Escapando a la habitualidad

Publicado por JII en Panorama Negro. Agosto 2012.

Se me ocurrió escribir esta crónica cuando no podí­a conciliar el sueño en la noche previa a un viaje importante que estoy por hacer.

Cuando ustedes estén leyendo estas líneas, yo ya voy a llevar 72 horas en La Habana, Cuba. Un sueño que tenía, y que lo voy a estar cumpliendo. Voy a pasar por lo menos 30 días en esta isla del Caribe que se animó a desafiar al orden mundial y a todas las potencias capitalistas del mundo.

Al margen de mi admiración por el “Che” Guevara y de las ideas iniciales y esenciales de la Revolución Rusa, la madre de la revolución cubana (sin entrar en discusiones sobre las deformaciones burocráticas posteriores, que seguramente serán tema de otros relatos o notas), necesitaba contarles mis sentimientos, en estas horas previas a la partida.

La sensación que rápidamente me invade es la de excitación, y emoción, como cuando uno se ve venir algo muy importante para su vida. Además de ir a conocer esta isla fuera de contexto del planeta, los viajes sacan a uno del letargo de la cotidianeidad.

Y eso es quizá lo que más disfruto. Cuando las horas de la noche pasaban y no podí­a dormir, obviamente mil cosas iban pasando por mi cabeza. Cuando empezó a amanecer escuchaba los ruidos del despertar de mi familia (alarmas, baños, pisadas), y pensaba, “comenzó otra vez la misma historia”.

Esa historia que uno escribe día a dí­a con la rutina de lo normal. Se despierta, desayuna, lee el diario, va a al trabajo, y vuelve para cenar y volver a dormir. Con algunas diferencias claro está, pero casi todos los seres humanos practicamos una serie de comportamientos similares, que responden a los patrones normales, lo “dado”, lo “correcto”.

Lo que tiene de bueno viajar es justamente que uno rompe con toda esa estructura prefabricada, moldeada, “dada”, exterior a nosotros, e imposible de esquivar.

Sé que tengo por delante 30 días de descubrimientos en todos los sentidos. Desde lo más profundo dentro mío, a cuestiones vinculadas con modos de vida totalmente ajenos y distintos a los de uno.

Creo que es un ejercicio de lo más enriquecedor y superador que uno pueda tener en la vida. Entrar en contacto con culturas y costumbres ajenas, intentando comprender al otro, quitándose toda la carga de prejuicios y consideraciones previas que uno tiene, y que el mismo sistema fue metiendo dentro de nuestras cabezas.

Difícil tarea romper todas estas estructuras que vamos creando para simplificar nuestra visión de las cosas. Pero me entusiasma sobremanera esta lucha contra uno mismo.

Romper esta ordinaria vida, esta habitualidad, esta repetición constante de escenarios, personajes, y situaciones, para conocer, descubrir, asimilar y tratar de incorporar todo lo que uno juzgue (por uno mismo) como positivo y constructivo.

Liberarse de todas la cadenas que nos impone nuestra realidad, para sumergirse en los confines de lo desconocido. Apasionante por donde se lo mire si uno tiene un poco de carácter aventurero.

Todos esos moldes a uno le dan certezas, que a su vez le dan tranquilidad. Cada uno sabe que haciendo determinadas cosas obtendrá otras, o llegará a tal o cual objetivo; esa es la contraprestación de una vida de rutinas y comodidades.

Justamente con los viajes uno trata de transitar por caminos alternativos, donde 2 más 2 no sea 4, donde uno se sorprenda y se estimule de mil maneras distintas, para captar toda la nueva información que tiene alrededor.

¿A qué le escapás cuando viajas?, es una pregunta habitual de la psicologí­a popular. Mi respuesta es a eso: a la rutina, al adormecimiento de los sentidos a que te lleva la normalidad, lo establecido, al apocamiento del aparato intelectual y crí­tico al que te conduce la vida dentro del sistema que rige nuestra vidas de una manera uniforme y casi no permite escapatorias como esta que estoy realizando.

¿Se puede vivir toda la vida así­? Lo dudo, hay quienes llevan una vida de viajantes y trotamundos, pero creo que yo no podrí­a, el desgaste en muy grande, y la cobardí­a hace que uno se aferre a los “premios” que el sistema te da si sos “un buen alumno”.

Pero sin dudas que este tipo de experiencias deberían ser vividas por todos, para conocerse y conocer, para descubrir, para sentir, para salir de los moldes y pensar por uno mismo, para cuestionar todo lo “dado”, aspectos que en lo más profundo, te ayudan a comprender los mecanismos de dominación de las clases que ostentan el poder dentro de este mundo desigual.

En pocas palabras, voy a correrme por un instante de la apatí­a de la vida diaria, para vivir otra vida, al menos por un instante fugaz, pero que me ayude a lograr que la uniformidad y lo ordinario, no se apoderen de mi existencia.

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