Superhombre marroquí

Niños jugando con la mezquita de fondo

Una voz los llamaba desde lo alto. El día ya se había apagado por completo y desde los altoparlantes seguían con sus plegarias para atraer a los fieles.

Debajo de unos postes de luz que iluminaban tenuemente con tono amarillento la calle de asfalto gastado, ellos seguían con lo suyo, no le prestaban atención a esa especie de lamentos que pretenden comunicarse con el más allá.

Un morenito –de los que no se ven mucho en Marruecos- gambeteaba a otro flacuchón blanquito más petiso. No pasaban los 9 años. Los llamados de fondo seguían, incomprensibles.

El arquero se acomodó en el medio de la portería, una cortina metálica que parecía la entrada de un taller de autos. La parte más alta era imposible de cubrir para el diminuto portero, que seguía atentamente los movimientos del negrito, que con notable destreza manejaba el pequeño balón de goma con su pie derecho. La marca del blanquito parecía endeble.

Por las calles aledañas, los mayores, con sus túnicas con capuchas en punta, respondían al llamado a la oración. Lentamente se acercaban al templo sagrado.

Los tres nenitos seguían viviendo el presente, ese momento, el que tanto les gustaba, correteando detrás de la liviana pelota que rebotaba y tomaba efectos que desconcertaba a los jugadores.

La voz que venía de lo alto no los perturbaba. Quizá no la deben haber escuchado, ya debe ser parte del ruido ambiente cotidiano, ese que no los desconcentra ni un segundo de su juego.

Seguramente aún no entienden de qué les habla esa voz. Quizá en sus casas les comentaron algo de ese más allá, pero mientras tanto, ellos prefieren el más acá, con el balón de goma. También en el colegio poco a poco los irán introduciendo, pero sin dudas, prefieren divertirse en la calle, corriendo atrás de la pelota.

Tras unos segundos la voz se calla, hasta el otro día cuando el sol aparece. El negrito clavó un terrible golazo con un bombazo cruzado abajo, a la derecha del arquero, que no tuvo respuestas.

Disfrutaron su libertad unos minutos más, hasta la hora de cenar, otro momento en que probablemente sus familias, casi inconscientemente, seguirán con sus intentos de introducirlos en el camino del bien con sus rituales y costumbres culturales, impregnadas del mensaje divino de los profetas de tiempos inmemoriales.

Ouarzazate, Marruecos, marzo 2014. JII

Ver también “Superhombre cubano”, http://vivicuba.com.ar

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Una respuesta a “Superhombre marroquí

  1. Que lindo es saber q cualquier niño no importa su raza su credo su lugar en el mundo…..elija una pelota para divertirse…ser feliz….comunicarse con otros niños…elige la pelota como algo q sólo le da felicidad….y disfrute plenamente ese momento…sin importarle el después….ojalá q esto perdure para siempre

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