Atrocidades y bondades del comunismo cubano

Publicado por JII en Panorama Negro. Septiembre 2012.

“¿Y, como la pasaste?”, “¿Cómo estuvo el viaje?”, “¿Qué fue lo que más te gustó?”; las tí­picas preguntas que te hacen cuando volvés de un viaje, y por lo general, el interrogador no quiere respuestas de más de 3 ó 4 minutos, ya sea porque te lo cruzas fugazmente en algún lado y no disponen de tiempo, o simplemente porque pregunta de compromiso.

Pero sé que estoy en deuda con muchos que me consultaron acerca de mi estadí­a en la isla y no pude responderles, ya sea porque no daba el contexto, o sencillamente porque muchas veces no supe qué decirles.

Explicar cómo te fue en Cuba durante un mes en una charla de unos minutos requiere de una capacidad de análisis y sí­ntesis que no dispongo. Pero me aventuro a escribir estas lí­neas para aquellos que quieran tener un balance de mis impresiones, sensaciones, y percepciones. No son de mi agrado este tipo de artí­culos en los que no se profundiza sobre ningún aspecto y se ofrece una visión superficial de distintas cosas, pero en este caso no me quedó más remedio; yo mismo querí­a hacerlo, como para empezar a ordenar en mi cabeza algunas cosas. 

Todo esto que leerán es totalmente subjetivo, en base a lo que sentí­ y viví­, y no pierdan de vista mi admiración por el Che Guevara y sus ideales revolucionarios. Tengan en cuenta esto, porque seguramente influyó en la forma en que capté y asimilé la información (de todos modos este proceso aún esta muy verde, y creo que me llevará años).

Como primer punto, recomiendo fervientemente ir a Cuba. Estar allí­ sacude tus estructuras mentales, todas esas prefabricaciones y moldes que nos van inculcando desde pequeños en el sistema capitalista, y creo que no hay tarea más enriquecedora para el ser humano que cuestionar permanentemente lo establecido, en “el afuera” y en “el adentro”.

Como ya habrán leí­do en mi artÃículo de la semana pasada, la pasé muy mal en el aeropuerto. Uno de los puntos más negativos de vivir en Cuba es la falta de libertad de expresión. Ni en TV, ni en radio, ni en los diarios hay lugar para la disidencia; todo es propaganda oficial, y el que se opone, es simplemente un “contrarrevolucionario”. Una visión dicotómica y cerrada que no le hace para nada bien al Gobierno, que no tolera crí­ticas de “afuera”.

Además, la gente tiene miedo de hablar ante una cámara o micrófono; hasta hace unos años ibas preso por hablar mal del régimen castrista; hoy por hoy ya no es así­, pero de todos modos el sistema de vigilancia en cada barrio a través de los Comités de Defensa de la Revolución mantiene una sensación persecutoria y de paranoia en la gente, que se cuida mucho de lo que dice y ante quién lo dice.

Otro aspecto que ví­ que les molesta mucho a los cubanos es no poder viajar fuera del paí­s. Sólo autorizan arbitrariamente a quién el Gobierno considere (ellos dicen que son las embajadas de los demás países las que ponen las trabas pero no es así, el propio Gobierno autoriza o no la salida de los cubanos).

Por lo general, dejan ir a gente “poco importante” para la Revolución; por ejemplo, un médico es difí­cil que salga (sólo pueden ir a hacer misiones de paz por algún convenio bilateral con algún paí­s amigo como Venezuela o Irán). También me hablaron de un mecanismo perverso que aplican; por ejemplo, de una familia de 3 ó 4 hermanos, dejan salir a uno o dos para que envíen dinero al paí­s, y cuando el resto pide salir no los autorizan. Todo esto con la previa “carta de invitación” que deben enviarle desde el exterior al cubano que quiere dejar la isla.

Por todas estas cuestiones es que el cubano muchas veces se “escapa” pidiendo becas, o yendo a misiones, o deportistas que se van a competir y no vuelven.

¿Cuál es el motivo de estas salidas? ¿Por qué un ser humano va a querer dejar su paí­s y salir de manera ilegal, y hasta a veces arriesgando su vida saliendo en precarias balsas?

La situación económica claro. La gente se frustra mucho al no poder ver materializado el fruto de su trabajo. Los salarios van de los 15 a los 40 dólares, por lo que la gente difícilmente tenga acceso a productos que no sean comida.

A esto se le suma el inconveniente de la doble moneda. Por un lado están los Pesos convertibles, llamados CUC y por otro esta la moneda nacional, o peso cubano. Para que entiendan redondeo las cifras: 1 CUC son 25 pesos cubanos, y 1 CUC equivale a un dólar.

A la comida, la gente accede con la moneda nacional (que es en la que cobran), pero a productos como vestimentas o de higiene, generalmente tienen que pagar en CUC, por lo que les resulta inaccesible. Pagar 2 CUC un jabón, lo que equivale a unos 50 pesos cubanos, cuando cobran 400 ó 500, demuestra lo difí­cil que resulta vivir en la isla.

Lo que más les duele creo que es esa imposibilidad de tener algunas cosas básicas como ropa presentable, una casa confortable, y ni que hablar un auto.

A pesar de no tener estos productos, los cubanos tienen acceso a otras cosas (¿más importantes?).La educación es uno de los pilares del sistema. No hay analfabetos, y la universidad es gratuita para todos. Si un chico falta al colegio 2 ó 3 días seguidos, un inspector va a la casa a preguntar el motivo de su ausencia. Aunque también se utilice para uniformizar visiones o con fines propagandísticos, la educación del pueblo se percibe en todo momento; sin dudas que es un pueblo culto, con el que da gusta sentarse a conversar e intercambiar ideas.

La salud es otro servicio al que acceden todos los cubanos. Los gastos de medicinas y de hospitales corren por parte del Estado. La calidad de los médicos cubanos es reconocida a nivel mundial; a pesar de que muchas veces no cuentan con los elementos y materiales, los cuidados y las técnicas desarrolladas, son un ejemplo.

La libreta de abastecimiento es una gran ayuda también. Todo cubano desde que nace tiene una serie de alimentos garantizados mes a mes. Arroz, pan, frijoles, sal, aceite, entre otros productos, les son provistos en las bodegas de los barrios por precios simbólicos (casi gratis). Esto no les alcanza para todo el mes, pero sin dudas que contribuye para morigerar la asfixia económica de la gente. La desnutrición prácticamente no existe. No hay gente que muera de hambre en la isla.

Los transportes en colectivo dentro de las ciudades son casi gratuitos también (para ir de ciudad a ciudad no, pero la empresa en la que se transportan los cubanos es muy económica), otro gasto con el que corre el Estado. Las falencias son notorias de todos modos. La frecuencia no es buena por lo que las “guaguas” se abarrotan de gente, pero bueno, nada que aquí­ no conozcamos.

El acceso al arte y a la cultura es muy económico para los cubanos, creo que este es uno de los principales puntos positivos del paí­s. Ir al cine puede costar 2 pesos cubanos, o ir al ballet clásico unos 10 pesos cubanos, menos de 50 centavos de dólar. Los libros también tienen un precio muy módico; en las librerí­as que cobran en moneda nacional (porque también están las librerí­as que se aprovechan de los turistas) es difícil encontrar algún libro de tono disidente.

La inseguridad es algo muy atípico. No esta impuesta la cultura del robo; podes caminar tranquilo por la Habana a toda hora y rara vez intenten quitarte algo; a lo sumo pueden pedirte de manera un tanto insistente, pero no más que eso. Los robos que se escuchan y que te cuentan son historias que por lo general involucran alcohol y sexo.

Gente durmiendo en la calle es muy raro encontrarse; por más falencias y rusticidades que existan en las viviendas, casi todos tienen una donde dormir.

¿Balance de todos estos puntos? Sáquenlos ustedes cuando visiten Cuba. La batalla económica parece perdida; la isla esta ahogada por los Estados Unidos que mantiene bloqueado el comercio de todos los paí­ses con la tierra de Fidel, por lo que deben autoabastecerse de productos, algo sumamente complejo; sino imagí­nense consumiendo sólo productos argentinos, o del paí­s que sean.

Pero, lo que creo que también se perdió es la batalla cultural; ¿si lo económico arrastró a lo cultural? Puede ser, pero ahí se ve el triunfo del capitalismo, que premia el individualismo y la conquista de metas propias y no de la comunidad, para que todos vivan de manera más igualitaria y justa. En Cuba todos tienen poco en lo material (sobre todo luego de la caída de la URSS que abastecía de muchas cosas elementales como electrodomésticos), pero mucho en estos aspectos humanitarios que les destaqué.

Entender esto desde nuestras perspectivas en sumamente complejo, nacimos con la idea impuesta de tener que producir y nosotros mismos convertirnos en un producto dentro de un mercado, y a más producción, más “premio” (salario) y por ende más accesos a bienes y servicios. El otro es tema del otro, de hecho, el otro es competencia.

La meta es esa: producir; en Cuba no, en Cuba la gente estudia y trabaja para ser. Todo esto en un plano idí­lico y romántico del objetivo al que quiso apuntar la revolución.

Las burocracias cubanas ya dejan ver que los vicios se repiten cuando el ser humano accede al poder sin importar la formación ni la ideología. Muchos se quejan de “los hijo de”, que, apoyándose en el Estado, tienen privilegios que no todos tienen, como poder viajar, comprarse un auto, o vestimentas de marca.

Por ende, ya se ven diferencias de clase, algo que antes no pasaba; este tipo de deformaciones del sistema son las que lo llevaron al colapso y las más peligrosas hoy en día, porque generan lo que tanto vemos acá, rencores y resentimientos ante las desigualdades de oportunidades entre compatriotas.

Bueno, espero que el “pantallazo” les haya servido. Para profundizar, pueden leer online el libro que publicamos con mi colega Nicolás Calvo sobre nuestras vivencias en Cuba: http://vivicuba.com.ar 

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