Las tres Marrakech

La ciudad de Marrakech en Marruecos, puede mostrar distintas caras según desde dónde se la mire. La parada obligada de todo visitante es la plaza Yamaa el Fna, un lugar increíble, con una mezcla de atractivos alucinante, pero todo se paga, hasta por mirar.

Encantadores de serpientes que tocan sus cornetas para que las cobras se queden erguidas frente a ellos, domadores de monos que los ponen sobre tus hombros para que te tomes una foto, músicos de todo tipo, gente disfrazada bailando, tatuadoras de manos (una de las pocas partes del cuerpo que pueden mostrar las musulmanas ortodoxas), ancianas que predicen el futuro, magos y visionarios, entre otras cosas, se aglutinan en ese espacio de cemento sin delimitaciones claras, donde peatones, motociclistas y automovilistas se cruzan peligrosamente y obligan a estar atentos. Las carretas que pasean turistas remolcadas por caballos también atraviesan la plaza incrementando el caótico escenario.

Plaza Yamaa el Fna o Jemaa el Fna

Los vendedores de lámparas y cerámicas también tienen su sector en este espacio surrealista, que cambia de fisionomía a la tarde-noche, ya que se montan los puestos de comida con estructuras metálicas y lomas blancas iluminadas por tiras colgantes de bombitas de luz. La gastronomía local es similar en todos los puestos –sopas de verduras, “pinchos” de carne o cerdo, algunos frutos de mar, etc.-, y las disputas por los clientes son encarnizadas. Te van acarreando con la carta en la mano hacia su local y te muestran la comida y la oferta del día, que no varía mucho. El humo que generan las cocinas que se montan en medio de las carpas torna aún más denso el ambiente a pesar del estar a cielo abierto, y el aire se carga de olores contundentes que se meten en lo más hondo de tus narices.

Absolutamente todos están al acecho del turista. Las ofertas abruman; a veces se tornan un poco insistentes los vendedores y cuesta sacárselos de encima.

En las calles aledañas a la plaza los mercados están abarrotados de puestos de ventas de todo tipo. Ropa, alimentos –frutas sobre todo-, talleres mecánicos de motos (el medio de transporte más difundido), carpinteros, artesanos y artistas en general, vendedores de CDs que van con sus carritos musicalizados por todos lados, todo esto, en callejuelas estrechas, añejas, laberínticas, algunas cubiertas y otras al aire libre con escasa iluminación por las noches.

Los puestos son pequeños depósitos donde apenas entran los materiales y productos. Son de distintos tamaños, informales, improvisados, con pintura gastada, mosaicos maltrechos, ladrillos desparejos. Por allí también pasan las motos que van tocando bocina para abrirse paso, las carretas con mercaderías remolcadas por hombres, y las bicicletas. Los ancianos encorvados pidiendo limosnas con sus harapos son una postal de enorme tristeza que forma parte de este ecosistema impactante.

Esa es la Marrakech donde, en medio de todo ese colorido show de ofertas, se mezclan turistas de todo el mundo que van de aquí para allá con sus cámaras, y son tentados por los locales, que buscan arrancarles algunos Dírhams. Es una Marrakech forzada. Si bien la puesta en escena busca resaltar las tradiciones locales, la híper comercialización de ello le quita encanto (de hecho, hay venderos que ofrecen cuadros con pinturas de mujeres musulmanas con sus burkas; un rasgo cultural-religioso que ya se busca explotar comercialmente; capitalismo marroquí). No por eso es algo que no valga la pena conocer, todo lo contrario, pero satura el constante asedio al visitante.

Pero cuando uno sale de La Medina (la zona antigua de la ciudad, donde está la mezquita más grande y representativa, llamada Kutubía) y atraviesa el muro que servía como protección cientos de años atrás, puede conocer otras dos Marrakech.

La Marrakech más “occidentalizada”

Por un lado está la zona moderna de la ciudad. Allí están los locales de venta de ropa que se encuentran en Europa, autos de alta gama recorren la ciudad, edificios modernos con estilos occidentalizados se levantan imponentes, y el velo islámico es reemplazado por tímidos escotes y las caras y cabellos femeninos lucen descubiertos.

Las calles son más amplias –el caos de tránsito es una constante de todos modos y cruzar la calle se torna una actividad de alto riesgo pese a que los automovilistas paran cuando los osados peatones pisan la senda peatonal- y aparentan más limpias. El contraste con la plaza Yamma el Fna es notable. Parece que se camina por otro país, y sólo hay una distancia de unos 20 minutos caminando. La globalización y el mundo occidental también llegaron a Marrakech.

Por otro lado, está la Marrakech humilde, quizá la más olvidada. Casi en las afueras de la ciudad, en las zonas cercanas a las rutas que van a otras localidades, hay otro escenario. Calles polvorientas con asfaltos desgastados que ya son casi ripio, edificios estilo monoblocks, todos del mismo color ocre oscuro, o ladrillo amarronado, grandes descampados y zonas aparentemente abandonas y con restos de materiales de construcción, pintan un panorama radicalmente opuesto a la de la Marrakech moderna.

Allí vuelven a verse más mujeres cubiertas con sus burkas, la gente se traslada en carretas que constan de sólo una o dos grandes maderas sobre dos ruedas precarias arrastradas por burros que parecen estar sufriendo sus vidas, y nadie te quiere vender nada. Las miradas son de extrañeza. En esos sitios quizá se ve la Marrakech más popular, la más real o la más representativa del lugar donde vive la mayoría de la población.

Todas estas caras son parte de un sitio y lo muestran en su plenitud. Hay lugar para todos, pero cada sector está claramente delimitado. Es difícil saber si estos límites funcionan como contenedores y delimitadores sociales o sólo son abstracciones, y estas barreras que parecen dividir la ciudad pueden sortearse con facilidad si un ciudadano de a pie desea pasar de un mundo a otro.

La Marrakech que no se ve

JII. Marrakech, Marruecos. Febrero 2014.

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Una respuesta a “Las tres Marrakech

  1. me encanto la descripcion d Marrakech….duele mucho oir las diferencias q contas …..y q son una constante en todos estos paises subdesarrollados como nos llaman…..hay habitantes de distintas categorias..no somos todos iguales… hay barreras invisibles q nos separan….a veces por las creencias…a veces por el color de piel…a veces por el dinero q se tiene o q no se tiene…..es una realidad q nos golpea a diario…y esas barreras invisibles son las mas dificiles de romper….yo diria cada vez mas dificiles…..

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