Un contacto con el paso del tiempo

* Publicado en Ficciones PPF

Cada hora, durante cada día del año, la trompeta suena en lo alto de la Basílica de Santa María, ubicada en una de las esquinas del Main Market Square de Cracovia. Músicos en horarios rotativos se encargan de mantener viva la tradición. Si es sábado o domingo por la tarde y el clima lo permite, los niños estarán jugando dentro de la fuente. Si es la madrugada, especialmente en fin de semana, jóvenes y parejas andarán paseando o en busca de un confortable sitio para saborear una buena cerveza polaca. Si es día de semana, probablemente no haya más que vendedores de calle, turistas y oficinistas apurados por llegar a su trabajo. En cualquier caso, la trompeta suena cuatro veces cada hora, una vez en dirección a cada esquina del Main Market Square, despertando los aplausos de los que anden por allí, con el posterior saludo del artista, con el brazo extendido a través la ventana.

La leyenda cuenta que allá por el siglo XIII, ante la amenaza la tribu mongol de los tártaros, el trompetista era el encargado de avisar a ciudadanos y guerreros que las tropas enemigas se acercaban. En una ocasión, un arquero mongol le atravesó la garganta al trompetista con una flecha, interrumpiendo la melodía. Es por ello que la canción nunca suena completa, sino que se interpreta hasta el momento en que el trompetista se vio obligado a interrumpir la alerta de peligro.

El sonido de la trompeta no es más que el especiado de uno de los cascos antiguos más bellos de Europa, él cual atrae turistas de todo el continente y el mundo entero. Cuenta con edificios en su complexión original de hasta 700 años de historia y fue el primer casco antiguo europeo en ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1978.

Sin embargo, la Ciudad Vieja de Cracovia no es la única en Polonia. De hecho, la mayoría de las ciudades importantes cuentan con su casco antiguo, como Varsovia y Wroclaw, por citar dos ejemplos. ¿Por qué? Uno apuntaría a razones comerciales vinculadas con el turismo, pero hace 200 o 300 años no existía noción alguna al respecto. “Es que Polonia nunca el dinero de otros lugares de Europa, como París, para construir bajo nuevos conceptos arquitectónicos”, aventuraron por ahí. Lo que pudo haber sido un padecimiento en el pasado, en el siglo XXI resulta en alucinante regreso en el tiempo.

No faltará algún imprudente que considere que, al final del día, los cascos antiguos son muy parecidos entre sí. Solo la carencia de sensibilidad y espíritu de trascendencia pueden ser capaces de producir tal injusta sentencia. Solo alguien que se sirve del dulce y tramposo licor de la inmanencia, tan sencillo de digerir como superficial es su sabor, podría no desplomarse conmovido ante el impacto del Main Market Square de Cracovia. ¡Y como no emocionarse con la singularidad de Wroclaw, aún tras haber pasado por Cracovia y Varsovia!

Al caminar y observar estos registros vivos de la historia, uno se transporta hacia el tiempo pasado de la humanidad, pero su vez su propio paso del tiempo, como individuo, y al tiempo cósmico, que transforma todo esto en una anécdota. La dinámica de lo inexplicable hace que siglos de historia confluyan en un instante. Múltiples casualidades conforman un segundo de comprensión, en el que todo parece tener sentido, hasta que la infinitud demuestra el espejismo del significado creado. La consciencia regresa, los ojos vuelven a registrar la maravilla de lo que tiene ante sí y el circuito comienza otra vez.

08-cracovia_1351La magia oculta de esta ciudad se encuentra en la ribera del Río Vístula, que quizá merezca un relato propio. En realidad no es ningún misterio; cualquier viajero que busca con medio ojo abierto sabe que allí donde se unen el azul y el verde en el mapa, hay una experiencia esperando. Partiendo hacia el oeste desde el lado del río que enfrenta al conmovedor Wawel Castel, que comienza al final de la única diagonal saliente del cuadriculado casi perfecto que encierra al Main Market Square, espera una cara poco fotografiada por el turista estándar de Cracovia.

Esta ribera es uno de esos rincones que uno encuentra y lo percibe como propio desde el primer momento. Uno de esos sitios a los que uno puede llevar sus discusiones, sus angustias, sus necesidades; un terreno fértil en el que las batallas psicológicas profundas pueden desarrollarse a gusto; el escenario ideal para que los pasados, los presentes y los futuros, las nostalgias y las proyecciones, luchen a gusto, choquen a alta velocidad en un mismo punto y produzcan el hallazgo de nuevos caminos por recorrer.

____________________________________________

Polonia porta la pigmentación cultural de muchos países de Europa. Por su ubicación geográfica, pasó por distintos imperios y ocupaciones. Y no solo eso. En sus épocas doradas, allá por los siglos XVI y XVII, era uno de los países más grandes y prósperos de Europa, en parte debido a una exitosa alianza con Lituania. Cracovia, su capital por largo tiempo, fue la primera ciudad genuinamente cosmopolita del continente. No solo recibía a rusos, prusianos, italianos, austríacos, principalmente en búsqueda de oportunidades de vida, sino que fue el primer país en fomentar la diversidad y libertad de culto. Católicos, protestantes, musulmanes y judíos convivían pacíficamente solo algunos siglos después de las cruzadas católicas y en medio de la feroz cacería de brujas de la Santa Inquisición.

(Resulta una triste ironía de la historia que a solo 40 minutos de una ciudad pionera en el arte de la tolerancia y el respeto a la otredad haya sido ubicado Auschwitz, la maquinaria de la muerte más efectiva de todos los tiempos diseñada para eliminar la diversidad)

De la combinación de estos factores surgió un pueblo y una cultura especiales, como aquellas dos espadas foucaltianas que chocan para producir verdad. Polonia es un chispazo, producto del impacto simultáneo de muchas espadas, que confluyeron en esta parte de Europa. Del resultado de estas mezclas surgen sociedades maravillosas, como bien lo sabemos en Latinoamérica, aunque en muchos casos la multiculturalidad sea la consecuencia de mucha sangre, originaria o no, derramada.

La historia en general muestra las raíces de comportamientos sociales y culturales contemporáneos. Esa temprana hospitalidad con el foráneo es una fuerza trascendió al paso del tiempo, pese a tantas agresiones y violencias que los polacos supieron soportar, desde los repartos de Polonia en el siglo XVIII hasta la ocupación soviética del XX, pasando por Napoleón, el Imperio Austro-Húngaro y Hitler.

Polonia fue, además, un país avanzado en términos democráticos. Aquí los reyes no ejercían su poder debido a razones hereditarias o a mandatos divinos, sino que eran designados tras un debate en el Parlamento, que a su vez era elegido por la nobleza (un 10% de la población polaca de aquel entonces). En los estándares actuales no podríamos referirnos a este modelo como siquiera cercano a una democracia, pero en la época de las monarquías absolutistas era un sistema de organización política muy avanzado.

La mentalidad cosmopolita no quita que haya en el polaco un patriotismo sereno. Es muy visible cuando se los escucha hablar de los siglos dorados y prósperos de Polonia, al recordar con cierto orgullo que fueron el único país capaz de ocupar Moscú al menos por un par de años (allí donde Napoleón y Hitler fracasaron), o en la invitación al viajero a desplegarse por todos los puntos cardinales del territorio polaco. Desean con pasión que lo transites, lo recorras y lo saborees de punta a punta.

Sin embargo, existe un contrataste a este patriotismo: la fuerte identificación que cada quien tiene con su propia ciudad. El “duelo” más común es el de Cracovia y Varsovia, vestigio del movimiento de la capital hace unos siglos, pero es transversal a las distintas ciudades. Aunque todos afirman que estas rivalidades no son más que parte de un folklore en clave de humor, los chistes siempre esconden alguna seriedad detrás.

Estos signos de una sociedad abierta y progresista conviven con un fondo profundamente conservador. Cuenta la historia que tras la ocupación austríaca del siglo XVIII, el Imperio quería derribar los muros que todavía hoy envuelven la Ciudad Vieja. ¿Cómo sobrevivieron? Un profesor y científico local intentó convencer a las autoridades para que conserven los muros y la Puerta de Florian, aquella que es la puerta de entrada a la Ciudad Vieja y por la que pasaban los reyes el día de su coronación.

El salvador de estos monumentos históricos brindó tres argumentos; solo fue exitoso el último. Los vientos más fuertes entraban a la Ciudad Vieja por el este, lo que significaba que los muros contenían el impacto del viento. Si se quitaban los muros, la contención desaparecía. Ahora bien, ¿cuál era el principal miedo de que eso suceda? No eran cuestiones vinculadas a la salud o al comercio, sino a la moral: las jóvenes damas y las señoras, que acudían a misa los domingos en faldas y vestidos, podrían sufrir contratiempos debido a los vientos, algo inaceptable para la moral local.

El carácter conservador de la sociedad polaca no solo se manifiesta en la todavía masiva práctica religiosa, sino en el trato con los delincuentes, las rigurosas penas para delitos menores, las leyes de drogas y en muchos rasgos normativos en los que la mayoría de los países occidentales han evolucionado, o van en camino a hacerlo. Un joven con un cigarrillo de marihuana en el bolsillo puede ir a prisión efectiva de uno a tres años. La presión social hace que los gays deban ocultar su elección sexual en el ámbito laboral, los jóvenes tiendan a casarse apenas pasados los 20 años, y las mujeres sean observadas con recelo si se van acercando a los 30 sin estar en pareja formal y con hijos.

Así, inmersos en sus propias contradicciones, los polacos, y los cracovianos especialmente, pueden idolatrar por igual a dos de sus más reconocidos personajes históricos: un intelectual y revolucionario como Nicolás Copérnico, y un divulgador de alienación como Karol Wojtyla (más conocido como el papa Juan Pablo II, silencioso sucesor de un papa reformista asesinado).

Que no se malinterprete: la contradicción está en la naturaleza y la esencia de todas las cosas en el mundo, más allá de todo bien y todo mal. En cualquier caso, las contradicciones implican la complejidad por descubrir en una sociedad, una cultura y un país con una larga y rica historia.

NC

Cracovia, Polonia

Agosto de 2012

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s