La primera oración

Entre sueños la capacidad de racionalización es mínima. Es, tal vez, el momento de mayor grado de instinto puro que una persona pueda alcanzar.

En la madrugada de la primera noche marroquí, una curiosa y acaso melodiosa voz me despertó del profundo dormir, tan profundo como solo un día de aeropuerto y cambio de país puede generar. Imponente, como si viniera de las alturas, como si se erigiera por encima de los techos, la voz parecía envolver a Marrakech toda en una burbuja de sonido hipnótico.

¿Cómo es posible que, bajo las circunstancias del súbito despertar en medio de la noche, con insuficientes conocimientos de la cultura musulmana y una total ignorancia del idioma árabe, supiera de inmediato y con relativa exactitud que significaba esa voz?

Bueno, después de todo, no es tan insólito. Cierto es que algunos compañeros de camino musulmanes me habían contado que la primera oración de la mañana es bien temprano, algo así como a las cinco de la mañana.

Este dato, instalado en algún recoveco de la memoria, el difuso recuerdo de alguna película o de algún picoteo televisivo, la rápida e intuitiva eliminación de posibilidades y alternativas dado el contexto espacial, la referencia suelta de algún viajero; como fuera, esa voz que provenía de algún lugar no lejano, posiblemente de la mezquita que pasamos con el taxi, fue asociada al instante con la práctica del islam.

Se me ocurre, a la distancia, otra explicación. Habrá quien diga menos probable; sin duda es más atractiva y misteriosa. Ciertos científicos y pensadores aseguran que existe en cada persona una suerte de memoria ancestral, una multitud de recuerdos de tiempos pretéritos que se conservan en los genes. El mecanismo de funcionamiento o, mejor dicho, los modos en que esta memoria se manifiesta son parecidos a los del inconsciente.

Intuición, memoria real, memoria ancestral. Qué más da. Durante esos instantes, acostado en la cama de un hotel de Marrakech, con los ojos somnolientos medio abiertos en dirección a la ventana, el deseo era que ese momento único, esa primera oración, nunca termine; que aquella voz continúe por siempre.

Pero al fin acabó. La extrañé de inmediato. Me di vuelta, cerré los ojos y disfruté los últimos segundos de la inesperada vigilia de la madrugada, abrazando la comodidad de las sábanas. La voz permanecía en el ambiente en la forma de un intuido eco lejano. Como una suave brisa de mar nocturno vagaba la evidencia de realidad, el irrefutable testimonio del aquí y ahora, la híper-conciencia de habitar tierras musulmanas.

NC

Marrakech, Marruecos

11 de febrero de 2014

Anuncios

3 Respuestas a “La primera oración

  1. Pingback: Superhombre marroquí | PRÓXIMA ROTONDA·

  2. Pingback: Acérquense, vengan a rezar | PRÓXIMA ROTONDA·

  3. Pingback: Acérquense, vengan a rezar | Ficciones PPF·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s