Destino incierto… libertad ficticia

Otra vez al ruedo… al camino, a las rutas, al aire, a la vida, ¿a la libertad?

Decidí hace un tiempo hacer otro quiebre en mi vida y volver a caminar por lugares extraños, inhóspitos, que por determinados motivos llaman mi atención. En esta oportunidad, África, previa estadía de dos semanas en España.

Despedidas, nostalgias, emoción, excitación y algunas tristezas como siempre, pero había que salir del desgaste de la rutina laboral y de la vida cotidiana en sí, esa que te adormece en lo tuyo, adentro de tu burbuja, dentro de la costra de tus costumbres.

Había que discontinuar ese camino lento y apesadumbrado hacia algún lugar al que no estoy seguro de querer llegar. Lo único de lo que estaba seguro es de la necesidad de partir. Partir para partir la vida en sí, darle uno de esos cortes abruptos que remueven y enriquecen esperanzas, objetivos, creencias y conceptos.

La adrenalina de los días previos es inexplicable, como cuando uno sabe que está al borde de algo que lo va a marcar para siempre.

Es como sacarse por un tiempo la mochila que se carga en la vida “dada”, esa que exige e impone determinadas cosas que van siempre en un mismo sentido, hacia donde nos llevan a todos, por un camino estrecho, plagado de prejuicios, métodos y estructuras uniformes, que igualan, pero en el mal sentido de la palabra, apocando, estrechando miras.

Todo era emoción, desde los últimos asados hasta los últimos abrazos…

“Señor, no lo puedo dejar embarcar si no tiene un pasaje de vuelta a la Argentina”.

Los vuelos demorados por el temporal sobre Buenos Aires. Caótica salida rumbo a España

Los vuelos demorados por el temporal sobre Buenos Aires. Caótica salida rumbo a España

Esto de los aeropuertos ya comienza a ser un karma en mi vida (ver capítulos “Bienvenido Cuba” y “Que tenga buen viaje” en http://vivicuba.com.ar).

¿Por qué tengo que tener un pasaje de vuelta si no sé cuándo voy a volver? Una de las cosas más lindas de esta nueva travesía era justamente eso, no saber cuándo termina, pero la fiesta se aguó pronto, si no tenía una “vuelta”, no me iba de Argentina.

Los pretextos para semejante disparate: las -valga la redundancia- disparatadas políticas migratorias europeas, que discriminan de esa forma, evitando que sudacas y negros africanos invadan las ricas tierras del viejo continente en busca de un mejor porvenir. Una discriminación atroz entre seres humanos de primera (que pueden entrar libremente a la Unión Europea), y seres humanos de segunda (que sólo ingresan si cumplen ciertos requisitos). Una ridiculez como los límites fronterizos en sí, pero claro, ¿Cómo desbaratar todo este cúmulo de líneas y dibujos en los mapas que dividen lo imposible de dividir?

Gestiones de último momento para sacar un pasaje Madrid-Buenos Aires y la buena ayuda de un vendedor de Iberia hicieron que pudiera pasar esta primera traba, este primer impedimento, este primer límite a mis aspiraciones de libertad. ¿No era que este sistema la garantizaba? Rápidamente me di cuenta de que es algo ficticio, como las fronteras.

O mejor dicho, para aquellos que tienen dinero quizá si existe la libertad, total, sacan un pasaje de ida y vuelta y luego tienen la posibilidad de perderlo y sacar otro. Libertad para unos, restricciones y condicionamientos para otros. Fórmula conocida y aplicable a varios rubros.

Tras el largo vuelo, demorado por otro condicionamiento, en este caso meteorológico –e inevitable-, que impidió el despegue por varias horas, finalmente llegué a Barajas, Madrid.

Allí, ni bien se llega al extenso aeropuerto, nuevamente la separación, la división, la grieta entre ciudadanos europeos y no europeos. Los primeros, tras un breve registro en el control migratorio, ingresaron a la ciudad sin problemas. Los otros, a esperar en largas filas y someterse al interrogatorio para nada ameno de los policías.

-¿Motivo de su visita?

-Que tal buenas noches, vengo de paseo.

-¿Dónde se va a hospedar?

-En la casa de una amiga.

-¿Tiene carta de invitación?

-No, no sabía que seguía aplicándose esa política.

-Espere a un costado para ver si sigue…

Pasaban y pasaban turistas. Mientras tanto yo, otra vez varado. En este caso junto a otras dos chicas argentinas. Cuando pasaron todos los pasajeros del vuelo, el policía llama con un gesto con dos dedos a las muchachas.

Veo que hace preguntas y las chicas sacan papeles y muestran cosas. El Policía pone gesto de enojo. Las deja pasar. El Policía se ríe junto al compañero de al lado, que dejó pasar a todos sin pedir mayores explicaciones.

El único que quedaba era yo. Me llama con su dedo índice.

-¿Y?

-¿Qué pasa oficial?

-¿Qué pasa con qué?

-Con estos impedimentos para que ingrese. No me informaron que tenía que traer carta de invitación en la aerolínea.

-La aerolínea se dedica a vender pasajes y usted no está cumpliendo con las políticas migratorias.

-Disculpe, no sabía que esto seguía funcionando así.

-Infórmese mejor, la próxima vez no pasa.

-Disculpe, hasta luego.

-… (Gesto de pocos amigos mirándome a los ojos mientras atravesaba el puesto de control.)

Un primer traspié que de ninguna manera empañará lo que vendrá, pero simbólicamente marca algo imperceptible en el día a día: esos garrotes detrás de los que estamos sobreviviendo ante la mirada socarrona de los están del otro lado (y más arriba) y que son tan difíciles de sortear, pero pecaríamos de cobardes si al menos no intentamos traspasarlos de vez en cuando.

JII. Buenos Aires, Argentina-Madrid, España. Enero 2014. 

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Una respuesta a “Destino incierto… libertad ficticia

  1. LIBERTAD….maravillosa palabra pero utopica…no debemos perder la esperanza q alguna vez sea cierta y podamos disfrutarla

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