Algunas se mantienen por la derecha, respetando el ritmo del tránsito; otras van esquivando obstáculos, como si se tratara de un videojuego, no de la vida real.

Nunca es bueno que el chofer esté de malas, especialmente cuando conduce a alta velocidad, dadas las características de su negocio. Parece tener la experiencia suficiente como para lidiar con la hora pico de Marrakech. Pero una pelea a este tono puede hacerle perder la concentración a cualquiera.

El auto queda parado en medio de un embotellamiento. Los gritos continúan. La señora abre la puerta ahí mismo y baja. Desde afuera dice alguna cosa más. El chofer ya no le hace caso. Hace una seña al taxi de adelante. El colega sale del auto y se sube al nuestro, también en medio del enjambre vehicular.

El viaje continúa. El otro que va adelante baja; más allá sube un nuevo pasajero. Cinco minutos más tarde, el taxi, finalmente, se desagota en el mismo punto.

Es el regreso de un dedo fallido en la ruta. Es el caos previo al próximo: la inverosímil terminal de ómnibus públicos de Marrakech.

NC

Marrakech, Marruecos

14 de febrero de 2014

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2 Respuestas a “El taxi-bondi marroquí

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