Córdoba de noche

Era evidente que el viejito de la despensa tenía razón: Córdoba es más bonita de noche. Como Santiago. Su alegre y nostálgico, pero reservado semblante andaluz, le dio credibilidad. Y sí. El tipo pasó una y mil veces por el costado de las murallas, por la mezquita, por el puente romano, por las laberínticas calles de empedrado, ratos y ratos bajo la tenue luz de las farolas y la luna.

Eran casi las once y estaba por cerrar, pero igual nos hizo tres bocatas bien cargados con chop pork y queso. Pese a la diferencia generacional, tuvo la comprensión adecuada para respondernos que no nos preocupemos por tomar una litrona en la calle. Eso sí, en voz baja. “Lo que se trata de evitar son los botellones multitudinarios”. Una represión más a la expresión de la cultura popular española. El señor no tiene la culpa, por supuesto. Ni siquiera opinó. Él se enfocaba en armar el último bocata de la noche, con la destreza propia de un experimentado almacenero. La baguette entera representaba cierto desafío.

La súbita aparición de la mezquita esta madrugada lo trae a la memoria, con su abultado bigote y su empatía latina. No importa cuántas veces ya hayas pasado, de noche llama mucho la atención. Un monstruo de piedra de unos trece siglos de vida allí mismo, al lado de donde los cordobeses y los turistas viven y comen.

Imposible rodearla a prisa. Ni siquiera lo intente. Cada columna, cada muro, cada pequeño detalle artístico llamará a la detención, hasta que las breves paradas se transformen en un bien fumado cigarrillo, sin más entretenimiento que un enorme muro de piedra.

Desde una de las esquinas, a unos cincuenta metros, ya se ve el austero cartel de Pensión Trinidad. Una joyita que apareció del comentario de la toledana: 20 euros una habitación con dos camas. El cuarto es sencillo, pero tiene lavabo, calefacción e internet de buena calidad. A los tiempos que corren, una ganga.

El tipo que lo maneja es macanudo, pero el padre es medio cascarrabias. La madre tiene algunos problemas de salud y suele permanecer en cama. Viven en el cuarto del fondo. Los interiores del sitio recuerdan a los relatos de las viejas pensiones europeas, tipo de asentamiento que se exportó a Latinoamérica y otras partes del globo. Es parecida, incluso, la forma de gestionarlo.

El cartel a lo lejos, la coquetería hecha paredes y balcones, el empedrado húmedo por los dos tipos que cada madrugada lavan las calles del centro histórico. Sí, es una toma que tendría más sentido en blanco y negro. La historia es también un placer estético.

El portón de madera que nos dijeron cerraban de noche es antiguo, pero se mantiene impecable. La cerradura es moderna y un tanto dura. Estas puertas, tan pesadas y experimentadas, deben mostrar su valor en la dificultad. El pequeño patio semi abierto invita a la reunión, pero es tarde y el cartel de completo indica que hay muchos vecinos conciliando el sueño.

Córdoba de noche. Sabias palabras.

NC

Córdoba, España

4 de febrero de 2014

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