El oficio de las sombras

Son de la calle, andan en cada esquina, pero en las sombras, no se detienen en los lugares donde apuntan los flashes. Tienen un territorio asignado. En las ciudades turísticas proliferan por doquier y compiten por un puñado de chirolas de los gringos, que cuando están desorientados, caen en sus manos.

Algunos son más amables y discretos que otros, pero todos muestran su cara más cortes y caballeresca en el primer contacto con el extranjero. “Bienvenido”, dicen con una sonrisa cuando entrás en su zona.

Es una labor exclusiva de hombres, las mujeres no se meten en este terreno. Los jóvenes son mayoría, se mueven con más agilidad y amabilidad, y ya manejan unas cuantas palabras en varios idiomas, como para abarcar un target más amplio.

“¿Hotel? ¿Restaurant?”, ofrece Hassan, que no pasa los 21 años y viste una imitación bastante mala de un conjunto deportivo del AC Milan de Italia.

Es oriundo de Marrakech, Marruecos, y tiene ofertas para todos los gustos, ya que su padre también organiza excursiones y tours por distintos lugares que atraen al foráneo por su belleza natural.

La oferta de Hassan es tentadora, una habitación con baño privado por 5 euros por persona. La misma oferta, minutos antes, hecha por otro intermediario, costaba 6 euros. Hassan seguramente recibió menos comisión, pero fidelizó un potencial cliente para otras posibles fuentes de ingresos.

Este marroquí -mestizo, de metro 65, muy delgado, pelo corto estilo europeo, con patillas y nuca rapada y más largo arriba-, va saludando a conocidos de la zona y suelta apostillas entre gringos, para ganarse al menos una sonrisa. Parece simpático.

Hace una introducción al país, es un guía turístico callejero. Habla del “White Spirit”, una droga “no good” que obtienen de la pintura y que consumen los vagabundos por las noches, y que según dice, los mata en menos de dos años. Nos habla del todo el mercado negro que proliferó entorno a este producto. Hassan cuenta cosas que no se cuentan en los tours tradicionales.

Dice creer en Alá, pero no reza cinco veces al día como su padre. También aclara que las mujeres en Marruecos, por más que vistan sus burkas, son sociables y se puede hablar con ellas, no como en otros países como Arabia Saudita, en donde pueden llegar a cortarte la lengua si charlas con una mujer musulmana ortodoxa.

Hassan también vende droga. Hachís, “chocolate”, porro. “Buena, buena”, aclara.

Va vagando por sus calles, arañando alguna punta, pasando el rato. Es su trabajo, ser intermediario. Un intermediario informal, que sólo rasguña algunas monedas de aquí y de allá, como mecanismo de supervivencia, pero seguramente gana más que en cualquier trabajo formal. Vive del turismo, como su ciudad, pero él va por el circuito paralelo, ese que no sale en las estadísticas, pero que también está presente en la mayoría de los países sin más industria de consideración que la del obtener dinero de extranjeros.

Como Hassan hay cientos, miles, y según la experiencia, van obteniendo más tajadas por sus trabajos, y sus contactos se van aceitando con los propietarios y dueños de los establecimientos, que le van dando mejores comisiones según el “botín” que consiguen.

Uno acerca los clientes, el otro paga por ello. Uno es dueño, y el otro un mero busca. Pero tienen la misma meta, obtener recursos de los turistas. Claro que los que más se llevan son los de siempre, los que poseen la propiedad, el resto sólo se contenta con alguna migaja que obtiene por su mediación.

Ven pasar el dinero y algo rescatan, pero difícilmente salgan alguna vez de ese lugar y den el salto al otro lado del mostrador. La informalidad los va succionando cada vez más, el sistema no les da alternativas, son los postergados que aprovechan los intersticios para sobrevivir, las grietas que se abren, los huecos en donde meter la cuchara. Indirectamente, se colan en el circuito de dinero, están en el borde del plato, cerca del precipicio, donde permanentemente están a punto de caer.

JII. Marrakech, Marruecos. Febrero 2014.

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Una respuesta a “El oficio de las sombras

  1. Esto mismo debe pasar en muchos paises del mundo….quizas mas notorios en paises con mucha pobreza, y mucho turismo….a mi me paso en Cartagena de India Colombia….donde me era muy dificil caminar por la calle esquivando a vendedores ambulantes de todo tipo de articulos…se colgaban a las ventanillas de los autobuses…y ni hablar cuando caminabamos por la playa…..
    Es cierto lo q vos escribis…..detras de cada uno de ellos debe haber historias dificiles….de pobreza….desigualdad…..

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