Optimismo

Levanta sus brazos a la altura de su cabeza, poniendo las palmas de las manos frente a frente, delante de sus ojos. Mientras hace un movimiento en curva hacia afuera, explica cómo la ciencia fue separándose de la naturaleza. Interrumpe el movimiento continuo y dice que ahora, de a poco, se van uniendo. Las manos se buscan hasta quedar casi juntas. Su silencio deja tácito el epílogo de su intervención; ese es su objetivo como científico.

Vivió su niñez en la Polonia comunista, pero su carácter y su personalidad se forjaron en la transición de los noventa. Pudo ver con ojos jóvenes y curiosos el modo en que, una vez más, su país se veía envuelto en la eterna lucha de imperios (que aún continúa). El contexto geográfico condiciona la historia.

Graduado y doctorado en física y química, sonríe al hablar de su trabajo como investigador en la sede toledana de la Universidad de Castilla La Mancha. Pero no abunda en detalles. Prefiere contar sus ascensiones por las alturas de Marruecos, Irán, Mongolia, Rusia y China. El próximo objetivo es el Aconcagua, el pico más alto del accidente montañoso que, durante la edad occidental en Latinoamérica, funciona como frontera natural entre Argentina y Chile.

Sin darnos cuenta, volvemos una y otra vez por rutas cercanas al asunto de la creación y la naturaleza. La fijación no es casual; la razón, la empiria del propio cuerpo, la memoria de los sentidos, la reflexión de lo social, todo desemboca en los pliegues de la gran cuestión. Debatimos la energía nuclear y se produce un fuerte contrapunto. Los viajes son, por supuesto, ante todo por la gente. El dinero, no más que un inevitable medio. La tecnología, al servicio de lo importante. La simbiosis del trabajo y la vida personal, el presente soñado.

Planteo la cuestión de las ideas, su circulación y su penetración en la sociedad. Aunque está yendo al baño, se detiene en la punta de la mesa. Me mira pensativo, directo a los ojos, tomándose un tiempo para responder. Decide contradecir el postulado. Dice que las ideas surgen de la sociedad, y no que las ideas se introducen en la sociedad. ¿Dialéctica de las ideas? Sí, pero cuidado con el primer escalón.

El silencio aparece como inevitable. Ninguno se atreve a decir la próxima cosa. “Es por ello que suelo ser pesimista”, interrumpo a la nada. Él sonríe al estilo polaco, amplia y genuinamente. “Es por ello que suelo ser optimista”.

NC

Toledo, España

28 de enero de 2014

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